Pomiés: “La gente no visualiza muchas luces de esperanza” ante “los grandes problemas” con el gobierno de Orsi

En entrevista con El País, la directora de Cifra profundizó en las razones de la creciente desaprobación del presidente, que según el último estudio de la consulta se ubicó en un 65%.

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Mariana Pomiés, directora de Cifra.
Foto: leonardo mainé/El País.

-¿Qué conclusión saca de la última medición que reflejó la desaprobación del presidente Yamandú Orsi?

-Lo primero es que los números muestran una baja muy abrupta de la aprobación de la gestión del presidente, llegando a los niveles más bajos que hemos tenido registrados en lo que va del siglo. Eso muestra un problema importante para el gobierno y para el país. Cuando la gente está descontenta con la gestión del presidente, es porque está pasándola mal. Si uno mira todos los otros indicadores, como de preocupación por la economía, van en esa misma línea, aunque no necesariamente los números reales van por ahí. Parece mentira, pero creo que tampoco ayuda para nada lo que está pasando con la selección (de fútbol). Afecta sin duda el humor de la gente. Está comprobado en el mundo.

-¿Y dónde se ubica la caída en comparación con otros gobiernos?

-Es la pendiente más abrupta, la caída más rápida en poco tiempo. También es difícil comparar. Antes había dos o tres partidos y la opinión pública estaba dividida en tres grupos. Hoy hay dos bloques, desde la reforma del balotaje. Era más difícil antes tener aprobación, porque había gente que llegaba a presidente con el 30% de los votos.

-¿Cómo se podría explicar de manera sencilla qué es lo que la gente siente que está pasando con el gobierno?

-Los grandes problemas son la inseguridad y la economía. En los dos aspectos la gente percibe un deterioro importante respecto al pasado, y no visualiza ni tiene muchas luces de esperanza hacia el futuro en esas áreas. Ese es el problema también. No es solo que la gente evalúe mal, sino que cuando la gente pierde las esperanzas y cree que no hay mucha salida, tiende a seguir viendo todo oscuro y, hasta comercialmente, a cambiar sus comportamientos. Si yo creo que en un año vamos a estar mejor económicamente, me animo a gastar, a comprar en cuotas, a irme de vacaciones, a invertir en algo. Si yo pienso que esto va para peor, no gasto nada y aguanto a ver qué va a pasar.

-¿Es una sensación mayoritaria?

-Sí, que tiene una perspectiva negativa, sí. Los indicadores no son tan malos como la percepción que tiene la gente. La preocupación por el empleo, sobre todo en el interior, es muy grande. Sin embargo, tenemos cifras de desempleo muy bajas. ¿Qué pasa? Tenemos cifras también de informalidad muy altas. Y lo que viene pasando sistemáticamente es que muchas fuentes de empleo se van cerrando o van bajando la cantidad de gente que emplea. Entonces, no es solo la preocupación actual por mi empleo, sino que no sé cuánto más voy a tener mi empleo.

-En una entrevista de febrero de 2024, decías que en ese momento Orsi era el líder más popular junto a Luis Lacalle Pou y José Mujica.

-Mujica siempre estuvo arriba, Orsi estaba por encima de Lacalle.

-¿Y hoy?

-No. Orsi hoy tiene una evaluación negativa y hay otros líderes políticos que están mejor.

-¿Por ejemplo?

-Lacalle Pou. Creo que su estrategia de irse a las gateras sin duda le está sirviendo mucho. Soy de las que pensaba que no tenía que desaparecer tanto, pero cuando el otro comete tantos errores, dejalo solito. Pasa, sobre todo en los votantes de la coalición, pero también en los más lejanos a la política, que dice ‘al final no estábamos tan mal con Lacalle y no era tan mal presidente’. Los errores ajenos lo benefician.

-¿Se puede establecer una linealidad en cuanto a que esta situación del gobierno sea aprovechada directamente por la oposición?

-Depende de las acciones de la coalición. No soy de las que cree que hay que pegarle a la gente cuando está en el piso, porque en algún momento todo vuelve. También hay un tema de responsabilidad política nacional. Si al gobierno le va mal, no está bueno para nadie, porque quiere decir que a todos nos está yendo mal. Entonces, la gente de alguna manera espera, sobre todo los votantes de la oposición, que alguien los ayude, que alguien tire un salvavidas, y eso no es necesariamente seguir pegando en el piso. A veces, las oposiciones no son ni suficientemente altruistas como para hacerlo, ni suficientemente inteligentes como para darse cuenta. Leí en las redes algo al respecto de que el presidente podría renunciar... Eso en Uruguay, me parece una ofensa a la democracia y a la construcción democrática que tenemos. Podrá no gustarnos el presidente, pero el presidente va a llegar hasta el final y podrá cambiar ministros, como toda la vida.

-En el aspecto comunicativo, se da en casos como la decisión de usar blindados militares para patrullar algunos barrios que hay desacuerdos públicos entre el presidente y ministros. ¿Ese tipo de casos afectan la percepción?

-Sí. Los ministros pueden tener sus opiniones. Incluso, Orsi ha sido muy tolerante en dejar a los ministros hablar, porque también es su política. Lo hizo en la gestión en la Intendencia de Canelones. Por ejemplo, el presidente anterior era muy celoso de que hablaran los ministros. En general, (Lacalle Pou) hablaba él. En la pandemia, era el vocero y los ministros hablaban en algún espacio. Orsi claramente tenía una estrategia diferente, pero precisás tener alineados a los ministros.

-¿Qué considera que el ciudadano espera del presidente?

-Vos podés tener la voz de mando y demostrarlo, y confiar en tus ministros y dejarlos actuar. También se construyó desde el principio una imagen de que Orsi no tenía autoridad. Esto no es solo Orsi. Si uno mira para atrás, la oposición fue muy clara al decir que él no manda y es un títere, incluso cuando era candidato. Se lo ninguneó mucho en su capacidad.

-Se puede decir que el presidente tampoco ha hecho mucho en contradecir eso.

-Está bien, pero no fue solo Orsi. Él podría haber demostrado que eso no era así, es cierto. Pero también se construye un discurso. Él no colaboró con sus acciones a revertir eso, que podría haberlo revertido. Pero claramente el estilo de liderazgo de Lacalle Pou y de Orsi son opuestos.

-¿Qué es más redituable políticamente?

-Depende de las circunstancias y los equipos que armes. Si uno mira los resultados, hay gobiernos muy buenos donde tenés un equipo muy sólido de ministros, que actúa, pero siempre en algún momento el presidente tiene que demostrar que es el capitán del barco. A eso no puede renunciar.

-¿Y Orsi ha tenido momentos así?

-¿De renuncia? Yo creo que sí. Le ha costado, porque su personalidad no iba por ahí. Hay cargos que requieren de cambios de la persona y tal vez -no estoy diciendo que le pase a Orsi- la gente demora en darse cuenta de que tiene que cambiar. No es lo mismo ser ministro que ser intendente, ser intendente que ser presidente de la República. Requiere de otras acciones y conductas que son propias de ese cargo.

Efecto acumulativo

Polémica por camioneta de Orsi afectó “sin duda”

-¿El episodio de la camioneta de Orsi impactó de manera sensible en esta última medición?

-Sin duda. Es un efecto acumulativo. Ya veíamos desde febrero una caída y han habido un montón de situaciones, errores no forzados que tienen un efecto acumulativo. A veces uno no sabe cuál es la gota que desborda el vaso, que puede ser muy pequeña y tal vez tan importante. No estoy diciendo que lo de la camioneta no sea grave, pero a la gente le importa un comino.

-Se puede hacer una diferenciación entre la imagen del gobierno y la de Orsi como presidente; esa polémica lo involucró concretamente a él. ¿Se da ese fenómeno?

-Ese es un problema. No es solo la baja de la evaluación de gestión, sino de su propia imagen personal, que se ve en la baja de la popularidad. Eso tiene que ver en parte con su gestión, pero con cosas muy personales que eran su capital. Él llega a presidente con una evaluación personal muy buena. La gente lo vota porque es un buen tipo, honesto, trabajador, transparente. Si voto a alguien porque creo que es buena gente y hace cosas que me generan la duda, es la traición a la confianza puesta en él.

-¿En ese salto de intendente a presidente de la República, ¿qué cambios son necesarios para ser un buen mandatario?

-Tabaré Vázquez pasó de intendente a presidente y era una persona autoritaria como presidente, como intendente y como médico. Eso es así. Lo que está claro es que el intendente es un líder regional, más cercano. Se puede ser un autoritario, pero también se puede ser un gobierno más colectivista. El presidente en Uruguay no. Somos un país, en los hechos y en la Constitución, presidencialista. El presidente es el que manda. Lo que hace un presidente no es lo mismo que el intendente. No podés replicar como presidente lo que se hace en un departamento. Porque lo territorial, la cercanía, lo espacial, pesa mucho más.

-Con respecto a la oposición, también salieron mediciones de aprobación, cosa que no pasaba antes. ¿Por qué se empieza a medir ahora?

-Se medía. Capaz que no se comunicaba porque no parecía importante, pero sí.

-¿Es preocupante los bajos guarismos que mostró la oposición o por el hecho de que su principal líder no está en escena no tiene mucho sentido pensar en cómo es su desempeño?

-Tiene sentido. La gente también se enoja con la oposición. No le va tan mal como al gobierno, porque el gobierno le va muy mal, pero la oposición podría sacar mucho más rédito de eso. En primer lugar, entendiendo qué es lo que la gente espera de la oposición. No tenés una única respuesta, porque hay gente que quiere palo y palo, y otros que hagan algo para tratar de resolver y propongan, que se preocupen por la gente. Si el gobierno no está tomando las medidas que me generen una mejora en mi vida, el Parlamento es un lugar donde se pueden hacer cosas. Pienso en Cabildo Abierto, que se le ha pegado mucho. Cabildo entendió que tiene pocas chances de lograr algo, pero que tiene un público muy fiel y que algo le tiene que dar. Entonces, si yo tengo que conceder esto, pero consigo esto para mi gente, lo voy a hacer y eso la gente lo valora bien.

-A la hora de medir a la oposición, una cosa que critican varios dirigentes es que es muy diversa, porque dentro de la oposición tenés formas variadas de hacer oposición.

-Sí, pero cada vez más hay un bloque que actúa junto. Cuando empezó el gobierno, había estrategias dispersas. Pedro Bordaberry tenía una estrategia más conciliadora, Andrés Ojeda tenía una estrategia más frontal y el Partido Nacional ni hablar. Después se fueron unificando. Es cierto que preguntar por la oposición mete a todos en la misma bolsa, pero nosotros sabemos por otras preguntas y herramientas qué entra y que no entra. Se ha homogeneizado bastante.

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