Para la dirigencia política uruguaya y los principales analistas de opinión pública, persiste la preocupación por el creciente desinterés y la baja participación de la ciudadanía en los asuntos públicos. Durante 2024 se hicieron más visibles -aunque no fueran nuevas- las señales de distanciamiento de buena parte de la población respecto de los partidos políticos, una tendencia que tuvo una de sus expresiones más notorias en la campaña electoral, calificada de “chata” por varios dirigentes y analistas, en una competencia que no entusiasmó y en la que no se percibieron grandes diferencias entre las propuestas del Frente Amplio (FA) y las de la coalición republicana.
Una encuesta de Factum, divulgada en enero de 2026 a partir de mediciones realizadas entre agosto y diciembre de 2025, mostró que el 28% de los uruguayos se declara desinteresado (9%) o descreído (19%) de la política. El fenómeno es algo más extendido entre los jóvenes de 18 a 33 años, donde ambas posturas reúnen al 31%, frente al 27% registrado entre los mayores de 62 años. Sin embargo, las diferencias por edad se hacen más marcadas cuando se desagregan ambas actitudes: el desinterés alcanza al 18% entre los jóvenes, frente al 6% de los mayores, mientras que el descreimiento sigue la tendencia inversa, con 21% entre los mayores de 62 años y 13% entre los menores de 33.
En diálogo con El País, el director de Factum, Eduardo Bottinelli, quien desde hace un tiempo advierte sobre el creciente desencanto con la política -un fenómeno que, aunque se presenta de forma más paulatina en Uruguay en relación con otros países, también comienza a manifestarse-, explicó que “a medida que se va creciendo en la vida, primero se está más lejos; después, uno se va interesando y, cuando se siente que la política no resuelve los problemas, se va generando el descreimiento”.
“Ocurre entre quienes ya tienen cierto interés. No es que a los jóvenes la política les resulte indiferente, aunque su nivel de interés es menor y, en consecuencia, también presentan menores niveles de descreimiento. Va aumentando a medida que la edad pasa. Si sumamos desinterés y descreimiento por edades no hay grandes diferencias, pero cuando separas una variable y la otra, sí. En un caso, no se siguen los temas ni se está preocupado por lo que pasa, mientras que el descreído directamente no cree que la política le solucione las cosas”, graficó. Agregó, en esta línea, que mientras los guarismos de desinterés se han mantenido relativamente estables, el incremento se ha dado principalmente entre quienes manifiestan pérdida de confianza.
Por su parte, informó La Diaria Radio, una encuesta de la Usina de Percepción Ciudadana reveló que el 35% de los consultados dijo que la política le importa “poco” y otro 6% respondió que “nada”. En conjunto, ambas respuestas alcanzan al 41% de los encuestados.
El diagnóstico es compartido por el director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar. Según consignó El Observador, el sociólogo advirtió que el humor de los uruguayos cambió en los últimos dos años y señaló que la desaprobación del gobierno también está condicionada por factores “exógenos” a los aciertos o errores de la administración de Yamandú Orsi, en un contexto marcado por un descontento a nivel global y por la incidencia cada vez mayor de las redes sociales en la dinámica política. Zuasnabar señaló que el contexto actual está marcado por la “lejanía hacia la política”, la baja confianza en los liderazgos y un proceso cada vez mayor de “desidentificación partidaria”.
En el caso del Frente Amplio (FA), por su singular estructura de partido de masas, el proceso de debilitamiento que atraviesa a las fuerzas políticas -transversalmente- se vuelve especialmente evidente. Así quedó de manifiesto el pasado 25 de agosto, en el Día del Comité, cuando en distintos locales la convocatoria reunió apenas a una o dos decenas de militantes y, en general, a personas de edad avanzada.
El caso del FA
Aunque algunos -incluso a la interna de la izquierda- consideran a los comités de base una herramienta obsoleta, la forma de militancia partidaria organizada que tiene el FA ha sido estudiada en Uruguay y es considerada por profesionales de la ciencia política como un caso extraordinario de América Latina y también si se lo compara a los partidos tradicionales.
En el libro Cómo sobrevive la militancia partidaria, Verónica Pérez, Rafael Piñeiro y Fernando Rosenblatt destacan el papel singular de los comités de base: son espacios territoriales de militancia con autonomía respecto de los sectores y sus dirigentes, pero que, a la vez, están integrados institucionalmente a la estructura de toma de decisiones del partido.
En un partido de masas como el FA, su función -subrayan los autores- es sostener una organización territorial permanente, generar militancia y conectar al partido con la sociedad. Pero, fundamentalmente, los comités mantienen autonomía respecto de los sectores, lo que impide que los principales dirigentes ejerzan un control vertical sobre la organización. No obstante, aunque el proceso impulsado por Fernando Pereira tras asumir como presidente de la fuerza política buscó ampliar la estructura militante -y lo logró- mediante la creación de más comités, la realidad del FA desde el gobierno también muestra, aunque se trata de un fenómeno que viene de antes, un declive visible en la participación, particularmente entre los jóvenes, como quedó en evidencia el 25 de agosto.
El principal referente del FA en análisis de opinión pública, Agustín Canzani, es consciente de que la caída en la militancia es una realidad que trasciende a una fuerza política. En diálogo con El País, sostuvo que el fenómeno responde a cambios sociales que están transformando la relación de la ciudadanía con la política y los partidos. “No estoy seguro de que sea un cambio que se verifique ahora o si viene de cierto tiempo atrás. Hay cambios sociales, comunicacionales y políticos que afectan como se vincula la gente con la política. Hay muchos análisis que se quedan pobres frente a la complejidad del problema, que se paran desde adentro de la política -o de cierto statu quo-. A nivel social hay cambios en las estructuras demográficas, que incluye una disminución del tamaño medio de los hogares, modificaciones en el mundo del trabajo, variaciones en los estilos de vida, nuevas formas de comunicarse entre las personas. Si vos sumás ese conjunto de variables no solo está en crisis la política, lo están los partidos y todas las formas de representación”, reflexionó el sociólogo.
En esta línea, cuestionó que los actuales análisis que se están haciendo en Uruguay son “muy endógenos” cuando se está “atravesando por un conjunto de cambios muy importantes en las sociedades que sedimentan en la política”. “Cualquier análisis politológico que hagamos se queda muy corto. Si no mirás la complejidad de los cambios sociales que estamos atravesando, no vas a entender los que se están dando en la política. Estamos en una incertidumbre que nadie sabe muy bien para dónde vamos”, advirtió. Consultado sobre si los jóvenes se han volcado más a la militancia social -agenda de derechos, por ejemplo- que partidaria y si eso repercute en el FA y su capacidad de centralizar demandas, Canzani respondió que también observa “una crisis en los movimientos sociales”. “El mejor ejemplo es el movimiento feminista. No hay que confundir la capacidad de movilización para el 8M, con la de ser un movimiento social que requiere de persistencia. El filósofo Edgar Morin dijo hace un tiempo: ‘Los indignados denuncian, pero no pueden enunciar’. Se vio con Podemos, en España, con la Primavera Árabe, también el Frente Amplio en Chile con su experiencia de gobierno, y es muy claro en las redes sociales. La gente se junta más para denunciar que para enunciar y los movimientos sociales, no solo los partidos, también están teniendo un problema de enunciación”, pensó.
Participación
Según datos de Cifra a los que accedió El País, en 2024, el 32% de los encuestados manifestó que pensaba participar en alguna actividad política. Entre quienes se identificaban con el FA, la proporción ascendía al 38%, mientras que entre los votantes del Partido Nacional era del 31%. En contraste, el 69% señaló que no tenía previsto hacerlo, porcentaje que se elevaba al 91% entre quienes pensaban votar en blanco. Cinco años antes, en 2019, 73% de los encuestados había señalado que no había participado en ningún acto político, mientras que 11% manifestó que tenía previsto hacerlo.
La militancia entre los partidos tradicionales
Considerando los contrastes en las características de la militancia y la estructura partidaria del FA y los partidos tradicionales -y partiendo de que, aunque amortiguado en Uruguay el problema atraviesa a todas las fuerzas políticas-, el sociólogo vinculado al Partido Nacional (PN) Óscar Licandro estableció una diferencia entre la militancia de los jóvenes blancos y la de los frenteamplistas. A su entender, los últimos forman parte del “aparato político” de manera orgánica desde mucho antes. “En el caso del PN, la militancia joven no es muy grande, es gurisada que no está metida en un aparato partidario. La izquierda siempre tuvo militantes rentados. Hay una tradición que permite ser full time y los partidos tradicionales no tienen esa costumbre. Son mucho más espontáneos -menos profesionales-, pero además tienen mayores limitaciones. A su vez eso te da frescura y rebeldía al no depender de nadie, conviviendo con estructuras partidarias más flexibles y menos organizadas. La izquierda lo tuvo, pero esa frescura la perdió a medida que se burocratizó. Tengas o no ideología, hay una cultura, valores, hábitos y una tradición que es inconsciente, la tenés incorporada”, opinó. No obstante, sobre el intento del PN de reconstruir épica a partir de la conmemoración de hitos históricos como Masoller o la reapertura del museo El Cordobés, dijo que el problema de ese tipo de acciones políticas es que convocan cada vez más a “una minoría”. “Ya no queda nadie que te cuente lo que pasó, es generacional. El FA tiene la épica de la dictadura y el PN la de la pandemia, pero es pequeña. Luis Lacalle Pou y el concepto de la libertad responsable ha revitalizado al partido, ha motivado a su juventud. Lo de la historia, como lo de Aparicio, está bien, se cultiva, pero sobre todo en gente con familia y tradición”, concluyó.