La Virgen de los Treinta y Tres es una de las imágenes religiosas más representativas de Uruguay. Su historia se remonta a fines del siglo XVIII, cuando todavía era conocida como Nuestra Señora de Luján del Pintado y se encontraba en una pequeña capilla de la zona de Pintado, en el actual departamento de Florida.
Se trata de una talla de madera de cedro paraguayo de apenas 36 centímetros de altura. No se conoce quién la realizó ni la fecha exacta en que llegó al lugar, aunque el material utilizado permite vincularla con los talleres de las antiguas misiones guaraníes. La imagen representa a la Inmaculada Concepción: la Virgen María aparece sobre una luna en cuarto menguante y un cielo estrellado, rodeada por tres ángeles.
La imagen permaneció en la capilla del Pintado hasta 1809, cuando sus habitantes y la parroquia se trasladaron a un nuevo asentamiento debido a la falta de agua. El destino fue la Villa de San Fernando de la Florida, y la Virgen acompañó ese traslado.
La tradición cuenta que los Treinta y Tres Orientales la veneraron durante la Cruzada Libertadora, que inclinaron ante ella su bandera tricolor y pidieron su protección. Aunque no existe un documento que permita establecer cuándo comenzó a llamarse Virgen de los Treinta y Tres, para mediados del siglo XIX esa denominación ya era utilizada por los fieles. El nombre quedó asociado a los protagonistas de la gesta independentista y al nacimiento del país.
En 1857 recibió una corona de oro donada por Manuel Oribe, segundo jefe de los Treinta y Tres Orientales y presidente de Uruguay entre 1835 y 1838. El regalo fue una forma de agradecimiento: Oribe sostenía que la Virgen había protegido a su familia durante un naufragio.
El reconocimiento de la Iglesia llegó durante el siglo XX. En 1961, el papa Juan XXIII concedió el privilegio de la coronación pontificia, en una ceremonia realizada en la Piedra Alta de Florida. Al año siguiente, el 21 de noviembre de 1962, la declaró oficialmente Patrona del Uruguay.
Su vínculo con la historia nacional también quedó reflejado durante la visita del papa Juan Pablo II a Florida, en mayo de 1988. El pontífice veneró la imagen y celebró una misa en la ciudad. En su homilía la definió como un «memorial de la historia de cada uno de vosotros, de cada familia, de todo el Uruguay», y señaló que la historia del país estaba ligada a esa representación de la Virgen.
Con el paso del tiempo, la Virgen de los Treinta y Tres también trascendió las fronteras uruguayas. En 2011 se entronizó una imagen en la Basílica de San Pedro y San Pablo de Praga, República Checa, y en mayo de 2022 se inauguró un mosaico con su figura en los Jardines Vaticanos.
Este domingo 8 de noviembre, la historia de la Virgen suma un nuevo capítulo con la visita del papa León XIV a Florida, donde participa de la celebración en honor a la patrona del Uruguay. Su presencia vuelve a poner en el centro a aquella pequeña talla de madera que, desde hace más de dos siglos, está ligada a la historia religiosa y nacional del país.
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