«Uruguay fue visionario al establecer beneficios fiscales y armar regulaciones de empleo distintas a las de otros países de Latinoamérica. Eso generó un desarrollo de la industria de servicios de software y tecnología a mayor velocidad que en otros países. Además, genera capacidades tecnológicas muy altas de capital humano que fortalecieron la industria». La apreciación pertenece al argentino Andrew Burgert, fundador de Elaxtra Advisors -un banco de inversión neoyorquino especializado en consultoría para fusiones y adquisiciones de empresas de servicios tecnológicos- y fundador y managing partner de Alten Capital, fondo de private equity creado en 2015 que invierte en compañías de servicios de tecnología de alto crecimiento.
Según detalló, con Elaxtra ha participado en operaciones por US$ 13.000 millones en dos décadas, entre ellas Qubika, empresa uruguaya que surgió de la unión de las tecnológicas locales Moove-IT y December Labs, con el respaldo del fondo Recognize en 2023. Además, en 2009 creó Nextive, una startup de desarrollo móvil en San Francisco, California, que escaló a 150 personas y vendió a Globant en 2011.
Burgert visitó Uruguay esta semana para reunirse con varias compañías tecnológicas locales de servicios, evaluar estructuración o cambios en sus negocios y, eventualmente, avanzar en futuras operaciones, según contó a El Empresario.
El ejecutivo comenzó a explorar el mercado local justo antes de la pandemia y resalta su atractivo. Ese punto de inflexión «destrabó la demanda de nearshore -la tercerización de servicios en países cercanos- y aquellos con mejor calidad y capacidad de respuesta, entre ellos Uruguay, fueron los que mejor capturaron esa demanda», señaló.
Esa calidad, aseguró, explica la ola de inversiones y adquisiciones que puso a Uruguay en el mapa de fondos e inversores de Estados Unidos en los últimos años. «El interés por invertir o comprar en Uruguay es constante. Lo veo como la neutralidad máxima de Latinoamérica, en donde todo es posible a nivel de negocios porque hay estabilidad y tiene una muy buena conectividad intelectual. Es un país aprobado para invertir desde Estados Unidos y Europa, por eso aparecen estas transacciones. Cuando inversores y empresas miran a Uruguay, lo aprueban y aceptan para invertir, distinto a otros países de Latinoamérica, donde muchas veces es un no. De hecho, estamos en plena operación con una empresa de servicios».
Al definir qué evalúa en una compañía antes de invertir o reestructurar una venta, Burgert remarcó que debe tener una facturación de entre US$ 30 millones y US$ 70 millones anuales y que el múltiplo de compra puede ubicarse entre dos y cinco veces la facturación. Luego, al examinar en detalle la compañía, analiza su escala, márgenes y crecimiento.
«Para invertir, debe tener un mínimo de US$ 5 millones de revenue, crecimiento de 25% anual y altos márgenes. En lo cualitativo, analizamos sus clientes, el nivel de persistencia que tienen, el tipo de servicios que brindan y si operan en un nicho de una vertical específica o de forma horizontal, como Tryolabs (adquirida por Qubika este año), que se especializa en machine learning y sus servicios pueden aplicarse a muchas industrias», detalló.
Servicios, su apuesta
Al responder por qué apunta a empresas de servicios de software, aclaró que si bien existe un auge por las firmas de productos, «no significa que el valor que proveen los servicios se disipe».
En una industria de tecnología que mueve unos US$ 5.000 billones a nivel global, US$ 1.500 billones corresponden a hardware, US$ 2.000 billones al software que corre sobre ese hardware y los servicios representan US$ 1.500 billones. Entonces, «si no tuvieras servicios, no podés hacer funcionar lo de abajo», resumió, y reconoció que el avance de la inteligencia artificial cambió la forma en que hay que cobrarlos.
«No se debe cobrar por hora-hombre sino por resultado; hay que desvincular la facturación de la cantidad de gente que se contrate y apuntar a un valor que esté atado al resultado que la solución genera. Y en esto, Uruguay vuelve a estar muy bien posicionado, porque hay calidad», concluyó.
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