La historia de Giza Alterwajn de Goldfarb y de cómo sobrevivió el Holocausto ha sido abordada en libros, artículos periodísticos publicados en los más diversos países como Japón o México documentales y hasta historietas.
El 27 de enero, día internacional de las víctimas del Holocausto, siguió desde las barras la sesión parlamentaria sobre el tema y en esa oportunidad mostró su enojo por el enfoque del senador comunista Óscar Andrade. En su apartamento de Pocitos, conversó con El País sobre su preocupación por lo que considera un crecimiento de la judeofobia que crea un clima muy distinto al que había en el Uruguay que la acogió.
-¿Cómo sobrevivió al Holocausto?
-Me sacó en una valija del Gueto de Varsovia cuando tenía ocho meses, una organización de polacos que se dedicaban a rescatar bebés. Hoy no existen ese tipo de ejemplos. Pensé que nunca regresaría a Polonia, pero regresé 65 años después para conocer a la hija de la pareja que me acogió, “Danusia” (Danuta Galkowa). Tengo una familia judía acá y una cristiana en Polonia. Mi mamá murió en el campo de concentración de Treblinka (Polonia). Mi papá estuvo en Auschwitz (Polonia). Cuando el campo fue liberado era un saco de huesos y piel. Le dieron alimentos que no podía digerir y la diarrea lo mató. Eso dijo el certificado.
-Luego usted vivió con una familia cristiana.
-Sí. Mi padre adoptivo era conductor de tranvía y mi madre ama de casa y tenían seis hijos. No sobraba comida, sobraba humanidad. A mi padre adoptivo, que estaba en contra de los nazis, le tocó en esas razzias que hacían los nazis que arrasaban con todos los polacos porque ellos consideraban que era una raza inferior a la alemana. Yo era la más mimosa con él. Cuando los nazis se lo llevaron y en su casa no se sabía qué había pasado con él, mandé una carta que dicté a mis hermanas y le decía: “Papito mío, ¿cuándo vas a a volver? Todos te extrañamos, especialmente tu pequeña Stevcka”, que era yo. Falleció en el campo de Flossenburg, en Alemania. Tengo un cuadro de la ciudad vieja de Varsovia, hecha de pedacitos de madera que es un cuadrito que estaba siempre sobre la cabecera de la cama de “Danusia”. Cuando ella falleció las hijas me lo enviaron para que tenga un recuerdo de ella.
-Polonia tenía una enorme colectividad judía que quedó reducida a su mínima expresión.
-Ahora hay un poco más.
-¿ Cómo llegó a Uruguay?
-Llegué, después de deambular por Francia, en noviembre de 1947 en el barco “Campana” que hizo escala en Dakar (Senegal) y en Río de Janeiro. Yo vivía con los tíos que vinieron a Uruguay conmigo, o sea la hermana mayor de mi madre biológica, su esposo y su hija que era dos años mayor que yo y que para mí era como una hermana. Vivía en Andes, entre Canelones y Soriano. La colectividad judía se concentraba en ese momento en el Centro, la Ciudad Vieja y Goes. Había algunas diferencias de mentalidad entre los judíos que estaban y los que llegamos después de la guerra.
-Llegaron entonces unos 3.000 judíos...
-Yo creo que llegaron un poco más.
-¿ A qué escuela fue?
-A la mejor escuela pública, la República de Chile en la calle Maldonado a la que fue Jaime Ross y el pintor José Gurvich, cancilleres y políticos. Fui, muy, muy, feliz. Yo hablaba polaco y aprendí el español con ganas y alegría. Era una sociedad integrada, el Uruguay batllista, de puertas abiertas. Cuando eran las fiestas nuestras judías del año nuevo y del Día del Perdón, en los que no iba a clase, me vestía de fiesta y me sentaba en la puerta de la escuela tal era el cariño que tenía por ella. Me elegían para decir las poesías. Hace unos años cuando la escuela estaba muy deteriorada decidimos unos exalumnos ayudar. Uno que era arquitecto arregló el patio enorme. Otro carpintero se dedicó a remodelar toda la biblioteca. Yo, que tenía una empresa, doné todas las túnicas para los alumnos y los maestros. Fueron granitos de arena que cada uno puso para devolverle a la escuela Chile lo que la escuela nos dio. Adoro al Uruguay. Tengo una foto de las escalinatas de mármol hermosas de la escuela, donde estaba una réplica de “El pensador” de Rodin en la entrada que me la obsequiaron y atrás está la firma de todas las maestras para saludarme.
-¿Había antisemitismo en su época de escolar?
-Para nada. Nadie preguntaba el nombre y el apellido de nadie. Éramos todos vecinos, nos saludábamos y los chiquilines jugábamos en la calle, sin saber los apellidos de cada uno. Fui al liceo Rodó y al IAVA en Preparatorios y estudié la Licenciatura de Letras. Me hubiera gustado estudiar Medicina, pero empecé a trabajar en la fábrica de lencería de la familia. Me casé con el abogado Isaac Goldfarb, que falleció hace dos años. Era culto, inteligente, una persona importante en la comunidad. Fue electo más de una vez presidente de la Kehilá (organización representativa de la rama judía askenazí, proveniente de Europa Oriental). Tuve con él dos hijas y tengo una nieta y un nieto.
-Habrá visto mucho Carnaval y Llamadas por la zona en la que vivía.
-Con mi marido íbamos siempre con mi hija mayor cuando era pequeña y la subíamos en los hombros para ver las Llamadas que eran tan importantes que venían artistas internacionales, de cine especialmente, a verlas en el Barrio Sur. Era otro carnaval, otra sociedad. No había esta violencia. Éramos todos iguales.
-¿Le fastidian las letras de Carnaval?
-Por supuesto. Hoy en día para mí el Carnaval es un comité de base. Más claro no te lo puedo decir. “Doña Bastarda”, “La Gran Muñeca”....
-¿Banalizan el sufrimiento del pueblo judío?
-Sí.
-¿Ha ido a Israel?
-Fui a Israel después de hacer el viaje para conocer en Varsovia a la familia de “Danusia” y de ahí viajamos a Israel para solicitar que su familia fuera reconocida como “justos” (así denominan los sobrevivientes del Holocausto a los no judíos que ayudaron a los judíos a salvarse). Menos de un año después volví a ir a Israel cuando vino el reconocimiento para agradecer y ver dónde estaba la placa sobre mis padres adoptivos. Cuando había llegado al aeropuerto Frederic Chopin de Varsovia me esperaba la familia de “Danusia”. Fue algo maravilloso. Me sentí en mi tierra por el calor que me dieron. Les hablé en polaco, aunque no lo sé ni escribir ni leer. Como dije, tengo una familia cristiana en Polonia. Eso es lo importante, saber respetar. Mis hijas tienen comunicación con las de “Danusia”. Ella fue resistente y fue condecorada varias veces. Cuando falleció, envié flores rojas. “Danusia” había publicado en 1998 un libro llamado “Éramos los Robinson Crusoe de Varsovia” sobre su actividad como resistente y menciona a su hermana judía (yo) con quien todavía no se había reencontrado.
-¿Qué le dice a quienes afirman que no son judeófobos pero sí antisionistas?
-Para mí esa definición es políticamente correcta para no decir que son judeofóbicos. Mi modo de pensar es que el pueblo judío tiene derecho por su historia a tener su Estado. Como también tiene derecho a vivir en paz con su vecino y con un Estado el pueblo palestino, pero que sea democrático como es el Estado de Israel, con el gobierno de turno que le toque, pero no gobernado por terroristas. Yo acepto y quiero de todo corazón un Estado palestino. Yo quiero dos estados libres y demócratas,
-¿Qué opina de la expansión de las colonias israelíes?
-Yo no estoy de acuerdo con eso. Yo era de la línea de Yitzkak Rabin, de Golda Meir y de David Ben-Gurion (todos primeros ministros israelíes del Partido Laborista). Yo defiendo a mi pueblo, no a un gobierno de turno como defiendo al pueblo uruguayo y no al gobierno.
-¿Qué dice a quienes sostienen que en Gaza se cometió un genocidio?
-No llegó a ser un genocidio. Hubo desmanes sí. El genocidio de polacos y judíos sí lo fue. No es lo de Gaza. Lo de Irán... ¿ Qué hizo Stalin con Ucrania? ¿No fue un genocidio? No es políticamente correcto decirlo.
-¿Por qué siente importante en este momento dar su testimonio?
-Es importante porque hay mucha ignorancia de la historia. Hoy en día con toda la tecnología que hay es muy fácil tergiversar la historia. Nadie mejor que un sobreviviente para dar la cara y decir lo que pasó. Eso no significa que me convaliden lo que digo. Pero no es lo mismo leer una historia que ver a una sobreviviente. El mensaje judeofóbico a partir del 7 de octubre de 2023 es como un nido de serpientes que se ha extendido en todo el mundo y en Uruguay. Me llama la atención y me duele mucho que Uruguay lidere en América Latina en materia de judeofobia. Yo necesitaba explotar. Me queda poca cuerda y yo ya la pasé. Si un nazi me pega un tiro no pasa nada. Pero no quiero este país para mis hijos y nietos. ¿Cómo es posible que unos vecinos cristianos de esta zona hayan tenido que proteger de unos muchachones a unos jóvenes judíos? Es lo que no entiende la gente del gobierno. A mí me invitaron muchas veces a dar charlas en liceos públicos y privados sobre el Holocausto a jóvenes que lo desconocían y hablé de que a los judíos los transformaban en jabón. Siempre recuerdo la confesión que un alumno le hizo a una profesora después de que fuimos hace años con un profesor armenio, que habló sobre el genocidio armenio y mostró una película terrible sobre el tema, en un liceo de Canelones. “Me da vergüenza de mí mismo porque yo no conocía el Holocausto y le decía a mi hermana cuando nos peleábamos: “Te voy a hacer jabón” Dígale a esa señora que cuente conmigo, que la voy a proteger”, dijo este muchacho a la profesora.