Las alergias a los gatos no se originan por el pelo del animal, sino por una respuesta del sistema inmunológico frente a ciertas proteínas que producen los propios felinos. Entre ellas, la más relevante es la Fel d 1, una sustancia que se genera en las glándulas salivales y sebáceas.
Cuando el gato se limpia, estas partículas se distribuyen por todo su cuerpo y luego se desprenden al ambiente. Con el tiempo, se mezclan con el polvo del hogar y pueden ser inhaladas o entrar en contacto con los ojos y las vías respiratorias, provocando síntomas como estornudos, picazón o congestión nasal.
Según un estudio publicado en la revista científica Oxford Academic, el pelo no es el verdadero causante de la alergia, sino apenas un vehículo que facilita la dispersión de los alérgenos. Esto también explica por qué algunas personas pueden presentar síntomas incluso sin tocar al animal o en presencia de gatos con poco pelo.
Los especialistas señalan que estas proteínas microscópicas son tan ligeras que pueden permanecer suspendidas en el aire durante horas y adherirse a distintas superficies de la casa, como alfombras, sillones o ropa.
Además, la exposición puede ocurrir simplemente al compartir el mismo espacio con el animal, ya que los alérgenos continúan circulando en el ambiente aun cuando el gato no esté cerca.
Frente a esta situación, los expertos recomiendan mantener una limpieza frecuente del hogar, especialmente en alfombras y sofás, ventilar los ambientes todos los días y evitar que el gato ingrese al dormitorio.
También aconsejan lavar las manos y la ropa después del contacto directo con el animal y utilizar purificadores de aire con filtros HEPA para reducir la concentración de partículas alergénicas.
En los casos más persistentes, sugieren consultar a un especialista para evaluar tratamientos antihistamínicos o inmunoterapia que ayuden a controlar los síntomas.
En base a El Tiempo/GDA