Dos semanas después, el pánico se normaliza. “Las advertencias ya son parte de nuestro día a día”. Los ataques con misiles y drones y sus intercepciones en el cielo oriental dejan de ser peligros mortales y se comienzan a ver como “fuegos artificiales”. La guerra se vuelve poco a poco la nueva normalidad. La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto en jaque a todo el Medio Oriente. Actualmente, según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores comunicados la semana pasada, cerca de 50 uruguayos lograron salir de los focos ofensivos en la región, varios de los cuales estarán volviendo al país en estos días.
Fuentes de Cancillería señalaron a El País que de los cerca de 100 compatriotas que se encontraban en la zona —sin contar en Israel—, esa mitad que está en proceso de volver corresponde principalmente a personas que estaban haciendo turismo o trabajando temporalmente.
Sin embargo, varios otros trabajan y residen permanentemente en la zona y, si bien algunos acompañaron el éxodo de retorno, otros no. Uno de ellos, Rodrigo, uruguayo oriundo de Colonia de 26 años, contó a El País cómo vive la realidad actual en Dubái (Emiratos Árabes Unidos), donde está radicado hace más de dos años.
“La razón principal por la cual estoy en Dubái es porque en Uruguay estaba teniendo un par de situaciones complicadas. El dinero no alcanzaba en cuanto al trabajo. Estaba siendo guardia de seguridad, en Colonia del Sacramento. Y para los planes que yo tenía en mente, no veía un futuro muy asegurado. Entonces empecé a aplicar al exterior con un sistema de sponsorship. Y en Dubái me acogieron, me dieron la oferta laboral como yo quería”, dijo.
Dubái, uno de los siete emiratos de la unión, tiene una población de aproximadamente 3,5 millones de habitantes y está ubicado en la costa del golfo Pérsico; está a menos de 100 kilómetros de la costa iraní. Como consecuencia de esta cercanía y su estrecho vínculo con Estados Unidos, ha sido un fuerte objetivo en el actual conflicto bélico. Más de 1.700 misiles y drones han sido disparados hacia los Emiratos Árabes, y más del 90% de ellos han sido derribados o interceptados por los sistemas de defensa del gobierno.
Rodrigo trabaja en “hospitalidad” en un hotel perteneciente a una cadena española localizado en una de las islas “palmeras” artificiales del emirato, el distrito Palm Jumeirah. Reside en Jebel Ali, una ciudad industrial y portuaria “un poco alejada” de la capital homónima del emirato: “En esa zona estamos a 13 kilómetros del puerto de Estados Unidos, que fue uno de los lugares donde bombardearon”.
Consultado al respecto, señaló que no tenía pensado volver “en ningún futuro cercano”, ya que su deseo es ahorrar lo suficiente como para empezar su propio negocio personal relacionado al deporte, concretamente, abrir un gimnasio.
“Oficialmente llevamos más de dos semanas desde que empezó la guerra. La primera fue una semana de mucha tensión, tanto a nivel psicológico como a nivel regional. A nivel mental, la primera semana fue muy estresante debido a que todo el tiempo se escuchaban intercepciones de los jets de ataque y del sistema aéreo defensivo de los Emiratos Árabes Unidos”, expresó. Además, señaló que sabe de la presencia de uruguayos en otros emiratos, como Ajman.
“Lo que se ve en el cielo son las intercepciones, que son explosiones en el aire. Mucha gente hoy en día lleva a situaciones jocosas lo que está sucediendo y lo llaman fuegos artificiales, porque decirle así es una forma de apaciguarlo”, mencionó.
En ese sentido, contó que desde el inicio de la escalada el gobierno emiratí envía advertencias cotidianas a la población: “En la primera semana era una alerta por día. Hoy son dos alertas, una a la mañana y otra a la tarde. La primera siempre para que te resguardes y busques algún lugar seguro. Te recomienda qué precauciones tomar, por ejemplo, estar lejos de ventanas y puertas. Y la segunda que te manda es siempre que está toda la situación bajo control, y ya podés salir y hacer tu actividad normal”.
“También eso va en las personas. Hay gente que sigue con su vida, y a veces es inevitable tener que seguir con tu vida a pesar de todo lo que está sucediendo”, agregó.
En medio de los ataques, un dron impactó contra el lujoso hotel Fairmont, muy cercano al lugar donde trabaja Rodrigo. Fue una fuerte explosión seguida de un incendio en la zona. Provocó, según dice, “mucho terror y pánico en la gente”, así como de una merma en el tránsito de personas por la zona, y por lo tanto, de la actividad laboral. Según Rodrigo, él estuvo “muy asustado y un poco paranoico”. Al punto que este hecho generó que se contacte con Cancillería.
Irán empezó a bombardear a los países árabes del Golfo Pérsico y a Jordania, en los que EE.UU. tiene bases militares, como respuesta al ataque conjunto con Israel. El Consejo de Seguridad de la ONU condenó “los ataques atroces” de Irán contra Baréin, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Jordania.
Contacto con Cancillería
Rodrigo aseguró que se contactó con la Cancillería uruguaya a los pocos días de iniciados los primeros ataques, pero no tuvo una respuesta “del todo apaciguadora, en cuanto a lo que uno espera de la situación”.
“Lo que consulté fue si desde la Cancillería se tenía previsto algún plan de contingencia en caso de que la situación escalara mucho más de lo que sucedía en ese momento. Ellos me respondieron que no, que no había ningún plan, sino que lo único era seguir lo que decía el gobierno emiratí. Por el momento no había forma de salir del país porque el espacio aéreo estaba cerrado”, explicó.
El 6 de marzo, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitió un comunicado afirmando que el gobierno coordina “con las embajadas y oficinas consulares de Uruguay en los países afectados, todas las alternativas para la asistencia de connacionales”.
Hasta este momento, los vuelos aéreos siguen prácticamente cerrados, salvo por “algunos vuelos comerciales muy limitados”, relató Rodrigo.
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