Cada vez son más los países de América Latina, África y otros continentes que exigen a Rusia que cese el reclutamiento de sus ciudadanos para combatir en las filas del ejército ruso en Ucrania, a lo que Moscú responde con argumentos como que esos extranjeros firman libremente contratos por motivos económicos o por solidaridad con el Kremlin.
La contratación de extranjeros para combatir en Ucrania es una de las formas que tiene el Kremlin de contrarrestar la acuciante falta de hombres en el frente, el gran número de bajas y, lo más importante, evitar una impopular segunda movilización antes de las elecciones legislativas de septiembre.
Sólo esta semana dos países -Panamá y Ghana- plantearon a Moscú el problema que representa el reclutamiento de sus nacionales para combatir en el frente ucraniano. Las familias de los combatientes, en particular los caídos en combate o desaparecidos, se dirigen a sus gobiernos para denunciar la trata de personas e incluso se manifiestan frente a las embajadas rusas.
Al respecto, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, recibió el martes a la embajadora de Panamá, Carmen Inés Ávila Ortega. “Realmente pienso que muchos de los panameños, quizás no todos, han sido engañados con respecto al propósito de su viaje a Rusia. Por terceros, no por gobiernos”, afirmó Javier Martínez-Acha, canciller panameño.
Este es un problema en el que también se vieron implicados ciudadanos peruanos, colombianos, cubanos o bolivianos, dos de los cuales fueron repatriados, según informó esta semana La Paz.
La Cancillería de Perú convocó hace una semana al embajador ruso para interesarse por la falta de información sobre los peruanos que han fallecido o desaparecido entre los 459 que combaten en las filas rusas. EFE