Un estudio reciente publicado en Nature Medicine por el consorcio GBD 2023 IHD & Dietary Risk Factors Collaborators señala que cerca de 4 millones de personas mueren cada año por infartos asociados a dietas con bajo consumo de verduras y cereales integrales.
La investigación analizó información de más de 200 países a lo largo de tres décadas, incluyendo encuestas alimentarias, registros de mortalidad y datos sobre enfermedades cardiovasculares. A partir de ese cruce, los investigadores identificaron patrones consistentes que vinculan la calidad de la dieta con el riesgo de infarto.
Según los especialistas, una ingesta insuficiente de alimentos considerados protectores —como legumbres, frutos secos, semillas y cereales integrales— aumenta la probabilidad de desarrollar cardiopatías, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones. Incluso cambios modestos en la alimentación podrían tener un impacto significativo en la reducción de muertes prematuras.
El estudio también subraya que la falta de frutas y verduras frescas contribuye a procesos como la hipertensión, la inflamación crónica y los trastornos metabólicos, todos factores que elevan el riesgo cardiovascular. Estas carencias nutricionales, advierten, representan un problema de salud pública a escala global, especialmente en contextos con menor acceso a alimentos frescos.
Otro de los puntos destacados es que la mortalidad por infarto no se explica únicamente por el exceso de sodio, azúcar o productos ultraprocesados, sino también por la ausencia de nutrientes esenciales en la dieta. Esta perspectiva amplía el enfoque tradicional y pone el acento tanto en lo que se consume en exceso como en lo que falta.
Las regiones con menor disponibilidad de alimentos frescos presentan mayores tasas de mortalidad por enfermedades cardíacas, lo que evidencia la relación entre alimentación, desigualdad social y salud. En ese sentido, los investigadores plantean que mejorar el acceso a productos nutritivos podría contribuir a reducir estas brechas.
El trabajo concluye que adoptar dietas equilibradas, con mayor presencia de verduras, frutas, cereales integrales y otros alimentos protectores, permitiría prevenir millones de muertes al año. Además, enfatiza la necesidad de políticas públicas y estrategias de educación alimentaria que promuevan cambios sostenidos en la población.
Entre las recomendaciones generales se incluye aumentar el consumo de verduras variadas, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y grasas saludables, y reducir la ingesta de ultraprocesados. También se destaca la importancia de acompañar la alimentación con actividad física regular y el control de factores de riesgo cardiovascular.
Para los especialistas, avanzar en programas de educación nutricional y garantizar el acceso a alimentos saludables y asequibles son medidas clave para disminuir la incidencia de infartos, especialmente en comunidades más vulnerables. En esa línea, mejorar la alimentación aparece no solo como una decisión individual, sino como una herramienta central de salud pública.
En base a El Tiempo/GDA
-
El enemigo invisible en tu bolsillo: por qué tu celular podría estar arruinando tu piel sin que te des cuenta
De no poder sentarse a participar en carreras: la historia de Alejandra contra el cáncer de mama
¿Por qué los gatos eligen a una persona? La ciencia detrás del apego seguro y la confianza felina