Manuel Adorni dejó de ser el jefe de Gabinete del gobierno de Javier Milei. El desenlace llegó después de tres meses y medio de escándalo por el crecimiento de su patrimonio desde que entró a la función pública, por el cual es investigado por enriquecimiento ilícito.
Como en sus últimos movimientos antes de dejar de ser funcionario, el timing del anuncio coincidió con el devenir del Mundial de Fútbol. La noche anterior a que arrancara la Copa del Mundo, Adorni habló en LN+ y presentó su declaración jurada. En plena ceremonia inaugural, la documentación quedó disponible al público en la página de la Oficina Anticorrupción. Y este sábado, unas horas del partido entre Argentina y Jordania, confirmó que da un paso al costado. La medida había empezado a gestarse el jueves, en medio de fuertes tensiones internas entre el oficialismo y la oposición.
El propio Adorni publicó en sus redes sociales la confirmación de su partida con una carta de renuncia. “Gracias por su confianza, presidente. Ha sido un verdadero honor”, dijo el ahora exfuncionario y acotó su tradicional “fin”.
Gracias por su confianza Presidente. Ha sido un verdadero honor.
— Manuel Adorni (@madorni) June 27, 2026
Fin. pic.twitter.com/AJyuy6nDOY
Relevo
El viernes, Karina Milei se encargó de coordinar cómo se haría el relevo, que quedará en manos del ministro del Interior, Diego Santilli. No obstante, el empoderamiento de Santilli todavía no fue confirmado por los canales oficiales.
Adorni resistió con el apoyo presidencial y explicaciones insatisfactorias. Milei intentó sostenerlo hasta última hora. El viernes por la mañana, en su visita a España, el Presidente dijo que solo echaría a su jefe de Gabinete si la Justicia certificaba que era culpable de corrupción. Pero desde el jueves y sobre todo el viernes, con la secretaria general activa en la Casa Rosada se respiró un clima distinto: se instaló la certeza de que Adorni tenía las horas contadas.
El encargado de tomar las riendas de la dependencia más importante de la Rosada después de los hermanos Milei será Santilli. Esta es la segunda vez que oficiaría de pararrayos en un momento crítico para los libertarios: antes había reemplazado a José Luis Espert, cuando lo bajaron de la candidatura para diputado nacional.
El Gobierno también reactivaría el esquema de Vicejefatura de Gabinete que supo tener con la dupla Guillermo Francos-Lisandro Catalán. En tándem al ascenso de Santilli, promoverían a Ignacio Devitt, hasta hoy secretario de Asuntos Estratégicos, para vicejefe, que absorberá las funciones del Ministerio del Interior.
Ayer, las voces que siempre se encargaron de negar que Adorni fuera a dejar el Gobierno comenzaron a responder con puntos suspensivos. Después, por la tarde, los mismos funcionarios confirmaron que había llegado el momento de la eyección.
“No se puede gestionar así”, refirieron a La Nación en las más altas esferas de Balcarce 50, como justificativo por la salida del funcionario, cuando todavía no era público.
Deterioro
Hubo un nuevo hito esta semana que mostró cómo la gestión siguió complicándose por la decisión de mantener Adorni en su puesto. En el Senado, el oficialismo no pudo imponer el debate de la ley de propiedad privada porque, si habilitaba el quorum, la oposición iba a avanzar con la interpelación y la moción de censura contra Adorni.
Asimismo, en el Gobierno había un fuerte convencimiento de que el miércoles próximo, cuando en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado se tratara la interpelación, el hasta ahora jefe de Gabinete no iba a poder evitar un resultado desfavorable.
“No pasa el Senado”, refirieron en los pasillos de la Casa Rosada antes de que se ejecute formalmente la salida, pero cuando ya estaba decidida.
Otra particularidad de estos días fue la renuncia del secretario de Prensa, Javier Lanari, mano derecha de Adorni. El final se precipitaba.
Justamente, el mismo día en que se definió que Adorni se iba, la Casa Rosada inauguró por la mañana una nueva narrativa con la presentación en sociedad del vocero, Adrián Ravier.
Últimas revelaciones
La llegada del tándem Ravier y Fabián Fernández, en reemplazo de Lanari, no logró sacar de agenda las revelaciones sobre las compras del jefe de Gabinete.
El viernes mismo, La Nación reveló que Adorni adquirió en agosto aparatos para videojuegos con tarjetas de crédito de dos funcionarios que trabajaban para él, por $5.848.589, cuando cobraba en bruto $3.584.006.
A lo largo de los meses hubo primero en el Gobierno un intento por instalar que el tema pasaría y que lograrían así retomar la iniciativa, como ocurrió con otros escándalos, como $LIBRA, Espert y Andis.
Pero no pasó. Las novedades sobre el escándalo coparon la escena mediática, motivadas más que nada por las incongruencias en el discurso de quien había sido la principal espada de la comunicación libertaria: pregonaba austeridad, pero su vida no se condecía con eso.
Todo arrancó en marzo, cuando -para la Argentina Week- Adorni subió a su esposa, Bettina Angeletti, al viaje oficial hacia Estados Unidos. En ese entonces, el exvocero -que había criticado fuertemente estas movidas de parte de la oposición y que supo ostentar su gracia frente a los medios y las redes- falló: dijo que estaba “deslomándose” y que precisaba la compañía de su señora. La palabra fue eje de ironía en el inicio de la polémica.
Después apareció un video suyo cuando se iba a Punta del Este, Uruguay, en el avión privado que reservó su amigo y contratista de la TV Pública, Marcelo Grandio, a pasar un fin de semana largo.
Con el tema judicializado, poco a poco se conocieron distintos consumos y viajes de Adorni desde que asumió la gestión pública, como así también que tenía fondos y propiedades sin declarar frente a la Oficina Anticorrupción.
En una de sus últimas movidas, el jefe de Gabinete saliente rectificó sus anteriores declaraciones juradas y dio una entrevista a LN+ en la que intentó justificar su nivel de vida con un incremento patrimonial supuestamente motivado por inversiones en bitcoins. Horas antes, tanto él como su esposa se sumaron al Régimen Simplificado de Ganancias, paso previo e indispensable para entrar al blanqueo.
Desde ese momento, todo el Gabinete no hizo más que agitar su expulsión. Indignados y convencidos de que la permanencia de Adorni interrumpía la gestión, los ministros sumaron injerencia para que se vaya, a la vez que los hermanos Milei lo subían a fotos y visitas oficiales para ratificarlo.
La oposición, a través del Congreso, también hizo lo propio. Pero Milei siempre alegó que no iba a soltarle la mano a alguien que consideraba honesto y cargó cañones contra los medios, a los que acusó de fogonear su salida.
Voz cantante de la embestida puertas adentro fue la senadora Patricia Bullrich, jefa de la bancada oficialista, la primera en despegarse públicamente del funcionario que entró en desgracia y que hoy ya no es más parte del Gobierno.
Por Paula Rossi, La Nación/GDA
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