Los gatos tienen una capacidad muy particular para disimular molestias, dolor o enfermedad. Ese comportamiento, heredado de sus antepasados silvestres, les permite evitar mostrarse vulnerables. Por eso, ciertos signos que parecen menores pueden ser, en realidad, una advertencia temprana de que algo no anda bien.
Uno de los síntomas que más suelen pasar desapercibidos es el vómito. Muchos tutores lo consideran algo “normal”, asociado a las bolas de pelo o a que el animal comió demasiado rápido. Sin embargo, especialistas veterinarios señalan que, en algunos casos, puede ser una señal de enfermedad.
Cuando el vómito deja de ser ocasional
Aunque un gato puede vomitar de forma esporádica sin que eso implique necesariamente un problema grave, la situación cambia cuando los episodios se vuelven frecuentes o aparecen junto a otros síntomas, como pérdida de peso, decaimiento o falta de apetito.
En esos casos, los veterinarios recomiendan prestar atención. Durante el vómito, el gato suele mostrarse inquieto, salivar más de lo habitual, adoptar una postura particular y hacer esfuerzo abdominal antes de expulsar el contenido del estómago.
Esa situación muchas veces se confunde con la regurgitación, que ocurre sin esfuerzo y generalmente expulsa alimento sin digerir proveniente del esófago. La diferencia puede parecer menor, pero ayuda al veterinario a orientar el diagnóstico.
También puede ser útil que el tutor observe algunos detalles: con qué frecuencia ocurre, cuánto vomita el animal y en qué momento sucede. Incluso, aunque resulte desagradable, conviene notar si hay sangre, espuma blanca, líquido amarillento o presencia de objetos extraños.
Si el gato mantiene el apetito, sigue activo y no pierde peso, un episodio aislado podría no representar una urgencia. Pero si los vómitos se repiten varias veces en el día o en la semana, o aparecen acompañados de diarrea, apatía, sed excesiva, sangre, adelgazamiento o falta de higiene, la consulta veterinaria pasa a ser necesaria.
El mito de las bolas de pelo
Las bolas de pelo son una de las principales razones por las que muchas personas naturalizan el vómito en gatos. Al acicalarse, los felinos ingieren pelo que generalmente elimina por materia fecal. Sin embargo, parte de ese pelo puede acumularse y formar masas que luego expulsan.
Estas suelen tener forma cilíndrica y húmeda, y pueden aparecer junto con saliva, bilis o restos de alimento.
Especialistas del Centro de Medicina Felina de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, señalan que expulsar bolas de pelo de manera ocasional puede considerarse esperable, incluso cada una o dos semanas. Pero advierten que los vómitos frecuentes o acompañados de otros síntomas no deberían minimizarse, ya que incluso las bolas de pelo pueden provocar obstrucciones o atragantamientos.
Los gatos de pelo largo suelen expulsar más pelo que los de pelo corto, especialmente durante las épocas de muda. Aun así, si el animal hace esfuerzo y no logra expulsar nada, deja de comer o beber, se esconde o se muestra incómodo, puede haber otras causas detrás.
El aumento de bolas de pelo puede estar relacionado con estrés, alergias, problemas dermatológicos, enfermedades intestinales, parásitos, dolor o alteraciones digestivas.
Las distintas causas detrás del vómito
El vómito en gatos puede tener múltiples orígenes. A veces ocurre porque el animal comió demasiado rápido, hubo un cambio brusco de alimentación o ingirió algo que no debía. También puede relacionarse con sustancias tóxicas, parásitos o cuerpos extraños.
Pero existen causas más complejas, como gastritis, enfermedades inflamatorias intestinales o trastornos renales, hepáticos, pancreáticos y hormonales.
Además, no todo responde a un problema físico. El estrés, la ansiedad, los cambios de rutina o modificaciones en el entorno también pueden desencadenar episodios de vómito.
Qué señales requieren consulta urgente
Los especialistas coinciden en que lo más importante es observar la frecuencia y el contexto en el que aparece el síntoma.
Según el Centro de Medicina Felina de la Universidad de Cornell, es importante consultar cuando el gato está decaído, adelgaza, presenta dolor abdominal o deja de comer. Este último punto es especialmente delicado, ya que los gatos toleran mal los ayunos prolongados y pueden desarrollar complicaciones hepáticas.
Los veterinarios también insisten en no automedicar. Medicamentos utilizados en personas pueden resultar peligrosos para los gatos y las dosis usadas en perros no deben aplicarse sin supervisión profesional. Tampoco recomiendan recurrir a remedios caseros, infusiones, aceites o dietas improvisadas.
Entre las medidas preventivas, destacan el cepillado regular —más frecuente en gatos de pelo largo—, evitar cambios bruscos de alimentación, mantener objetos peligrosos fuera de su alcance y cumplir con la desparasitación y vacunación.
La principal recomendación, de todos modos, es no naturalizar el vómito frecuente. En muchos casos, puede ser la primera señal de que el gato necesita atención veterinaria.
En base a El Tiempo/GDA
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