“No merecía morir”: los seis mexicanos que perdieron la vida en manos de ICE en 2026

Seis personas nacidas en México murieron en EE.UU. durante los primeros meses de este año, luego de ser detenidas por las autoridades migratorias. El gobierno de Claudia Sheinbaum exige justicia.

Entierro de Royer Pérez Jiménez, un hombre mexicano detenido por ICE en Estados Unidos. Su funeral fue en su tierra natal, San Juan Chamula, Chiapas (México).
Entierro de Royer Pérez Jiménez, un hombre mexicano detenido por ICE en Estados Unidos. Su funeral fue en su tierra natal, San Juan Chamula, Chiapas (México).
Foto: Isabel Mateos Hinojosa (Cuartoscuro) vía El País.

Tenían entre 19 y 52 años los hombres nacidos en México que perdieron la vida en 2026 a manos del ICE, las autoridades migratorias de Estados Unidos, potenciadas desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Se trataba, en su mayoría, de trabajadores humildes que llevaban años desempeñando sus tareas en el país vecino como albañiles, lavaderos o en restaurantes. Fueron detenidos en el momento menos pensado, en plena rutina semanal: cuando desayunaban, mientras se desplazaban al lugar de trabajo, mientras manejaban sin libreta de conducir. Algunos sufrieron enfermedades durante casi toda su detención o soportaron la realidad de los centros migratorios preparados “para quebrar” a quienes terminan ahí. El que más aguantó en manos del ICE no superó los tres meses. Héber, de 34 años, solo sobrevivió una semana. Quedan las esposas que conocieron en Estados Unidos, los hijos que nacieron en Estados Unidos y las vidas que rehicieron en Estados Unidos.

Son cinco confirmados por el Departamento de Seguridad Nacional y Lorenzo Salgado, que murió a causa de los disparos cuando era detenido, pero que el ICE no registra como muertes bajo custodia. Las autoridades migratorias tampoco incluyen desde hace dos semanas a los que fallezcan fuera de su mano, como, por ejemplo, en un hospital. Los seis son el piso mínimo, la cuenta inaceptable. Sus casos han empujado al Gobierno de Claudia Sheinbaum a participar en demandas colectivas, a llevar las muertes a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y ahora a anunciar “medidas jurídicas más importantes”.

Heber Sánchez, 34 años

El 7 de enero de 2026, Heber Sánchez fue detenido en Atlanta por conducir sin licencia. Una semana más tarde estaba muerto dentro de una celda del centro de detención de Lovejoy, en Georgia. Tenía 34 años y llevaba solo dos en Estados Unidos. Era jornalero originario de Las Choapas, Veracruz. Su familia nunca pudo hablar con él desde que fue arrestado. En la información pública del Departamento de Seguridad Nacional se recoge que Sánchez entró el 11 de enero en el centro de detención Robert A. Deyton “con un proceso de expulsión en curso”. En su evaluación médica se registra que no tenía problemas médicos ni de salud mental, que no tomaba medicación ni tenía ideas suicidas.

Heber Sánchez en una imagen sin datar.
Heber Sánchez en una imagen sin datar.
Foto: El País (España).

Tras apenas tres días en el centro, a las dos de la madrugada del 14 de enero, un guardia lo encontró atado a la litera de su celda con una cuerda alrededor del cuello. El ICE recoge que tanto personal del centro como del Hospital Piedmont Henry —al que se le trasladó— trataron de reanimarlo sin éxito. Su compañero de celda relató que antes de morir alcanzó a decir que se sentía mal. La familia de Heber rechaza que pudiera quitarse la vida. “Que se haga justicia y se investigue por que no le dieron atención médica”, pidió su hermano Feliciano Sánchez en televisión. El Gobierno mexicano ha exigido esclarecer su caso.

Alberto Gutiérrez, 48 años

Alberto Gutiérrez estuvo enfermo los casi dos meses que estuvo bajo custodia del ICE. Lo informó de forma constante —como recogen las propias autoridades migratorias—, pero no sirvió para que le salvaran la vida. El mexicano, de 48 años, había sido detenido en Los Ángeles el 9 de enero por no tener permiso para residir en Estados Unidos. Lo trasladaron al polémico centro de procesamiento de Adelanto, en California. Desde su llegada tenía la presión arterial y los niveles de glucosa muy altos. Estaba, además, resfriado. Todo febrero siguió así: fiebre, dolor de cabeza, de garganta, mareo, dolor corporal, hasta que el 25 de febrero tuvieron que trasladarlo a un hospital de urgencia por “dolor en el pecho y síntomas neurológicos”. Falleció a los dos días de un paro cardíaco. La Cancillería mexicana ha pedido una investigación “exhaustiva”.

Alberto Gutiérrez en una imagen sin datar.
Alberto Gutiérrez en una imagen sin datar.
Foto: GoFundme vía El País (España).

También era originario de Veracruz, pero llevaba ya casi 25 años viviendo en Estados Unidos. Ahí había conocido a su esposa Patricia Martínez y había tenido a su hijo Erick. Trabajaba en la construcción, de donde le detuvieron los agentes migratorios mientras desayunaba. “Cuando intentó correr, lo alcanzaron y lo sometieron. Le lastimaron el brazo, la rodilla y la cabeza”, relató Martínez a Los Angeles Timesque incide en que ICE nunca les avisó de su muerte: “Ni siquiera lo pudimos ver. Mi pareja no era una animal para que no nos dejaran despedirnos”.

Royer Pérez, 19 años

Royer Pérez es la persona más joven que ha fallecido bajo custodia del ICE desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca. Solo tenía 19 años. Era de una familia humilde tzotzil de San Juan Chamula, en Chiapas. Había viajado a Estados Unidos con 15 años para reunirse con un tío en Volusia (Florida), sin embargo, al poco de llegar el hombre fue deportado y el muchacho se quedó solo. Según relató su padre Manuel Pérez a El Universal, trabajó todo el tiempo en un restaurante pero le pagaban tan poquito que no llegó a ahorrar.

Royer Pérez, mexicano muerto bajo custodia de ICE.
Royer Pérez, mexicano muerto bajo custodia de ICE.
Foto: Oficina del Sheriff del Condado de Volusia.

Este 21 de febrero fue detenido por “suplantación de identidad”, porque dio un nombre falso cuando le detuvo una patrulla. También consta que trató de resistirse “sin violencia”. Fue trasladado al centro de Moore Haven, en Florida. Su padre afirma que habló con él varias veces desde la cárcel. La última, el 13 de marzo. El chico le dijo que había tenido audiencia pero que no había podido entender la resolución porque no tenía traductor, pero que ya iba a firmar su deportación para regresar a México. El 16 de marzo, a las 2:34 de la madrugada, los reportes de ICE afirman que lo encontraron colgado en la ducha, que trataron de salvarlo pero que 20 minutos más tarde declararon su deceso. Su padre rechaza que haya sido un suicidio: “Estaba sano”.

José Guadalupe Ramos, 52 años

“Él no merecía morir así”, decía Gloria Tovar en marzo con la voz entrecortada en el consulado mexicano de Los Ángeles. Así: tras haber trabajado sin parar durante media vida en Estados Unidos, sin poder despedirse de su esposa y sus hijos, sin poder salir de un centro migratorio de California, sin que su familia sepa realmente qué le ha pasado. José Guadalupe Tovar tenía 52 años, era de Guanajuato y estaba empleado en una lavandería industrial. “Era un hombre trabajador y muy responsable”, recordaba atragantándose su esposa; “quiero justicia para mi papá”, decía firme su hija Gloria, “mi papá era un buen papá”, empezaba con cuidado en español su hijo José Ramos, antes de pasarse rápido al inglés: “Era una buena persona, no era un criminal”.

Jose Guadalupe Ramos-Solano y su esposa Antonia Tovar.
Jose Guadalupe Ramos-Solano y su esposa Antonia Tovar.
Foto: El País (España).

Ramos fue detenido el 23 de febrero y trasladado al polémico centro de detención de Adelanto. Un lugar, definido por las organizaciones de derechos humanos, “preparado para hacer que las personas se quiebren”. El mexicano tenía diabetes, hipertensión y una operación nasal reciente. Durante el mes que estuvo dentro, el ICE asegura que le dieron la medicación, pero que un examen médico encontró el 23 de marzo “un control glucémico deficiente, presión arterial y colesterol elevados”. Dos días más tarde, “Solano estaba sentado en su litera, inclinado hacia un lado, respirando e inconsciente, con saliva saliendo de su boca”. Había muerto. “Queremos justicia”, exigía su familia.

A partir de su caso, el Gobierno mexicano se sumó a una denuncia colectiva contra las condiciones de reclusión del centro de Adelanto. “La reiteración de estas muertes son absolutamente inaceptables“, decía Vanessa Calvo, directora de Protección Consular de la Cancillería: “Estos decesos revelan fallas sistémicas, insuficiencias operativas y posibles negligencias”. La muerte de José disparó que Sheinbaum llevara los casos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Alejandro Cabrera, 49 años

En cinco días, Alejandro Cabrera recorrió esposado Tennessee, Alabama y Luisiana. En una cárcel local de Cleveland fue detenido, pasó por un centro de detención de Gadsden y terminó en el correccional de Winnfield. Tenía antecedentes criminales (posesión de “parafernalia relacionada con drogas”, alteración del orden público y violencia doméstica) y Estados Unidos estaba decidido a deportarlo. Era originario de Valle De Santiago, en Guanajuato, y tenía 49 años. La mitad de su vida la había hecho en Estados Unidos, como tantos otros; y como muchos, estuvo enfermo los tres meses que duró su estancia en el centro migratorio de Luisiana. Fiebre, presión arterial alta, dolor de espalda y de gargantas. El ICE afirma que le dio medicación pero que el 11 de abril, a las 8 de la mañana, Alejandro ya “no respondía”: estaba inconsciente, con parálisis facial del lado izquierdo, cianosis y sin pulso. Trataron de reanimarlo, sin éxito.

Alejandro Cabrera en una imagen sin datar.
Alejandro Cabrera en una imagen sin datar.
Foto: El País (España).

Lorenzo Salgado, 52 años

Lorenzo Salgado estaba este martes con el pecho contra el suelo en una calle de Houston, con una herida de bala en el costado derecho y con la voz todavía rogaba: “¡Me están matando!“. Trabajaba en la construcción y había salido temprano para recoger a sus compañeros. Sin embargo, antes de las siete de la mañana fueron interceptados por ICE. La dependencia migratoria afirma que Lorenzo trató de huir y les “embistió”, por lo que dispararon en “defensa propia”. La familia Salgado no lo cree. Fue la misma hipótesis que las autoridades migratorias trataron de esgrimir en el caso de la estadounidense Renee Nicole Good, en Minneapolis, aún con los videos que mostraban el ataque de los agentes.

Lorenzo Salgado.
Lorenzo Salgado.
Foto: Noticias Telemundo.

“Lo que pasó es que mi padre fue seguido por dos carros sin logos. Si mi padre hubiera visto un emblema del ICE o de cualquier agencia del orden público, hubiera obedecido, se hubiera detenido y no hubiera huido. Manejó rápido porque pensó que estaba siendo perseguido y que le robarían sus herramientas de trabajo”, ha explicado este miércoles su hijo Ronaldo: “El ICE no se le presentó de forma profesional. Eso es lo estándar, que se identifiquen”. La muerte de este mexicano de familia humilde es la única en este año por uso de la fuerza durante la detención. Así lo ha resumido su hijo, que pide que recuerden a Lorenzo: “No merecía morir”.

Beatriz Guillén, El País de España

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