Cientos de manifestantes exigieron ayer lunes en la capital de Bolivia la renuncia del presidente Rodrigo Paz, cuando se cumple un mes de protestas y bloqueos de carreteras, que se extienden por el país sin que se vislumbre una salida a la crisis.
Desde inicios de mayo, sindicatos y grupos opositores que respaldan al expresidente prófugo de la Justicia Evo Morales, exigen medidas contra la peor crisis económica del país en cuatro décadas, y han desatendido hasta ahora los reiterados llamados del gobierno a negociar.
Entre arengas y el ruido de cornetas, los huelguistas llegaron a La Paz ondeando sus multicolores wiphalas (banderas indígenas), tras recorrer unos 15 kilómetros desde la vecina El Alto.
El fin de semana, los miembros de la Central Obrera Boliviana (COB), el principal sindicato del país que mantiene al rojo vivo la protesta, debatió si negociarían o no con el gobierno.
Aunque algunos exdirigentes insistieron en continuar con la lucha en las calles, el sindicato aún no se manifestó públicamente.
Más de 90 puntos de bloqueo se reportan en las autopistas del país, una treintena más que la semana pasada, según la estatal Administradora Boliviana de Carreteras.
Las tomas de rutas han disparado la escasez de alimentos, medicinas y combustibles en La Paz y en la vecina El Alto. Los precios de las carnes, huevo y de algunos vegetales se duplicaron en las últimas semanas.
La gestión de Paz denuncia un intento de “alterar el orden democrático” y acusa al exmandatario populista Evo Morales (2006-2019) de impulsar las manifestaciones más violentas.
“Hay que saber quiénes están reclamando de forma correcta y (...) quiénes están queriendo hacer daño a la democracia”, afirmó ayer lunes le presidente Paz durante un acto público en Cochabamba.
Dijo buscar una “reconciliación” para que “en los siguientes días” la ola de protestas, que afecta principalmente a La Paz, “se acabe”. AFP