Un experto en longevidad explica los dos factores clave para dormir mejor: la luz y la temperatura

Marcos Vázquez señala que la sincronización del ritmo circadiano y la regulación térmica son fundamentales para el descanso.

Mujeres. Foto: Pixabay
Mujeres. Foto: Pixabay

Dormir bien es uno de los pilares de la salud y la longevidad. Para Marcos Vázquez, divulgador especializado en salud, hay dos factores fundamentales para mejorar el descanso: respetar el ritmo circadiano y regular la temperatura corporal.

Ambos están vinculados con señales ambientales que el organismo reconoce desde hace miles de años, como la luz y el frío.

Durante una entrevista en el pódcast La Fórmula del Éxito, Vázquez explicó que el cuerpo humano conserva mecanismos biológicos que responden a las condiciones naturales del entorno. “¿Qué pasaba en la sabana africana cuando se ponía el sol? Dos cosas: oscuridad y frío. Esas dos señales son lo que señaliza nuestro cerebro para decir que es el momento de dormir”, afirmó.

A partir de esta idea, recomienda preparar el dormitorio para favorecer el descanso, con la menor cantidad de luz posible y una temperatura ligeramente fresca.

Pareja de adultos mayores. Foto: Pixabay
Pareja de adultos mayores. Foto: Pixabay

La importancia de la luz y la temperatura

El ritmo circadiano regula distintos procesos del organismo a lo largo del día. Para mantenerlo sincronizado, Vázquez destaca la importancia de exponerse a la luz solar durante las horas diurnas y reducir la iluminación artificial por la noche.

El uso de pantallas y la exposición a luces intensas en las horas previas al sueño pueden interferir con la producción de melatonina, una hormona que participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia. Por eso, el especialista también aconseja establecer una rutina antes de acostarse que ayude a disminuir la actividad y preparar al organismo para el descanso.

La temperatura corporal es el segundo factor que considera determinante. En este sentido, Vázquez menciona el sauna como una posible herramienta para favorecer el sueño, siempre que se utilice en un momento adecuado.

Según explica, la exposición al calor provoca una respuesta de regulación térmica: el cuerpo lleva calor hacia la piel y las extremidades para facilitar su disipación. Después de la sesión, el organismo comienza a perder calor, un proceso que, de acuerdo con el divulgador, puede contribuir a descansar mejor.

Qué comer antes de acostarse

La alimentación también forma parte de las recomendaciones de Vázquez. El especialista propone evitar las cenas demasiado abundantes y dejar pasar entre dos y tres horas entre la última comida y el momento de irse a dormir.

El objetivo es evitar que la digestión interfiera con los procesos fisiológicos asociados al descenso de la temperatura corporal que acompaña al sueño.

Más allá de las estrategias puntuales, Vázquez sostiene que el bienestar depende de hábitos consistentes. La actividad física, una alimentación adecuada y el contacto social forman parte de los pilares que destaca, por encima de la búsqueda de soluciones rápidas mediante suplementos o tratamientos de moda.

Adulto mayor insomnio, dormir
Mujer adulta con insomnio no puede dormir por la noche.
Foto: Freepik.

Constancia antes que soluciones mágicas

El divulgador también advierte sobre una contradicción de la vida actual: mientras crece el interés por los gimnasios y los alimentos saludables, aumentan los problemas de salud asociados con la obesidad y la diabetes.

“Si no decides cuidarte y te dejas arrastrar, la sociedad nos sigue llevando hacia los malos hábitos”, señaló.

Para Vázquez, la clave está en sostener rutinas que puedan mantenerse a largo plazo, en lugar de recurrir a esfuerzos aislados o fórmulas que prometen resultados inmediatos. En el caso del descanso, esto implica atender las señales de luz y temperatura, cuidar los horarios y mantener hábitos cotidianos que favorezcan el sueño.

En base a La Nación/GDA

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