Llegar a la vejez con una buena calidad de vida depende de múltiples factores, pero las decisiones cotidianas juegan un rol determinante a largo plazo. Mantenerse en movimiento, cuidar la alimentación, atender la audición y la visión, y encarar la jubilación con proyectos activos forman parte de un abanico de hábitos esenciales para preservar las facultades físicas y cognitivas.
En ese marco, la geriatra Elizabeth Eckstrom, docente de Medicina en la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, enfatiza que nunca es tarde para incorporar rutinas saludables. Según la especialista, la longevidad no deviene de una acción aislada, sino de la constancia en un conjunto de conductas a lo largo de los años.
Dentro de las recomendaciones clave para resguardar la autonomía se destacan:
- Priorizar el ejercicio físico: el movimiento regular favorece el descanso, ayuda a controlar el peso y preserva la movilidad.
- Proteger la audición y la visión: prevenir o tratar fallas sensoriales estimula el vínculo social y reduce el riesgo de aislamiento y deterioro cognitivo.
- Seguir una alimentación nutritiva: esquemas como la dieta mediterránea se asocian con una menor pérdida de facultades intelectuales.
- Evitar el tabaco y acotar el alcohol: prescindir del cigarrillo y moderar las bebidas alcohólicas protege el sistema cardiovascular y neurológico.
- Mantenerse activo tras el retiro: continuar con desafíos intelectuales, físicos y sociales aporta bienestar y sentido de propósito.
El impacto directo en el rendimiento cerebral
Dentro del abanico de hábitos recomendados, el tai chi ocupa una posición destacada debido a sus efectos integrales. Eckstrom señala que sostener esta práctica entre dos y tres horas semanales puede significar entre tres y seis años adicionales de vida cerebral saludable.
A estos beneficios se suma su impacto positivo en el control de la presión arterial, la reducción del colesterol y el alivio de dolores crónicos. Por este motivo, la sugerencia médica apunta a comenzar con esta disciplina desde edades tempranas y mantenerla a lo largo de las distintas etapas vitales.
Menor riesgo de caídas frente a otros ejercicios
El valor de esta disciplina fue ratificado por un ensayo clínico impulsado desde la Universidad de Stanford, en el que se evaluó a 670 personas de 70 años o más con antecedentes de caídas o dificultades de movilidad. Los participantes se dividieron en tres grupos que entrenaron dos veces por semana durante seis meses: uno practicó tai chi adaptado, otro realizó ejercicios convencionales de fuerza y aeróbicos, y el tercero hizo estiramientos.
Al cabo del período de seguimiento, los registros médicos revelaron notables diferencias:
- Grupo de tai chi: contabilizó 152 caídas entre 85 participantes.
- Grupo de ejercicio convencional: registró 218 caídas entre 112 personas.
- Grupo de estiramientos: acumuló 363 caídas entre 127 personas.
Los datos confirmaron la superioridad de esta disciplina oriental para mejorar el equilibrio y prevenir accidentes en adultos mayores con riesgo elevado.
Esta práctica se basa en movimientos lentos, fluidos y coordinados que demandan concentración. Al emplear variantes simplificadas —que incluso pueden iniciarse en una silla antes de pasar a la postura de pie—, permite trabajar la estabilidad del tronco, ganar fuerza postural y devolver la confianza al caminar de forma segura.
En base a La Nación/GDA