El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó sobre "la amplitud y la rapidez" de la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo, donde ya se reportan 131 fallecidos y 513 casos sospechosos de ébola.
La declaración de alerta sanitaria internacional busca contener la propagación del ébola en el centro de África, un brote complejo debido a la falta de tratamientos específicos para esta variante y el desplazamiento de poblaciones en zonas bajo control de grupos armados.
Una variante compleja y sin tratamiento efectivo
La actual crisis sanitaria encendió las alarmas de los organismos globales debido a las características genéticas del brote. Las autoridades confirmaron que no hay vacuna ni tratamiento específico para la cepa responsable del actual brote, llamada Bundibugyo.
Ante este escenario, la OMS comunicó que evalúa de forma urgente si alguna vacuna candidata o algún tratamiento se podría usar contra esta variante. La dificultad para aplicar herramientas terapéuticas tradicionales obliga a las delegaciones médicas a concentrar sus esfuerzos en el aislamiento rápido y el testeo constante.
La representante de la OMS en la República Democrática del Congo, Anne Ancia, ofreció un panorama austero sobre la evolución del escenario epidemiológico regional. "No creo que esta epidemia vaya a terminar en dos meses", advirtió la funcionaria, quien recordó que una epidemia anterior duró dos años. La especialista añadió que la magnitud del problema está directamente ligada a la capacidad operativa de los países involucrados: "La amplitud de la epidemia dependerá de la rapidez de nuestra respuesta". Para mitigar el impacto, el organismo coordinó el envío de toneladas de material sanitario, incluyendo tests y equipos de protección individual.
El presidente congoleño, Felix Tshisekedi, intentó llevar tranquilidad a los ciudadanos y aseguró que se pondrán en marcha todas las medidas necesarias para reforzar la respuesta sanitaria en las provincias afectadas.
Fronteras en riesgo y tensiones en el epicentro del brote
El foco geográfico de la enfermedad complica las tareas de contención médica debido a la inestabilidad social. El epicentro de la epidemia se encuentra en Ituri, una provincia del noreste de RDC, fronteriza con Uganda y Sudán del Sur. En esta región, rica en oro, se producen intensos movimientos de población a causa de la actividad minera, lo que acelera la dispersión del virus del ébola. Las autoridades sanitarias locales enfrentan, además, barreras culturales que retrasaron la atención de los primeros pacientes en las comunidades rurales.
El ministro de Salud congoleño, Samuel Roger Kamba, explicó que las creencias locales jugaron un rol perjudicial en las primeras semanas del brote. El secretario de Estado señaló que mucha gente de la comunidad pensaba "que era una enfermedad mística" y por ello "los enfermos no fueron llevados al hospital", lo cual contribuyó a que los contagios repuntaran. Esta situación facilitó que el virus avanzara hacia centros urbanos de gran densidad. Se reportó un caso en Goma, capital de Kivu Norte, una zona sensible que actualmente se encuentra en manos del grupo armado antigubernamental M23, lo que limita el acceso seguro de los equipos humanitarios.
La preocupación por una expansión regional llevó a la agencia sanitaria de la Unión Africana a declarar una emergencia de salud pública continental. Uganda ya registró su primer fallecido por el virus, correspondiente a una persona que había viajado desde el territorio congoleño. Ante la gravedad de la situación, la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja activó su máximo nivel de respuesta, mientras que Estados Unidos implementó controles aeroportuarios y restricciones de visados para viajeros provenientes de las zonas afectadas.
Con información de AFP
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