Semana de la Alergia: el impacto del cambio climático y cómo evitar síntomas alérgicos este invierno

Expertos de Harvard y el NIH advierten por qué el cambio climático volvió al polen más irritante y cuál es el motivo por el que las alergias ya no son solo de primavera.

Alergia, estornudo, congestión nasal
Mujer con alergia en la oficina.
Foto: Magnific.

Arrancó la Semana Mundial de la Alergia —promovida por la Organización Mundial de la Alergia— y uno de los principales ejes de discusión de este año es el impacto del cambio climático sobre las enfermedades alérgicas. En este marco, los expertos alertan sobre una realidad cada vez más evidente: las temporadas de polen comienzan antes, duran más tiempo y podrían ser más intensas que décadas atrás.

La relación entre clima y alergias ya no es una hipótesis. Cada vez existe más evidencia científica de que el aumento de las temperaturas, las emisiones de dióxido de carbono y los cambios en los patrones ambientales cambian la forma en que crecen las plantas y la cantidad de polen que liberan al ambiente.

Más calor, más polen

La explicación es relativamente sencilla. Las plantas utilizan señales ambientales para saber cuándo florecer. Cuando los inviernos son más suaves y las temperaturas aumentan antes de lo habitual, muchas especies comienzan sus ciclos de floración de forma anticipada.

Según explicó la investigadora Kari Nadeau, profesora de Estudios sobre Clima y Población y directora del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela de Salud Pública de Harvard, el calentamiento global altera directamente las temporadas de polen. “Estas condiciones extremas y caóticas afectan nuestras temporadas de polen”, señaló en un artículo publicado por la institución académica.

Pero el aumento de la temperatura no es el único factor. El dióxido de carbono (CO₂), uno de los principales gases responsables del calentamiento global, también funciona como fertilizante para muchas plantas. Al haber más CO₂ en la atmósfera, algunas especies crecen más rápido y producen mayores cantidades de polen. Como resultado, las personas alérgicas quedan expuestas durante más tiempo y a concentraciones más elevadas de los alérgenos que desencadenan sus síntomas.

Mujer congestionada con alergia estacional
Mujer congestionada con alergia estacional y rodeada de flores.
Foto: Freepik.

Las consecuencias podrían ir incluso más allá de la cantidad de polen presente en el aire. Investigaciones publicadas por el Instituto Nacional de Salud (NIH) de Estados Unidos sugieren que los cambios ambientales también pueden modificar las características moleculares del polen, aumentando su capacidad alergénica. Es decir, no solo habría más polen, sino que este podría resultar más irritante para el sistema inmunológico de las personas sensibles.

El cambio climático favorece un crecimiento vegetal más rápido, incrementa la producción de polen, adelanta el inicio de las temporadas de floración y prolonga su duración. Además, algunas especies podrían contener mayores concentraciones de proteínas capaces de desencadenar reacciones alérgicas. Los modelos predictivos indican que, si las tendencias actuales continúan, la incidencia de alergias respiratorias podría aumentar en las próximas décadas.

Síntomas alérgicos

Aunque muchas personas asocian las alergias únicamente con la primavera, los síntomas pueden presentarse durante todo el año. En invierno, además, es frecuente confundir una alergia con un resfriado, ya que ambas condiciones pueden provocar congestión nasal, estornudos y malestar general.

Dormir mal, sentir fatiga constante, tener dificultades para concentrarse o experimentar irritación ocular durante semanas puede afectar el rendimiento académico, laboral y social. Además, las personas con rinitis alérgica tienen mayor riesgo de desarrollar problemas respiratorios, especialmente si también padecen asma. Por eso, las alergias no deben minimizarse.

Niño con alergia
Niño con alergia.
Foto: Freepik.

Los expertos recomiendan consultar con un médico alergólogo ante síntomas frecuentes como estornudos repetidos; congestión o goteo nasal persistente; picazón en nariz garganta o paladar; ojos rojos, llorosos o irritados; tos seca recurrente; y sensación de falta de aire o silbidos al respirar. Un diagnóstico adecuado permite diferenciar una alergia de otras afecciones respiratorias y establecer el tratamiento más apropiado.

Además, se recomienda: ventilar los ambientes para renovar el aire interior; mantener limpios los sistemas de calefacción, estufas y aires acondicionados, que pueden acumular polvo y ácaros; evitar la exposición al humo del tabaco y a otros contaminantes que irritan las vías respiratorias; controlar la humedad dentro del hogar para prevenir la proliferación de hongos y moho, dos desencadenantes frecuentes de alergias durante el invierno; y seguir los tratamientos indicados para rinitis o asma.

La Semana Mundial de la Alergia pone sobre la mesa una realidad que trasciende lo individual. El cambio climático no solo afecta ecosistemas, temperaturas o fenómenos meteorológicos extremos: también modifica las condiciones que influyen directamente en la salud humana. Por eso, especialistas señalan la necesidad de desarrollar políticas de adaptación y mitigación que permitan reducir el impacto de estos cambios ambientales.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar