Justo después de que el partido del Kremlin ganara por mayoría las recientes elecciones legislativas (unos comicios en los que no participaron líderes de partidos de oposición por estar prohibidos), el Gobierno ruso ha propuesto una impopular subida de impuestos, de la que sólo se librarán los que combaten en Ucrania.
Los rusos han caído en la cuenta de lo que significa el mandato electoral: tendrán que pagar lo que quede de guerra de su propio bolsillo, a pesar de que el gobierno anunciara tiempo atrás de que no subiría los impuestos. Y es que la campaña militar avanza irremediablemente hasta su quinto aniversario, pero el dinero en las arcas rusas se acaba.
Según fuentes independientes, la maquinaria de guerra rusa gasta unos 30 millones de dólares diarios (2.000 millones de rublos) y alguien tiene que correr con la cuenta. Si los empresarios ya pagan para proteger sus propias fábricas, los contribuyentes también tendrán que rascarse los bolsillos.
El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo que no cometería el mismo error de la URSS sobre una nueva guerra armamentista con Occidente, pero que los ataques ucranianos durante los pasados comicios alejan la posibilidad de reanudar las negociaciones con mediación estadounidense, estancadas desde febrero. No es la primera vez, pero el Kremlin incumplió su promesa.
El Estado ruso ya gasta en torno al 40 % del presupuesto en defensa y seguridad, aunque en su momento el presidente dijo que con el paso de los años disminuiría el gasto militar.
Finanzas propone incluir “las rentas ‘pasivas’ en la base general del impuesto sobre la renta de las personas físicas”, que pasaría así del 13-15 % al 22 %. Hay otras medidas impositivas que afectarán también al resto de la población. EFE