Un nuevo estudio científico realizado por investigadores de la Universidad de Bath y el King's College London, en el Reino Unido, concluyó que el consumo de marihuana está asociado con un menor volumen de la amígdala, una estructura cerebral clave en la regulación de las emociones, como el placer, el miedo, la ansiedad y la ira.
El trabajo, publicado en la revista científica Addiction, también analizó el consumo de tabaco y encontró una relación con la reducción del volumen cerebral, no solo en la amígdala, sino también en otras áreas como la ínsula, el pálido y la materia gris, todas vinculadas al procesamiento emocional.
La investigación corresponde a una revisión sistemática y metaanálisis, un tipo de estudio que integra resultados de múltiples trabajos científicos. En total, los investigadores analizaron 103 estudios sobre cannabis y tabaco, de los cuales 77 fueron incluidos en el análisis final, sumando 142.200 participantes.
Los científicos evaluaron el volumen cerebral en 33 regiones del cerebro, tanto corticales como subcorticales, mediante resonancia magnética. En comparación con los controles (personas que no consumían estas sustancias), quienes consumían marihuana presentaban una amígdala más pequeña.
Por su parte, los consumidores de tabaco mostraron una disminución en la ínsula, el pálido y la materia gris total, además de indicios —aunque más débiles— de reducción en el hipocampo.
Los investigadores aclaran que se trata de estudios observacionales, lo que significa que identifican una asociación, pero no permiten establecer una relación causal directa entre el consumo de estas sustancias y los cambios en el cerebro. Por ello, destacan la necesidad de más investigación científica.
Aun así, señalan que los resultados coinciden con otros estudios que advierten sobre el impacto del cannabis y el tabaco en la salud cerebral, posiblemente debido a sus componentes psicoactivos.
“Por ejemplo, el THC (tetrahidrocannabinol) puede provocar alteraciones estructurales, como la reducción del número de sinapsis, la disminución de la densidad neuronal y cambios en la complejidad dendrítica”, explican los autores.
De forma similar, agregan que la nicotina se ha vinculado con la pérdida celular, alteraciones en el tamaño de las células neuronales y una menor longitud y complejidad de las dendritas. Además, las regiones afectadas presentan alta densidad de receptores nicotínicos.
Otro factor relevante es el daño asociado a la combustión del tabaco, que genera especies reactivas de oxígeno, responsables de estrés oxidativo e inflamación, procesos que pueden conducir a la muerte neuronal.
Los expertos sostienen que comprender los efectos neurobiológicos del cannabis y el tabaco puede contribuir al diseño de estrategias de salud pública y a mejorar la prevención del consumo de sustancias. También recomiendan que los profesionales de la salud informen a los pacientes sobre los posibles daños cerebrales, del mismo modo que ya se advierte sobre enfermedades como el cáncer de pulmón.
Datos recientes muestran un aumento significativo en el consumo de marihuana, especialmente entre jóvenes adultos. La mayor prevalencia se registra en el grupo de 18 a 24 años, donde una proporción considerable ha probado cannabis alguna vez, y un porcentaje relevante mantiene un consumo habitual. Además, la edad de inicio suele situarse alrededor de los 18 años, con muchos casos que comienzan incluso antes de la adultez.
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