Miles de simpatizantes de Luiz Inácio Lula da Silva se reunieron en Cinelândia, en el centro de Río de Janeiro, a esperar los resultados del balotaje contra Flávio Bolsonaro. En el medio de la plaza histórica, una pantalla grande proyectaba una transmisión afín al PT, que hurgaba entre los primeros resultados en busca de buenas noticias, con un optimismo moderado. De fondo, una samba acompañaba los primeros números, que aunque preliminares, favorecían a Lula. Con eso alcanzaba, por ahora, para aplacar la ansiedad.
Pero a las 19:46, casi una hora después del cierre extendido de las urnas, Flávio superó a Lula —que había arrancado con ventaja— con el 14% de las mesas escrutadas. El conteo siguió, Flávio ganaba, y con más del 40% de las mesas escrutadas, algunos daban la elección por perdida. La samba sonaba más bajo. “No demos nada por sentado”, decía un militante al micrófono, en vano. Algunos seguían en silencio el conteo en sus celulares.
Hasta que hubo un quiebre. A las 20:25, la tendencia cambió. Lula volvía a liderar con el 48% de las mesas contadas. Cinelândia empezaba a ilusionarse. Diez minutos después, la transmisión del PT proyectaba una victoria. La plaza se levantó, pero quedaba casi la mitad de las mesas por contar. Todavía se notaba la incredulidad. Ningún presidente había remontado antes un balotaje. Si Lula ganaba, haría historia.
A las 21:08, Lula ganó.
“Elección matemáticamente definida (Electo)”, anunció el panel del Tribunal Superior Electoral. A esta altura, una multitud se dirigía al centro hasta la madrugada. El presidente fue reelecto con el 51,79% frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro.
“Todavía lo estoy procesando. Lula es presidente otra vez, carajo”, decía un joven en una videollamada un joven sentado en la escalinata del Teatro Municipal. Del otro lado, una chica festejaba en otra plaza de Brasil.
El primer discurso desde São Paulo
Lula esperó a que la tendencia fuera matemáticamente irreversible (y superior al 99% de las urnas escrutadas) antes de hablar ante los medios y sus simpatizantes desde un hotel en São Paulo. Admitió que la campaña lo había cambiado. “Estas elecciones me han enseñado muchas lecciones, muchísimas”, dijo, y prometió “cambiar la forma en que se gobierna este país”, con más participación ciudadana y un papel central para la comunicación digital, terreno fértil del bolsonarismo.
Contó que el gobernador de Piauí, Rafael Fonteles, le había regalado un celular y que ya estaba aprendiendo a usarlo. “De ahora en adelante, hablaré mucho con el pueblo brasileño, varias veces al día, directamente. No permitiré que periodistas con malas intenciones me malinterpreten. (...) Tengo que gobernar para 215 millones de personas.”
La seguridad, uno de los reclamos más extendidos entre los brasileños y una bandera de la campaña de Flávio, ocupó el cierre de su discurso. Recordó que la Constitución de 1988 dejó la seguridad pública en manos de los estados y que “se ha demostrado que los estados no pueden hacerse cargo”. Por eso, anunció, el gobierno federal va a intervenir. “A los trabajadores les brindaremos protección. A los delincuentes les brindaremos prisión”.
Ventaja en Río y remontada en Minas Gerais
Lula achicó la distancia en los bastiones bolsonaristas. En São Paulo, Río de Janeiro, Paraná y Rio Grande do Sul, estados que eligieron gobernadores afines a Bolsonaro, perdió por menos que en la primera ronda. En São Paulo, el mayor distrito electoral del país, la ventaja de Flávio cayó de 3,4 a 2 millones de votos. Al mismo tiempo, el candidato del PT amplió su dominio en el Nordeste, donde sumó casi 3 millones de votos respecto a la primera vuelta.
Además, consolidó una máxima de las elecciones brasileñas: el que gana en Minas Gerais gana la presidencia. Lula remontó en Minas, el único estado que cambió de ganador entre la primera vuelta y el balotaje.
En Río, bastión de la familia Bolsonaro y con gobernador del PL, Lula sumó 870.000 votos respecto a la primera ronda y redujo a la mitad la diferencia con su rival: Flávio le había sacado 1,2 millones de votos en primera vuelta y este domingo la ventaja quedó en 603.600. Lula llegó a los 4,5 millones de votos. Buena parte de ese crecimiento salió de la capital, que en la primera vuelta había votado por Flávio y ahora se dio vuelta.
Los datos
Los números del Tribunal Electoral Superior (TSE) muestran que Lula recibió un total de 64.256.232 votos, más de 4,4 millones de votos más que su rival, que fue apoyado por 59.826.041 votantes.
La abstención totalizó el 19,22%, lo que representa la ausencia de algo más de 30,5 millones de votantes con derecho a voto (la tasa más baja en 16 años). Los votos nulos representaron el 2,12% y los votos en blanco el 1,12%.