A sus 90 años, Julio María Sanguinetti se resiste a ser un mero espectador de la historia: elige transitarla y escribirla. Aunque se alejó del Senado a mitad de la legislatura pasada -en aquel retiro coordinado junto a José Mujica-, su voz sigue siendo parte del debate público. Ahora, en su eterno doble rol de protagonista y cronista (“siempre he sido ante todo un periodista”, insistirá en esta charla con El País), el expresidente vuelve a editar una versión del pasado y de sí mismo. Su último proyecto es un testimonio visual: un libro fotográfico que funciona como álbum familiar y, a la vez, como registro oficial de su huella en la vida pública. Es, en sus propias palabras, un “documento gráfico, accesible y visual” de un siglo que lo tuvo como testigo y protagonista.
A través de una selección minuciosa en un archivo de más de 40.000 imágenes, el libro propone un viaje que comienza con el acorazado nazi Graf Spee en el puerto de Montevideo, pasa por sus dos presidencias y culmina con una novedosa portada diseñada mediante Inteligencia Artificial. “El tránsito de los 90 años nos lleva hoy a la IA. Le pedí a Julio (Testoni) que hiciera un diálogo con la herramienta. Le dije: ‘Empiecen con la idea de 90 años, algo pop, y vayan viendo’. Terminó en esa imagen que luego Julio intervino para darle calidez y perspectiva”, detalla. Para el expresidente, la tapa es un manifiesto: “Es el sentido de mostrar lo que significa empezar en la Segunda Guerra con el nazismo y terminar en esto”.
La memoria de Sanguinetti es un archivo vivo. De hecho, al preguntarle por el origen de este proyecto, se remonta a sus cuatro años de vida, y se refiere, justamente, con un evento de escala geopolítica: el hundimiento del acorazado alemán Graf Spee en 1939. “Tengo la idea de una multitud en el puerto. De una cosa enorme que había allí. Recuerdo a mi padre llegando a casa corriendo y gritando: ‘¡Vamos a la Rambla, vamos a la Rambla!’. Todo eso quedó difusamente grabado, pero quedó. Siempre le digo a los padres: los niños de cuatro años después se acuerdan de las cosas”, dice y sonríe.
Reducir 40.000 fotos a 260 no fue tarea sencilla. Sanguinetti cuenta con más de 500 álbumes en su archivo personal. “En la vida de un presidente, uno inaugura una escuela a la mañana, va a una embajada al mediodía y a otra ceremonia de tarde. Son registros particulares que no tienen demasiado valor histórico”, reflexiona. Por ello, el criterio de selección se dividió en ejes fundamentales: la vida con el arte, el deporte (Peñarol), la actividad partidaria, el gobierno y su vocación periodística -“la profesión que he ejercido toda mi vida”.
Entre las imágenes que más entusiasmo despiertan en Sanguinetti está una fotografía suya con la camiseta de Peñarol, pronto para jugar un partido, junto a Hugo Batalla; y otra ante su ídolo Fernando Morena. La anécdota detrás de esa imagen es un capítulo aparte en la historia del fútbol uruguayo. “Es una historia increíble”, relata con el brillo de un hincha. “(Washington) Cataldi me dice: ‘¿Qué te parece si traemos a Morena de nuevo?’. Yo le pregunté si hablaba en serio, ¡el Valencia acababa de ganar la Supercopa jugando él con Kempes!”, recuerda. La solución fue una campaña inédita. “Allí nació el famoso eslogan: ‘A Morena lo traemos todos’. Se hizo la campaña, se juntó el dinero y Morena volvió”.
El libro también captura momentos de profunda carga simbólica del retorno a la democracia. Una foto lo muestra junto a China Zorrilla, Líber Seregni y Alberto Zumarán. Sanguinetti relata cómo, siendo ya presidente electo, pero con los militares todavía en el poder, decidió llamar a la actriz, que llevaba diez años proscripta. “Le dije: ‘China, traé Emily, vení a hacer Emily acá’. Ella me respondió: ‘Pero están los militares todavía’. Y yo le dije: ‘No te preocupes, yo ya soy presidente electo, venite’. Fue el retorno a la vida de la cultura”, narra satisfecho.
La política
Sin embargo, no todo fue celebración. Sanguinetti confiesa que, mientras pronunciaba su discurso de asunción el 1° de marzo de 1985 frente a mandatarios extranjeros -un día que también queda registrado en imágenes-, una “nerviosidad desde el estómago” lo dominaba. “Tenía la información de que el 60% de los bancos estaban quebrados. Mi mayor preocupación era que no fuera a ocurrir algo el lunes siguiente. Como lo evitamos, nadie lo recuerda; lo que no existió no se recuerda. Pero una crisis bancaria es como una granada de fragmentación”, explica, subrayando la fragilidad institucional de aquellos primeros días.
Otra de las fotos obligadas es la del debate televisivo con Tabaré Vázquez en la campaña de 1994. Sanguinetti recuerda que aquella fue una jugada calculada para frenar una fuga de votos hacia el Partido Nacional. “Me pegaban de un lado y del otro. (Eduardo) Botinelli me advirtió que, si no generaba un hecho disruptivo, la tendencia iba hacia los blancos. Yo quería acorralar a Vázquez con el tema del marxismo para cortar la sangría de los sectores más conservadores de mi partido que dudaban de mi abrazo con Hugo Batalla”, confiesa. A pesar de la dureza de aquel enfrentamiento, destaca la relación cordial que mantuvo con Vázquez hasta sus últimos días: “Pocos días antes de que muriera recibí una llamada de él; ambos nos dábamos cuenta de que era su despedida”.
Finalmente, el libro dedica espacio a su retiro conjunto del Senado con Mujica en 2020. Un “gesto de republicanismo” que ambos decidieron coordinar. “Lo charlé primero con Lucía (Topolansky). Le dije que yo estaba por irme y ella me contó que él también quería dejar, tenía miedo por la pandemia y por su salud en general. Dijimos: ‘¿Por qué no nos vamos juntos?’. Dos presidentes adversarios, juntos. Yo creo que esa fue una contribución necesaria en una época donde los extremismos amenazan la democracia en todo el mundo”.
Julio María Sanguinetti. 90 de años de imágenes, vida y memoria se presenta hoy en el Radisson Montevideo a las 19 horas.
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