Alberto Fernández con El País: la fiesta de Olivos, Fabiola Yañez, la arremetida a Milei y el rol de Uruguay

El exmandatario denunció persecución judicial, tildó de imbecilidad las medidas de Javier Milei, abogó por resolver las asimetrías con Uruguay y analizó los aciertos y errores de su gobierno.

Alberto Fernandez
Expresidente argentino Alberto Fernández.
Foto: EFE.

"Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula que integraremos juntos: él como candidato a presidente y yo como candidata a vice", esas fueron las palabras de Cristina Kirchner un sábado 18 de mayo de 2019. Era temprano, de mañana. El peronismo volvía a jugar fuerte y movía el avispero. De inmediato, todos los analistas y periodistas se pusieron en alerta. En ese spot Kirchner destacaba de Fernández la cercanía que, como jefe de Gabinete, tuvo con Néstor Kirchner “en tiempos difíciles” pero no tantos como los que, según ella, se vivían en tiempos del presidente Mauricio Macri.

A más de siete años de aquel mayo y con un Fernández sin vínculo visible con el kirchnerismo, el expresidente argentino concedió una entrevista a El País donde se abordaron diferentes temas: los logros y errores de su Presidencia, su rol en las próximas elecciones de Argentina, la denuncia de su ahora expareja Fabiola Yañez, el kirchnerismo, los gobiernos de Javier Milei y Mauricio Macri, y la relación con Uruguay.

Actualidad personal, el insulto a Milei y el proceso de "cancelación"

—El 10 de diciembre de 2023 fue su último día de gobierno. Ha pasado mucho en este tiempo. ¿Con qué Alberto Fernández nos encontramos hoy, tanto a nivel profesional como personal?

—Han pasado demasiadas cosas en Argentina y me han pasado demasiadas cosas a mí. Las dos cosas han pasado. Lamentablemente en Argentina todas las cosas que pasaron fueron negativas; no puedo rescatar algo positivo en todo este tiempo. Porque aun cuando me digan: “bueno, mira, se desaceleró la inflación”, cosa que es cierto, se desaceleró a un costo económico y social incalculable. Económico en términos de productividad: estamos en un país que en dos años cerró más de 28 mil empresas y dejó en la calle a más de 300 mil familias. Es bastante simple lograr esos objetivos si estos son los costos que estás dispuesto a pagar. En lo personal fueron dos años duros porque he padecido la persecución judicial, algo que a todos los peronistas nos pasa cuando dejamos el gobierno, y con denuncias muy injustas, muy ingratas y falsas. Hoy estoy en la lucha como siempre, hablando mucho con compañeros y dirigentes del peronismo, preocupados por este presente y viendo cómo afrontamos el futuro.

—¿Se sintió "cancelado" por la sociedad argentina tras dejar la Presidencia?

Me sentí cancelado en la sociedad argentina cuando dejé el gobierno. El presidente que tenemos asumió diciendo que la Argentina iba a tener una inflación de 17.000%, la mayor imbecilidad que se ha dicho, y sin embargo lo levantaron todos los medios argentinos como una noticia cierta. Una imbecilidad profunda de un personaje que hace artículos que plagia de otros, hace artículos con inteligencia artificial, lo estamos viendo hoy en día. A ese personaje, los medios de comunicación le dieron un espacio abrumador, quisieron convertirlo en un estadista y es un pobre imbécil que dice cosas que yo creo que tiene un problema psiquiátrico, quiero serte sincero. Por eso a veces, cuando uso palabras tan altisonantes, me freno porque digo: "Bueno, capaz que está enfermo y debo tratarlo con más cuidado".

Desde ese momento, después con la falsa denuncia de violencia de género, construyeron un Alberto Fernández que no tuvo nada que ver con el Alberto Fernández que en realidad fue presidente: inventaron una vida lujuriosa y lujosa que nunca tuve en Olivos. Fui el primer presidente que no hizo una sola reforma en la residencia presidencial, no puse un peso por cambiar la residencia de Olivos, no me aproveché en nada de los privilegios del poder. Construyeron todo eso y eso fue generando un proceso de cancelación que pude romper un año y medio después, cuando me sentí con fuerza para volver a salir a hablar y explicar cuál fue la verdad. Pero claro, era muy difícil estar hablando y sentir que el que está del otro lado pueda creer que soy una persona que le pega a las mujeres. Tuve un primer matrimonio de 18 años, tuve una segunda pareja durante muchos años y jamás ninguna de ellas vivió algo así; son mis mayores defensoras porque conocen cómo soy yo. Alguien se aprovechó de la situación de Fabiola y la hizo hacer lo que le hizo hacer. Ahora creo que poco a poco va quedando claro cómo fue la realidad.

Asuncion de Javier Milei
Javier Milei y Alberto Fernández durante el traspaso de mando presidencial en Argentina.
Foto: Alejandro Pagni/AFP.

Justicia corrupta, lawfare y la comparación Macri-Milei

—Usted habla de persecución judicial. Frente a las causas abiertas, ¿teme terminar condenado, aunque se considere inocente?

—Yo soy inocente, no me considero inocente: sé lo que hice. Yo no me llevé del Estado ni una lapicera, nada, nada. No es un mérito, es lo que debe ser simplemente. Lo que pasa es que en este país la justicia federal fundamentalmente ha sido colonizada por los sectores conservadores, y así nos tratan a los peronistas. Yo me pregunto: ¿cómo es posible que a Mauricio Macri, a quien denunciamos porque siendo el concesionario de las autopistas de acceso a Buenos Aires un día dejó de subir peajes, al día siguiente vendió su empresa y no pasa nada? ¿Y la estafa del Correo de Mauricio Macri? No pasa nada. ¿Y el negociado de los parques eólicos que hizo Mauricio Macri? Nunca un juez lo citó a prestar declaración indagatoria. ¿Y la deuda externa? Dicen que no es una cuestión judicial sino política.

Estamos en un país donde el ministro de Economía le pide a los argentinos que saquen los dólares de los bancos y los inviertan, pero todos sus dólares están en el exterior. Vimos al presidente promover una estafa como el caso de la criptomoneda Libra y la Justicia dice "acá no hay ningún damnificado directo". ¡Qué difícil es esto, por Dios!

Mucha gente piensa que el lawfare es un invento latinoamericano, pero es una idea desarrollada en universidades norteamericanas: utilizar a la justicia como herramienta de guerra. A Perón lo persiguieron durante décadas; a Isabel Perón la dictadura la tuvo cinco o seis años presa por un delito que no había cometido; a Cristina Fernández de Kirchner también. Pero salgamos de Argentina: Lula da Silva lo vivió con una causa espantosa; en España lo vive hoy Pedro Sánchez o Rodríguez Zapatero. El lawfare existe y ha trascendido las fronteras. Yo no le tengo miedo al lawfare, pero espero que los argentinos nos demos cuenta de que un día esta misma justicia te va a juzgar a vos, y tené cuidado, porque es una justicia muy corrupta. Mejor que la cambiemos.

—Usted ha sido muy crítico con Javier Milei y con Mauricio Macri. ¿Destaca algo de sus gobiernos?

—La impunidad que tienen. La verdad, son muy eficientes en lograr impunidad, muy eficientes en hacer negocios con los jueces.

—¿Cuál es el peor gobierno de los dos?

—Lo que pasa es que los dos tienen un común denominador que se llama Caputo. Tienen un mismo ministro de Economía (Luis Caputo) que ha hecho el mismo daño en época de Mauricio Macri y en época de Javier Milei, el mismo daño. Es muy difícil, debe ser eligiendo entre lo malo y lo peor.

Su rol futuro, Pepe Mujica como referente y la interna del peronismo

—Usted confirmó que no tiene aspiraciones electorales para 2027. ¿En qué rol se ve el año que viene?

—No, yo creo que nuestra época ha pasado. Creo que la política tiene un momento biológico, momentos donde la sociedad necesita ver cosas nuevas. Nosotros hace más de 20 años que estamos en el escenario político nacional y creo que hay que darle paso a otras generaciones, lo digo francamente. Porque si el secreto es que voy a apoyar a alguien para que me convierta en candidato a senador, la verdad es que eso es una ficción, no creo en eso. Yo he tenido una enorme admiración por Pepe Mujica, tengo muchísimas fotos con Pepe en mi casa y en mi oficina, y Pepe siempre decía lo mismo: entender que la política no es un lugar del que uno tiene que vivir, es un lugar donde uno debe servir, y el tiempo de servicio es acotado. Servimos para un tiempo y no servimos para otro. Hay que ser sano e inteligente y saber cuándo ha llegado el momento de dar un paso al costado.

—¿Eso también aplica para el kirchnerismo?

—Que cada uno se ponga el sombrero si le corresponde.

—¿Está preocupado por el presente del peronismo?

—El peronismo es parte del país y parece ser la única opción frente a esta locura que estamos viviendo, que ya no es un gobierno neoconservador ni neoliberal de los que conocimos: es un gobierno básicamente cruel, profundamente cruel, muy atento a los intereses foráneos y desatento a los argentinos. Lo vimos cuando la ministra de Seguridad decía que no se podía entrar al estadio de Atlanta a ver a la selección con una remera que tenga el mapa de las Malvinas. ¡Qué barbaridad, con qué ligereza hablan! Eso simboliza cómo extranjerizan la economía, empeñados en vender tierras a extranjeros. Para ser opción, el peronismo tiene que revisarse mucho. Hoy el peronismo habla en una frecuencia distinta a la sociedad. En una orquesta todos afinan en 440 Hz, pero la sociedad está en 440 y nosotros estamos hablando en 420; suena más bajo y nunca entramos en sintonía.

— ¿Quiénes están buscando esa sintonía?

—Hay dirigentes haciendo ese esfuerzo, como Axel Kicillof o Ricardo Quintela. Kicillof gobierna una provincia con más del 40% del PBI y el 35% de los votos, realizando una tarea encomiable pese a que el Gobierno Nacional le quitó todos los recursos legítimos. Es un hombre honesto y capaz, y un candidato posible junto a Sergio Massa, Quintela u otros. Pido que no maltratemos a nuestros propios candidatos porque le hacemos el trabajo al adversario.

Alberto Fernánez y Cristina Fernández de Kirchner
Expresidente argentino Alberto Fernández le ofrece agua a la ex vicepresidenta Cristina Kirchner.
Foto: Juan Ignacio Roncoroni/EFE-

— ¿El kirchnerismo dentro del peronismo está ayudando en este sentido?

El espacio que responde a Cristina Fernández de Kirchner es el que más se resiste. Levantan una bandera legítima sobre la libertad de Cristina, que está injustamente condenada y perseguida. Pero eso debería ser un problema de toda la sociedad democrática argentina frente a un avasallamiento del Estado de Derecho, no solo del peronismo. Mientras tanto, el peronismo debe seguir su vida y necesita un recambio dirigencial para que suban al escenario nacional líderes provinciales o municipales. Los que llevamos 20 años en el escenario debemos darles una mano, pero hay un espacio que se resiste a eso.

—Usted dijo que algún día contaría cómo fueron las cosas con Cristina Kirchner. ¿Qué es lo más importante que no contó?

—Se construyó un relato falso con discursos públicos y yo, por apego a la gobernabilidad, preferí callar y no entrar en debates. Pero no es el momento de discutirlo porque eso ya es historia y solo nos enemista entre nosotros cuando necesitamos estar unidos. Hoy el problema no se llama ni Alberto Fernández ni Cristina Kirchner: se llama Javier Milei y la banda de delincuentes que lo acompañan en el gobierno.

—Si tuviera hoy frente a Máximo Kirchner y a Cristina Kirchner, ¿qué les diría?

—Nada, porque la verdad que no tengo muchas ganas de revisar el pasado. Ya terminamos de conocernos, cada uno saca sus conclusiones.

El gabinete, la salida de ministros y la defensa a su ministro de Salud

—¿Qué dirigentes destaca de su gestión al frente del Poder Ejecutivo?

—He tenido un extraordinario elenco de ministros. Extraordinario. Martín Guzmán fue un gran ministro, negoció la deuda externa como nadie lo hizo en el mundo, esta es la verdad. Matías Kulfas fue un gran ministro de Industria y Producción. Santiago Cafiero fue un gran jefe de Gabinete y un mejor canciller. Ginés González García y Carla Vizzotti fueron dos extraordinarios ministros de Salud que si no hubiera contado con ellos la pandemia hubiera sido un gran problema para mí. Agustín Rossi fue un gran ministro de Defensa al igual que Jorge Taiana. Gabriel Katopodis, que fue ministro de Obras Públicas y es uno de los que posiblemente en el futuro aparezca en el escenario nacional; Jorge Ferraresi y Santiago Maggiotti en Vivienda. Fueron todos extraordinarios ministros.

—Sin embargo, algunos se fueron por diferentes razones, como Guzmán o el propio Ginés González García. ¿Cómo observa esos cambios?

—A Ginés realmente preferí correrlo porque estaban masacrándolo mediáticamente y en las redes sociales con un invento donde ya lo habían condenado, y la verdad es que Ginés fue el sanitarista más importante que tuvo la Argentina. Lo corrí para que no lo masacren, simplemente. Y Guzmán se fue porque en algún momento entendió que debía dar un paso al costado al sentir más presión de la que podía soportar. Yo lo lamenté siempre, creo que se equivocó, pero es alguien a quien respeto mucho.

Geopolítica, Donald Trump y el panorama latinoamericano

—¿Cómo evalúa el escenario internacional y la alineación del gobierno de Milei con Estados Unidos?

—Es penoso. Es abrazarse a la proa del Titanic. Es penoso, definitivamente penoso. Si hay alguien que le ha hecho daño al mundo es Donald Trump: ha hecho un daño incalculable al mundo, ha hecho del mundo un lugar peor, claramente. Yo sentí dos pérdidas profundamente, que fueron la pérdida del Papa Francisco, a quien quise entrañablemente y valoré enormemente, y la pérdida del Pepe Mujica. Y yo siempre decía: un mundo sin Francisco y sin Pepe, y con Trump en el gobierno, es un mundo definitivamente peor. Y no me equivoqué, es un mundo definitivamente peor.

Miren ustedes cómo serán las cosas de Trump y de su proyecto autoritario y antidemocrático, que la Iglesia, diciendo las cosas que ha dicho siempre, parece de izquierda. Va el Papa a España y el PP y todos los que los domingos van a misa no saben qué hacer porque el Papa dice cosas que les suenan marxistas. Ese es el mundo en el que vivimos, y ese mundo es responsabilidad de Trump en gran medida. Lo que ha hecho Trump apoyando a Benjamin Netanyahu en el genocidio de Gaza no tiene perdón de Dios.

—¿Qué opina del avance de sectores de derecha en la región?

—Lo veo con preocupación. Me preocupa cuando Gustavo Petro detecta interferencias electorales desde un servidor en Estados Unidos, me preocupa lo que pasa en Perú o las reacciones sociales en Chile frente a las políticas de la derecha. Espero que sea un momento de la historia que pase rápidamente. La Argentina no gana respeto corriendo detrás de Trump o Netanyahu; eso la vuelve despreciable. Te respetan cuando tu posición es la misma en el Salón Oval, en el Kremlin o en el Palacio de Gobierno chino, no cuando sos el furgón de cola de otro.

Mercosur, Uruguay y el rol geopolítico de China

—En 2021 usted debatió con el entonces presidente Luis Lacalle Pou cuando él sostuvo que el Mercosur no podía ser un "lastre" y usted sugirió que quien lo viera así podía abandonar el barco. ¿En qué situación está el bloque hoy?

—La globalización se ha resuelto mediante bloques económicos, como la Unión Europea o el NAFTA, y el Mercosur es un ejemplo a seguir. El Mercosur nos favorece a todos. Lo que debemos resolver son las asimetrías que existen entre las economías de Brasil y Argentina respecto a Uruguay y Paraguay; hay que prestarles atención y darles ayudas. Pero la solución no es un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, como proponían.

Por Lacalle Pou tengo un enorme respeto y afecto; más allá de que no pensábamos igual, fue una persona correcta con la que se podía dialogar y convivir en la diferencia. Su padre, Luis Alberto Lacalle, a quien conocí mucho, durante años me hablaba de la importancia de China, y su hijo también lo entendió. Napoleón decía en el siglo XIX: "Dejen que China duerma, porque el día que se despierte será un elefante que camine sobre nosotros". Se despertó el elefante. Y China es un socio muy amigable para Latinoamérica porque lidera el multilateralismo y no te impone condiciones políticas ni exige votos en Naciones Unidas a cambio de ayuda. Jamás he vivido eso con China; con Estados Unidos, todos los días. Es un actor insoslayable mientras Estados Unidos es un imperio en retirada.

Luis Lacalle Pou y Alberto Fernández
Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou, en el inicio de la cumbre de la CELAC en 2022 en Buenos Aires, cuando ambos eran presidentes.
Foto: Enrique Garcia Medina/EFE.

Autocrítica, el balance de gestión y el legado

—Si pudiera borrar alguna decisión de su gobierno, ¿cuál sería?

—Para criticarnos ya están los opositores, pero revisando el pasado, los errores que cometimos fueron involuntarios, de buena fe, no para hacer negocios ni enriquecernos. En lo personal, el festejo en Olivos durante la pandemia fue un error que no advertí en su momento porque había más de 100 personas trabajando diariamente en la residencia. Fue un error, me sometí a la justicia y pagué la multa correspondiente como cualquier ciudadano.
En términos políticos, un error fue el anuncio de expropiación de Vicentin. Queríamos una empresa estatal testigo en el mercado de granos, pero al ingresar a los papeles vimos una red de sociedades fantasma para contrabandear y lavar dinero. Dar marcha atrás fue el acierto para no hacerle pagar 3.500 millones de dólares al Estado ni salvar a un grupo de inescrupulosos; el error fue haber avanzado sin la información suficiente.

—Cuando dentro de tres décadas se lea sobre su Presidencia, ¿qué le gustaría que destacara la primera página de ese capítulo?

—Que nuestro gobierno fue muy maltratado por propios y extraños, pero sin muchos argumentos cuando uno mira los resultados. La mayor tasa de inversión externa en la historia argentina la vivimos en el año 2022, fue en mi gobierno. La industria nacional creció en 2021, 2022 y 2023. Nosotros creamos 700 mil puestos de trabajo registrados, no monotributistas. Dejamos la tasa de desempleo más baja de la historia de la democracia: 5,7%. Dejamos funcionar las paritarias hasta el último día y logramos que el salario real crezca dos puntos en términos reales en cuatro años, lo cual en ese contexto de caída previa fue un avance.

Fuimos el gobierno que hizo ingresar a la Argentina a los BRICS; el que fue a la Cumbre de las Américas y le dijo a Joe Biden en la cara lo que Latinoamérica creía de su gobierno; el que organizó la reunión CELAC-UE que abrió paso al acuerdo Mercosur-UE. Fuimos el gobierno que condenó la invasión rusa a Ucrania manteniendo señales de independencia en política exterior. En el G20 logramos que el FMI termine con las tasas de sobrecargo, lo que significó para la deuda argentina una reducción de casi 10.000 millones de dólares.

Fuimos el gobierno que más obra pública construyó en la historia de la democracia. La obra pública más importante se construyó en nueve meses: el gasoducto Néstor Kirchner, que nos permitió dejar de importar gas y ahorrarnos alrededor de 4.000 millones de dólares. Hicimos 144.000 viviendas sociales entregadas en todo el país sin discriminación política. Fallamos el último año con la inflación porque nos desaparecieron 22.000 millones de dólares por la mayor sequía de la historia. Pero si los libros de historia cuentan todo, van a escribir además que fuimos un gobierno que respetó la independencia de la justicia, donde la libertad de expresión fue plena y no tuvimos un solo día de estado de sitio ni una provincia intervenida.

—Para finalizar, ¿qué mensaje le deja al público uruguayo?

—Mi mejor deseo para todos. Quiero entrañablemente a Uruguay, somos países indisolublemente unidos. Merecían mejor suerte en el mundial porque tenían un gran equipo y a un gran técnico como Marcelo Bielsa.

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