A raíz del artículo publicado el pasado domingo por el periodista Martín Tocar –en la sección Qué Pasa de El País– sobre la llegada al Parlamento de la discusión sobre la búsqueda de petróleo en Uruguay, el director de redacción del diario, Martín Aguirre, hizo una primera valoración sobre estos datos en su columna semanal con En Clave País.
“Por un lado en el sector político se empiezan a afilar los colmillos y a ver cómo se hace para gastar o qué se podría hacer con esos recursos o cómo administrarlos, ¿no? Porque hay dos dilemas: uno en la parte económica y otro en la parte ambiental”, apuntó Aguirre.
“En la parte económica es verdad que hay una cantidad de países que tienen petróleo y que su situación económica o social es bastante lastimosa”, agregó el director de redacción, citando casos como Nigeria o Venezuela; sin embargo, otros países, entre los que citó a los del Golfo, “hace 100 años eran pequeñas aldeas de pescadores y de criadores de ovejas y hoy son muy prósperos y han logrado darle a su gente un nivel de vida espectacular”.
“Falta de fe” en Uruguay
Por otra parte, Aguirre analizó “la poca fe, la poca autoconfianza, que hay en Uruguay”: “En Uruguay hay una reacción pesimista siempre ante cada posible buena noticia”.
“Si hay algo en lo que los uruguayos hemos sido más o menos exitosos incluso hasta de más es en generar institucionalidad. Pero me parece increíble que haya tan poca poca fe en nuestro país de no creer que somos capaces de generar una institucionalidad como para utilizar esos recursos de manera positiva”, enfatizó el director de redacción de El País y recordó que dentro de los proyectos que circulan ya se incluye la idea de generar un fondo para que la exploración petrolera no impacte en la economía y no genere más daño.
Impacto ambiental
El segundo dilema que se genera con la cuestión de la exploración petrolera en Uruguay es el posible impacto ambiental. Aunque reconoció ser un amante del mar y resaltó la importancia de cuidar del medio ambiente, para Aguirre “lo que resulta un poco irritante del debate actual político es cómo hay determinadas organizaciones que tienen un nivel de impacto en el debate público, en la opinión pública, sin medir un poco las consecuencias”.
“Muchas de estas organizaciones que ya están en contra apenas de la exploración, también están en contra de la forestación, de la soja, de Arazatí, del proyecto Neptuno, de todas las cosas que más o menos uno cree que pueden generar un poco de de prosperidad, siempre aparece una voz que dice, ‘no, no, no, no’, como si fuéramos Noruega”, lamentó.
“Yo creo que es necesario imponer el máximo control ambiental, pero también creo que debería haber una manera de poder explotar la riqueza sin generar un daño ambiental”, agregó y recordó que “un ingreso de US$ 1.500 o US$ 2.000 millones al año nos permitiría darles un nivel de vida apropiado a una cantidad de uruguayos que hoy están naciendo en situaciones penosas”.
Puso por ejemplo en caso de los Bañados de Carrasco, donde meses atrás se generó controversia por un posible proyecto inmobiliario: “Inmediatamente que surgió un proyecto inmobiliario en los Bañados de Carrasco surgieron una cantidad de voces reclamando el cuidado ambiental. Y fuimos con el diario a hacer un video y era un una mugrera. Estaba lleno de bolsas de basura por todos lados. Recién parece que salta la preocupación ambiental cuando existe la posibilidad de algún tipo de desarrollo económico”.
“No puede ser que siempre nos estemos privando de eso antes de siquiera estudiarlo porque hay algún sector que plantea reparos que pueden ser muy valiosos, pero que cuando uno los ve en el acumulado parecería que viviéramos siempre en la época de las cavernas. (...) Me parece que como país sería tremendamente miope privarnos de la posibilidad, a menos que haya elementos concretos que generen un daño que sea irreversible”, remarcó.