Fin del misterio, hoy se sabrá quién gobernará Brasil por los próximos cuatro años. El resultado tendrá un fuerte impacto en la región por los cambios políticos que se están dando. ¿Renovará Luiz Inácio Lula da Silva, que a los 80 años va por su cuarto gobierno, o tendrá su oportunidad el senador Flávio Bolsonaro, de 45 años?
En el primer caso, la izquierda latinoamericana sacará pecho porque lo interpretará como un “freno” a la llamada “ola azul”, en referencia a la llegada de gobiernos de derecha en la región. En el segundo caso, será el cierre de la etapa de la “marea rosa” de gobiernos de izquierda. Uruguay quedaría como la excepción.
El pronóstico para hoy es reservado. Flávio, del Partido Liberal (PL), llega con uno o dos puntos porcentuales de ventaja en las encuestas de intención de voto respecto a Lula, del los Trabajadores (PL), pero dentro del margen de error de los sondeos, por lo cual el escenario es de “empate técnico”.
Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta hace tres semanas con 47% de los votos frente a 45% de Lula.
Una encuesta del instituto Datafolha, publicado el viernes, mostró a Flávio Boslonaro con 47% y Lula con 46% de intención de voto, pero despejando los votos en blanco y anulados da un empate, con 50% para cada uno. Dos semanas atrás, Flávio aventajaba a Lula por cuatro puntos.
La campaña electoral se calentó en la segunda vuelta, tras el triunfo de Bolsonaro en la primera.
La recta final de la campaña también llegó a la justicia. Ambos candidatos pidieron la semana pasada al Tribunal Superior Electoral inhabilitar al adversario por supuestas maniobras ilegítimas en las redes.
La campaña de Lula acusa a Meta, dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, de “injerencia” en favor de Bolsonaro mediante una supuesta “manipulación algorítmica”.
La empresa estadounidense lo niega, aunque admitió “problemas técnicos” que no habrían afectado solo a Brasil.
Optimismo de Lula
El candidato del PT reunió ayer sábado a miles de simpatizantes en Río de Janeiro y afirmó estar convencido de su victoria hoy domingo. “Estoy seguro de que vamos a ganar las elecciones. Pueden anotar ahí: mañana seré elegido presidente de la República otra vez”, declaró antes de emprender una marcha por Copacabana.
Último debate
Tras un primer debate en la red Band la semana pasada en el que se insultaron casi sin límites, el viernes en TV Globo ambos candidatos se esforzaron en hablar más de propuestas y se llamaron por los nombres de pila. Igual hubo cruces.
Lula atacó la menor experiencia de su rival, mientras Bolsonaro lo presentó como un candidato del pasado. Sin su clásica corbata con los colores brasileños, Lula dijo que “este muchacho” “no conoce Brasil” ni sabe “lo que es el hambre”.
Bolsonaro acusó al presidente de dejar un “país quebrado” con “ideas que no funcionan más” y lo cuestionó: “¿Por qué las cosas están tan caras?”.
Lula invitó varias veces a la audiencia a “googlear” las afirmaciones de su rival, quien le retrucó: “¿Quién gobierna Brasil, tú o Google?”.
El formato en Globo, más rígido que en Band, hizo que los candidatos mantuvieran una distancia física durante las dos horas del debate y se retaran menos.
Bolsonaro acusó a Lula de entregar beneficios sociales “con una mano y sacarlos con nueve dedos”, en alusión a una amputación que el mandatario sufrió a los 17 años en el dedo meñique de la mano izquierda.
“No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”, respondió Lula, en referencia a acusaciones contra su rival de supuestos vínculos con grupos parapoliciales de Rio de Janeiro.
Bolsonaro le pidió disculpas pero lo desafió: “¿Tú pedirás disculpas al pueblo brasileño que sufre con la inseguridad?”.
El candidato opositor le atacó también en el coste de vida, mientras Lula acusó a su rival de buscar cortar el gasto público inspirándose en la “motosierra” del presidente argentino Javier Milei.
En el último bloque de discusión libre, los candidatos dejaron de lado las propuestas para lanzarse un sinfín de acusaciones de corrupción.
Lula cuestionó a Bolsonaro por las declaraciones del futbolista brasileño Richarlison, que acusa al senador de haberle arrebatado los derechos de ocupación de una isla en Rio de Janeiro. Bolsonaro lo negó.
“¿Qué gusto tenía ese whisky, Lula? El de la vergüenza”, contraatacó el senador, en relación a un licor que le habría regalado un empresario detenido en Brasil.
“Seguramente se lo tomó usted”, dijo Lula.
“Miliciano”
Lula, vestido con una gorra roja en la que con su apellido Silva aprovechó para atacar a Flávio Bolsonaro, a quien acusó de “miliciano”, en alusión a sus presuntos nexos con grupos paramilitares de Río. “No es posible que no consigamos convencer del riesgo que corre la democracia, la libertad y las personas de bien en este país”, alertó.
En el debate del viernes, Lula acusó a Bolsonaro de “lamer las botas” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que este impusiera aranceles sobre las importaciones brasileñas en un intento por perjudicarlo electoralmente. En otro momento del debate, Lula también dijo que su rival quería “entregarle” el país a Trump a través de la clasificación de las principales organizaciones criminales brasileñas como “narcoterroristas”.
El alto nivel de endeudamiento y la pérdida de poder adquisitivo fue uno de los temas más abordados por Bolsonaro en el debate del viernes.
Según datos oficiales, las familias brasileñas dedican ya cerca de un tercio de sus salarios a pagar sus deudas, un nivel récord.
“Lula, ¿cuándo fue la última vez que fuiste a un supermercado?”, le preguntó.
Bolsonaro hizo hincapié al aumento de los precios de una variedad de productos, como el chocolate y el papel higiénico, y se comprometió a devolver “el poder de compra” a la población.
“El (paquete de) chocolate antes tenía 120 gramos y ahora 80 gramos; el rollo de papel higiénico antes tenía 40 metros y ahora 20 metros”, dijo para ilustrar que ahora se compraba menos cantidad por el mismo valor.
Flávio acusó al Gobierno de Lula de “despilfarrar” el dinero público, lo que a su juicio ha obligado al Banco Central a mantener una tasa de interés elevada, hoy en el 13,75% anual, lo que está asfixiando la economía.
Lula rebatió con datos de su gestión, como el crecimiento por encima del 2% y la subida del salario por encima de la inflación, y alertó de que su adversario seguirá la receta de Milei.
En este sentido, le preguntó directamente si “le va a pedir prestada la motosierra” a Milei.
Flávio Bolsonaro, por el contrario, defendió la gestión de Milei y culpó al kirchnerismo de la crisis económica en Argentina.
“Cuando hablo de Milei, digo que él arregló la economía en Argentina. La izquierda gobernó durante 20 años y ustedes destruyeron Argentina”, afirmó Bolsonaro.
Lula puso en duda el compromiso con la seguridad de su contrincante, recordando que este defiende ante la Justicia a un policía acusado de matar a Ana Clara, de 5 años, en Río de Janeiro durante una acción contra narcotraficantes.
Para intentar desestabilizarlo, el equipo de Lula sentó entre el público a la madre de Ana Clara. Flávio prestó su solidaridad por “esa tragedia”, y volvió a defender al agente. “Fue en un intercambio de tiros en una zona de conflicto”, afirmó.
Flávio prometió mano dura contra el crimen e incluso defendió eliminar la edad mínima de responsabilidad penal para los casos de violación. Dijo que “lo ideal” es que no haya límites de edad para que quien cometa una violación pague por los crímenes.
Bolsonaro en Moto
Flávio Bolsonaro emuló a su padre, el exmandatario Jair Bolsonaro, al encabezar ayer sábado un paseo en moto en Belo Horizonte, donde se concentraron miles de simpatizantes para apoyarlo.
En el último día de campaña, el candidato del Partido Liberal (PL) inició su agenda en la capital del estado de Minas Gerais, el segundo mayor colegio electoral y gran estado bisagra del país.
Subido a un tráiler, Flávio inició una marcha por el centro de la capital mineira, escoltado por cientos de motocicletas, y se dirigió hasta una plaza donde se concentraban miles de seguidores vestidos con los colores verde y amarillo de la bandera brasileña. “El pueblo mineiro tendrá un presidente que no lanzará amenazas y que va a ser un socio de ustedes”, sostuvo Flávio.
Además, el candidato del PL se refirió a su plan concreto de reducir a los catorce años la edad de responsabilidad penal para que los adolescentes acusados respondan “como adultos” por estos hechos y de incluir la castración química como castigo.
Un inusual momento de coincidencia entre los candidatos tuvo que ver con la propuesta del actual Gobierno de reformar la Constitución para establecer un derecho al transporte público gratuito el fin de semana.
Lula afirmó que era “justo” que las personas tuvieran esa facilidad para visitar familiares durante los días de descanso, mientras que Bolsonaro dijo estar a favor, pero criticó una supuesta pérdida de poder adquisitivo para disfrutar del tiempo libre.
Al final del debate, ambos tuvieron ocho minutos para hablar de lo que quisieron y optaron por lanzar las sospechas de corrupción que pesan sobre unos y otros.
Flávio Bolsonaro trajo a colación las investigaciones por tráfico de influencias que enfrenta el hijo mayor de Lula, mientras que el presidente desafió a su adversario a explicar la relación que mantenía con Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master, encarcelado por un enorme escándalo financiero.
Cierre en Río de Janeiro
Tras el acto en Belo Horizonte, Flávio fue a Río de Janeiro, cuna política del bolsonarismo, donde caminó hasta la casa donde vivía su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, hoy cumpliendo prisión domiciliaria en Brasilia condenado por un fallido “golpe de Estado” contra Lula. El Partido Liberal de Bolsonaro ha impulsado en el Congreso una ley de amnistía para el expresidente.
Cierres de campaña
Ayer los dos candidatos tuvieron sus últimas actividades en Río de Janeiro antes de las elecciones. En Brasil la campaña no se detiene en vísperas de las elecciones, pero está prohibido emitir propaganda electoral en los dos días previos.
Flávio comenzó el día con un paseo en moto en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, segundo colegio electoral del país, y por la tarde hizo una caminata en Río de Janeiro con sus seguidores hasta la casa donde vivía su padre.
Lula encabezó una concentración en la playa de Copacabana de Río de Janeiro y por la tarde se fue a San Pablo.