¿Qué tienen en común Marcos Galperin y Tefi Russo? A simple vista, absolutamente nada. Uno fundó Mercado Libre, la compañía de comercio electrónico y tecnología más grande de América Latina. La otra convirtió Inutilísimas en una de las comunidades gastronómicas más grandes de Argentina.
Sin embargo, ambos entendieron algo que muchas personas—y también muchas empresas— todavía no terminan de comprender: la confianza no se construye pareciendo perfectos. Se construye animándose a mostrar las propias imperfecciones.
Hace unos meses, Galperin repasó los primeros 25 años de Mercado Libre. Podría haber contado la historia como suelen hacerlo muchos fundadores, relatando una sucesión de decisiones brillantes que llevaron inevitablemente al éxito. Sin embargo, eligió hacer exactamente lo contrario.
Habló de los errores. De los tropiezos. De las decisiones que no salieron como esperaba. Y pasó algo interesante: su credibilidad no disminuyó; se fortaleció.
Tefi Russo hizo algo similar, aunque en un mundo completamente distinto. Construyó Inutilísimas mostrando recetas que no siempre salían bien. Errores que no editaba. Dudas que otros preferían ocultar.
Nunca intentó parecer perfecta. Y, justamente por eso, millones de personas confiaron en ella.
Esto no responde solo a una intuición. Investigaciones publicadas en Harvard Business Review muestran que los líderes que reconocen errores o incertidumbres —cuando esa apertura está respaldada por competencia— generan más confianza que quienes intentan mostrarse infalibles.
Esa idea explica uno de los grandes cambios que estamos viviendo. Durante años pensamos que una buena marca personal consistía en eliminar cualquier imperfección, mostrar siempre la mejor versión, no incomodar y no equivocarse. Pero vivimos en una época en la que la inteligencia artificial puede escribir discursos impecables, corregir nuestros textos, mejorar nuestras fotos y hacer que cualquiera parezca perfecto.
Entonces ocurrió algo inesperado: la perfección dejó de ser un diferencial.
Cuando cualquiera puede proyectar una imagen impecable, lo que vuelve valiosa a una persona es la honestidad.
No es que la gente admire el error, sino que valora la autenticidad. Y quizás esa lección sea una de las más importantes para cualquier profesional, cualquier líder y cualquier empresa.
Durante mucho tiempo, la ventaja competitiva fue parecer perfecto. En los próximos años, lo que marcará la diferencia será animarse a parecer humano.
Porque la perfección impresiona. Pero la confianza nace cuando descubrimos que detrás del perfil, de la imagen o del algoritmo, sigue habiendo una persona.
Consultora en comunicación corporativa