EL AVANCE DE LA PANDEMIA

Daniel Salinas plantea más horas presenciales de clase en las escuelas

El ministro de Salud informó su posición al resto del Ejecutivo. La visión de las autoridades sanitarias coincide con la recomendación del grupo asesor científico.

Las autoridades de la educación tienen que aterrizar el visto bueno para aumentar la presencialidad en los centros educativos. Foto: Francisco Flores
Las autoridades de la educación tienen que aterrizar el visto bueno para aumentar la presencialidad en los centros educativos. Foto: Francisco Flores

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En julio, cuando la pandemia no llevaba siquiera un semestre, las escuelas uruguayas ya estaban reabiertas. Pero en el 85% de estos centros educativos, los niños asistieron a clases presenciales cuatro o menos días en el mes.

En los jardines más vulnerables -esos que se llaman Aprender-, los niños solo concurrieron el 40% de los días que fueron convocados. Y estos datos que salen del sistema informático GURI suponen que, aquellos que ya venían en desventaja, la tendrán todavía más difícil en su ingreso a la escuela.

Ante este escenario, las autoridades educativas volvieron a insistir en la necesidad de aumentar la presencialidad. Se trata de un deseo que choca con tres obstáculos: el protocolo sanitario establece un tope de horas en el aula (cuatro en las escuelas comunes y seis en los liceos y UTU), fija una distancia entre los bancos que imposibilita, en algunos centros educativos, que todo el grupo asista a la vez, y, mientras dure la emergencia sanitaria, la obligatoriedad de la concurrencia está suspendida y el Estado carece de instrumentos para persuadir a los padres de que envíen a sus hijos a clase.

La buena noticia es que Uruguay está en un escenario en que puede discutir estos asuntos, dijo el ministro de Salud, Daniel Salinas, porque “si estuviéramos en Brasil, Argentina o Chile no tendríamos este intercambio y el problema serían los muertos”. Por eso, señaló y así lo ha informado al resto del Ejecutivo, él es “proclive a una mayor apertura de las escuelas”.

Uruguay integra el selecto grupo de 36 países que, según el análisis de más de 4.000 científicos en la plataforma End Coronavirus, vienen venciendo al COVID-19. Eso, más la necesidad de que los niños concurran a clase y que los más desprotegidos se aseguren “una correcta ingesta proteico-calórica” llevó a que el Ministerio de Salud recomendara la reapertura de los comedores escolares.

Esta recomendación está sujeta a un entramado logístico que supone coordinar los tiempos de comida por cohortes: para que los alumnos del Grupo A no estén en simultáneo al Grupo B. Y, en la medida de lo posible, acotaron las autoridades sanitarias, implica la adaptación de los salones de clase para que se pueda almorzar allí y luego higienizar.

Pero además de la necesidad (de más presencialidad y vuelta de los comedores), y del escenario de la pandemia en Uruguay, ahora se suma la evidencia científica. Las escuelas no juegan un papel central en la transmisión del coronavirus, aunque su capacidad como propagadoras está ligada también al nivel de contagio que exista en una comunidad, resaltó ayer el director regional para Europa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Hans Kluge.

Daniel Salinas, ministro de Salud Pública. Foto: Fernando Ponzetto
Daniel Salinas, ministro de Salud Pública. Foto: Fernando Ponzetto

El jerarca de la OMS advirtió que “este ha sido el mayor trastorno en la historia de la educación, con 1.600 millones de escolares afectados en 190 países” e instó a los países a priorizar la apertura de centros educativos acorde estén dadas las condiciones sanitarias.

En esa misma línea, las autoridades británicas anunciaron que, tras el análisis de 1.646.000 niños, apenas se detectaron 70 casos positivos del COVID-19 en la reapertura de escuelas tras el receso estival. Y, en ese sentido, “solo el 0,01% de los centros educativos sufrió un brote”.

Se trata de una conclusión a la que, con otras fuentes, habían llegado los pediatras del grupo de científicos que asesoran a la Presidencia de la República en Uruguay.

El País había informado hace dos jueves que estos médicos habían elevado la recomendación de aumentar la presencialidad. Y el miércoles la Secretaría Nacional de Ciencias hizo público ese informe de recomendación: “Considerando el menor rol en la diseminación de la infección en menores de 10-12, que cuando los niños concurren menos a la escuela en vez de tener más contactos con sus pares lo hacen con adultos y muchas veces de riesgo, sumado a los efectos adversos de la menor concurrencia escolar en niños y familias, que afecta mayormente al sistema educativo público más poblado en la situación actual del país, este grupo considera que se puede avanzar en el aumento de la presencialidad en centros educativos”.

Más allá de lo pedagógico y alimenticio, los pediatras explicaban que la falta de contacto con los pares escolares trae secuelas psíquicas. “La convivencia forzosa en un entorno familiar, con padres que sufren problemas económicos y de salud mental, expone a los niños al riesgo de sufrir comportamientos violentos”.

Por todo lo expuesto, y en sintonía con el ministro de Salud, dejaron en manos de las autoridades educativas la posibilidad de aumentar la carga horaria de presencialidad y hacer diferencias “según la situación epidemiológica de cada lugar (en frontera no aumentar tanto como en el centro del territorio nacional)”.

El indicador que da ánimo a los centros educativos

Entre las siglas y letras que la humanidad aprendió con el COVID-19 hay una que da esperanzas a las escuelas: Rt. El número reproductivo de la epidemia (la cantidad de casos secundarios producidos por un infectado primario en cada día) es un indicador que algunos países usan para autorizar la presencialidad en centros educativos. Cuando este indicador está “muy por debajo de uno”, durante un tiempo, indica que la pandemia tenderá a acabar. Y en Uruguay, con los nueve casos positivos de ayer, el Rt lleva seis días por debajo de uno.

Aprueban técnica para detectar el virus en menos de una hora
Estudio del coronavirus COVID-19. Foto: AFP

Los análisis moleculares que usan la técnica de PCR en tiempo real, esos que Uruguay usa para el diagnóstico del COVID-19, siguen siendo los recomendados. Pero a efectos de agilizar el examen y abaratar costos de equipamiento en zonas rurales o puntos estratégicos que requieran de un diagnóstico rápido, científicos del Institut Pasteur de Montevideo y la Universidad de la República habían desarrollado un nuevo método en base a la técnica LAMP (surgida hace dos décadas) y que ahora fue aprobada por el Ministerio de Salud Pública.

La sensibilidad de la técnica es muy similar al de PCR y el paso a paso del análisis también. De hecho, requiere del mismo tipo de hisopado, con la diferencia de que en lugar de ser analizado en una costosa máquina que amplifica la carga genética del virus, en LAMP basta con adherir una gota de reactivo que convierte a la muestra en color amarillo si es positivo o rosado si es negativo. Los investigadores uruguayos probaron la opción de hacer el examen con la saliva, pero notaron que la sensibilidad no era la misma.

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