Las rutinas de cuidado facial suelen enfocarse en cremas, limpieza y hábitos diarios, pero hay un factor menos evidente que también puede influir en la piel: el uso del celular. Este objeto, presente durante gran parte del día, entra en contacto constante con manos, superficies y rostro, lo que lo convierte en un posible vehículo de impurezas.
En la superficie del teléfono se acumulan restos de grasa, sudor, maquillaje, polvo y bacterias. Al apoyarlo contra la cara, especialmente durante llamadas, esos residuos pueden transferirse a la piel. A esto se suman el calor que emite el dispositivo y la fricción, factores que pueden afectar la barrera cutánea y favorecer la obstrucción de los poros.
Aunque no existe una condición médica formal denominada “acné por celular”, los especialistas observan cada vez más casos en los que su uso parece influir en brotes cutáneos. No se trata de una causa única, sino de la combinación entre suciedad, contacto repetido y manipulación frecuente del rostro.
El médico Munir Somji señala que la acumulación de residuos en la pantalla puede trasladarse directamente a zonas como mejillas o mandíbula. En la misma línea, el dermatólogo Derrick Phillips ha identificado pacientes con acné localizado en un solo lado del rostro, coincidente con el lado en el que sostienen el teléfono.
Este patrón sugiere una relación, aunque los expertos aclaran que el celular no suele ser el origen del acné, sino un factor que puede empeorarlo, especialmente en pieles grasas, sensibles o con tendencia a brotes. Cabe recordar que esta condición es frecuente: afecta a gran parte de los jóvenes y tiene una presencia significativa a nivel global.
Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan medidas simples:
- Limpiar regularmente la pantalla y la funda con productos adecuados.
- Evitar el uso de sustancias agresivas que puedan dañar el dispositivo.
- Utilizar auriculares o manos libres para limitar el contacto con la cara.
- No manipular el celular con manos sucias.
- Evitar apoyarlo sobre la piel después de hacer ejercicio o con maquillaje reciente.
Más allá del acné: posibles alergias
El uso del teléfono también se ha vinculado con casos de dermatitis de contacto. Algunos dispositivos contienen metales como níquel o cobalto, capaces de provocar reacciones alérgicas en personas sensibles.
Estas manifestaciones no se presentan como acné, sino como enrojecimiento, picazón, descamación o eccema en áreas de contacto como mejillas, orejas o manos. La alergia al níquel, por ejemplo, es relativamente común en la población.
En caso de irritaciones persistentes o brotes frecuentes, se aconseja consultar con un dermatólogo. Incorporar estos cuidados puede ayudar a minimizar el impacto de un objeto cotidiano que, aunque pasa desapercibido, también forma parte del entorno de la piel.
Con base en El Tiempo/GDA