Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos de mañana, martes, pueden resultar en un golpe para los republicanos, si se dan las proyecciones de las encuestas de que perderían la mayoría en la Cámara de Representantes y tal vez la de Senadores.
Si bien la victoria demócrata prevista será un freno para las decisiones de Donald Trump, analistas prevén que el mandatario no atemperará necesariamente su impulso, habituado a pasarle por encima a las instituciones, y más teniendo poco que perder al quedarle solo dos años en el poder, sin posibilidades de reelección. El “aceptaré el resultado de las elecciones si son honestas”, que dijo Trump el pasado 27 de octubre, es una muestra de su determinación. Y a ello se le suma su declaración a Fox News ayer: “Supongo que me convertiré en el ‘señor Veto’”, en relación al bloqueo sistemático que podría realizar a las iniciativas legislativas de los demócratas.
Todavía los estadounidenses no entienden por qué el presidente comenzó una guerra contra Irán y menos aún cómo hará para terminarla. El aumento del precio de los combustibles y del costo de vida, también le pasan factura. Por otro lado, Trump ha mejorado su relación con China últimamente, en medio de una guerra comercial que parecía escalar, y la economía de Estados Unidos también ha crecido gracias a las inversiones de las grandes empresas en inteligencia artificial, lo que actúa a su favor.
“La pregunta que hay que hacerse en ese contexto es ¿en qué grado las midterms van a golpear a Trump?”, planteó a El País Ignacio Bartesaghi, director de Negocios Internacionales de la Universidad Católica (UCU), quien opina que, contrariamente a lo que en general se maneja, el mandatario no moderará su discurso ni sus acciones, más allá de los resultados electorales.
De hecho, Trump ha venido ignorando al Congreso, sobre todo en lo que tiene que ver con su política comercial desde hace tiempo y muchas veces, con la Justicia en contra, ha tratado de encontrar mecanismos para seguir adelante con sus objetivos, como sucedió con los aranceles.
“No veo que la pérdida de mayorías en el Congreso, le impidan a Trump instrumentar sus políticas con los mecanismos jurídicos que encuentre”, dijo Bartesaghi.
“Más que republicano, Trump es ‘trumpista’; es decir, está defendiendo su propio legado por sobre la continuidad política de su partido. Quien intentará mejorar el relacionamiento internacional serán, seguramente, el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio -que son las figuras más potentes de su entorno-, y algunos gobernadores que tengan oportunidad en el partido”, afirmó.
Lo cierto es que Bartesaghi no visualiza un Trump cambiando su perfil en su segunda parte del mandato, aunque sí su equipo de trabajo.
Según la agencia Reuters, la Casa Blanca, que niega públicamente el probable fracaso republicano, se ha preparado para gobernar sin mayoría en el Congreso, en especial en lo que tiene que ver con inmigración, aranceles y gasto público. Esto significa que Trump seguirá impulsando su agenda a través del Poder Ejecutivo, además de intentar blindarse ante eventuales investigaciones a su administración.
Por lo pronto, con la mayoría en el Congreso, los demócratas podrán investigar a Trump, limitar sus prioridades de gasto y bloquear leyes. Trump sí conservaría autoridad sobre el comercio, política exterior y burocracia federal, según establecen las normas.
El País consultó con Nicolás Pose, doctor en Ciencia Política de la Universidad de la República (UdelaR) y máster en economía política internacional, quien afirmó que “si los demócratas recuperan ambas cámaras, es esperable una avalancha de comisiones investigadoras al Ejecutivo y mayores controles a su accionar; en ese escenario, el gobierno estadounidense tendrá que gastar más energía en su frente interno, por lo que tal vez el activismo en política exterior de los primeros dos años de Trump en el poder, se reduzca”.
“Es probable que el margen de acción de Trump se vea más acotado por un Congreso más vigilante”, reafirmó.
A diferencia de hace unos meses, Pose también ve probable que los demócratas recuperen el control de la Cámara de Representantes y del Senado, ya que Trump prometió a sus votantes dos grandes cosas que no cumplió: bajar la inflación y terminar con el involucramiento de Estados Unidos en guerras en el exterior, especialmente en Medio Oriente. “Sus acciones han ido en sentido contrario y muy probablemente los votantes castiguen este desvío en las urnas”, apuntó Pose.
Idas, vueltas y evolución de posiciones políticas
Haciendo un balance de la gestión de Trump hasta el momento, se ha dado una variación en la paleta de sus acciones en el correr del tiempo. Bartesaghi lo ejemplificó: “Pasó de decir que quería quedarse con Groenlandia a un acuerdo de seguridad con Dinamarca y las autoridades locales de la isla; pasó de un enfrentamiento muy fuerte con México a retomar las negociaciones del acuerdo T-MEC (EE.UU.-México-Canadá); pasó de querer una Venezuela como un Estado de EE.UU. a permitir que la opositora María Corina Machado regrese al país; pasó de anunciar que era inminente la transición política en Cuba, pero bajó un poco la retórica al respecto, aunque la caída de ese régimen va a ocurrir en algún momento”. A futuro, Bartesaghi proyecta que Trump estará más enfocado en intentar lograr al menos una tregua de cierta duración en la guerra con Irán y en la de Rusia con Ucrania. “Querrá llevarse ese logro, o legado cuando finalice su período”, apuntó.
De su lado, Corbacho apeló al aprendizaje que debería guiar a Argentina de no acogerse tanto a las relaciones personales de sus líderes en política exterior. “Todo el mundo acá sabe eso, pero ocurre otra cosa”, criticó el analista argentino, al tiempo que observó que algo similar está sucediendo en otros países del mundo que construyen dinámicas a partir de afinidades ideológicas de sus mandatarios en un entorno polarizado, y no por intereses de Estado, más allá de sus gobiernos.
Hoy, lo que se proyecta son tensiones políticas internas en el país del norte, que pondrán a prueba a sus instituciones.
Región en la mira
Según Bartesaghi, la relación de Trump con América Latina estará marcada por dificultades con su homólogo Lula da Silva, quien queda como el único gobierno (además de Uruguay) de contrapeso de la derecha en la región.
“El gobierno de Estados Unidos especulaba que iba a tener casi todo el mapa de derecha, pero al volver a ganar Lula se le sumó un problema a Trump, más si, eventualmente, hay un cambio de signo en Argentina en las elecciones de 2027”, lanzó.
A su entender, Trump tampoco perderá su ímpetu en relación a Venezuela (aunque le daría una mayor participación de Marco Rubio en esos asuntos, lo que ya está ocurriendo), ni contra el régimen cubano. En tanto, mantendrá sus diferencias con México y Canadá, aunque con perspectivas de renovar el acuerdo comercial T-MEC.
Desde Buenos Aires, Alejandro Corbacho, director de Ciencias Políticas de la Universidad Ucema, destacó a El País, que, si Trump pierde alguna de las Cámaras, “no será nada bueno para el gobierno de Milei, en la medida en que los presupuestos para ayuda exterior y otros apoyos que realiza Estados Unidos, quedarán limitados”. Esto se agrava en el caso de Argentina por estar muy alineada con las políticas trumpistas, basadas en la relación personal de Milei con Trump. “No es claro que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, salga a apoyar tan libre o abiertamente a la Argentina de ahora en más”, agregó Corbacho al insistir en que al gobierno del libertario “se le va a complicar la partida” y deberá ajustarse.
De acuerdo a su visión, Uruguay, en tanto tiene un gobierno de izquierda, todo lo que diga o haga, podría caer bajo la mirada del presidente Trump, y “en función de eso, recibirá un comentario de furia, o no”, señaló Corbacho, apuntando una situación que no sería diferente a la actual.
Corbacho resaltó que, en realidad, el ojo estadounidense estará más puesto en los vínculos que esta región mantenga con China, los cuales probablemente se amplíen.
Los analistas consultados coincidieron en que América Latina ha cobrado importancia para Estados Unidos en los últimos años, debido a su posición geográfica, riquezas, energía, pero gran parte de lo que ocurra dependerá también de la agenda de los países y de la fortaleza de los liderazgos demócratas que entrarán más en el ajedrez político.