La humedad suele hacerse visible cuando aparecen manchas oscuras, zonas verdosas o pequeños puntos de moho en paredes y techos del hogar. Aunque en algunos casos se trata solo de un problema superficial, también puede ser la señal de filtraciones o fallas estructurales que requieren otro tipo de intervención. Por eso, antes de intentar eliminar las manchas, especialistas recomiendan identificar cuál es el origen del problema.
Cuando el moho se encuentra únicamente en la superficie, una alternativa casera consiste en utilizar bicarbonato de sodio y vinagre blanco. El procedimiento consiste en aplicar bicarbonato directamente sobre la zona afectada —o preparar una pasta con agua— y luego pulverizar vinagre sobre la superficie. La reacción efervescente ayuda a desprender y desinfectar el moho. Después se recomienda limpiar con un paño húmedo, secar bien la pared y ventilar el ambiente durante al menos 15 minutos.
Este método suele resultar útil cuando la humedad se debe a la condensación, un fenómeno frecuente en baños, cocinas y otros espacios con poca ventilación. En estos casos, el vapor de agua se acumula en paredes y techos, favoreciendo la aparición de manchas y hongos que pueden eliminarse con relativa facilidad si se actúa a tiempo.
La situación cambia cuando la humedad tiene otro origen. Las filtraciones provocadas por cañerías dañadas, techos deteriorados o problemas en muros exteriores no se resuelven con productos de limpieza, ya que el agua continúa ingresando a la estructura. Algo similar ocurre con la humedad por capilaridad, que asciende desde el suelo hacia las paredes y suele requerir tratamientos específicos realizados por profesionales.
Aunque el cloro es uno de los productos más utilizados para combatir el moho, los especialistas advierten que puede deteriorar la pintura y los acabados de las superficies. Por eso recomiendan reservarlo para situaciones más severas o cuando esté previsto realizar trabajos de repintado posteriormente.
Más allá de los tratamientos puntuales, la prevención sigue siendo la estrategia más efectiva. Ventilar diariamente los ambientes, utilizar extractores en baños y cocinas, evitar secar ropa en espacios cerrados y revisar periódicamente puertas, ventanas y juntas de sellado puede ayudar a reducir la acumulación de humedad. En viviendas donde el problema se repite con frecuencia, las pinturas anticondensación o con propiedades fungicidas pueden ofrecer una protección adicional, siempre que se acompañen de una buena ventilación.
Los especialistas coinciden en que eliminar el moho visible es solo una parte de la solución. El verdadero desafío consiste en identificar y corregir la causa de la humedad para evitar que las manchas vuelvan a aparecer y prevenir daños mayores en la vivienda.
Con base en La Nación/GDA