Cómo introducir un nuevo gato en el hogar sin alterar la seguridad de tu mascota residente

Feromonas y refugios elevados: las claves de los etólogos para lograr que dos gatos convivan en armonía, y el impacto oculto que sufre la rutina del felino.

Gatos mascota
Niño con dos gatos pequeños.
Foto: Freepik.

Cuando un nuevo gato llega a la casa, muchas personas sienten que su mascota “se pone celosa”. El animal deja de acercarse, se esconde, evita el contacto o incluso reacciona con agresividad. Sin embargo, especialistas en comportamiento felino aseguran que lo que ocurre no tiene que ver con emociones humanas como los celos, sino con algo mucho más instintivo: la defensa de su territorio.

Para un gato, el hogar no es solo un lugar donde vive. Es un espacio organizado a partir de olores, rutinas y recursos que reconoce como propios. La aparición repentina de otro felino altera ese equilibrio y puede ser interpretada como una amenaza.

La etóloga Marta Sarasúa explica que los gatos construyen vínculos muy ligados a la estabilidad de su entorno. Por eso, cambios bruscos —como compartir comida, arenero o zonas de descanso— suelen generar estrés y conductas defensivas.

Las reacciones pueden variar. Algunos gatos se muestran hostiles y marcan distancia; otros se vuelven silenciosos, dejan de jugar, comen menos o pasan más tiempo escondidos. En muchos casos, el problema no es el nuevo animal en sí, sino la sensación de haber perdido control sobre su espacio.

Gato
Hombre abrazando a su gato.
Foto: Freepik.

Para facilitar la convivencia, los especialistas recomiendan evitar las presentaciones abruptas y respetar al máximo las rutinas del gato residente. Mantener sus horarios habituales, sus lugares de descanso y dedicarle tiempo exclusivo ayuda a que no asocie la llegada del otro felino con una pérdida de atención o seguridad.

También aconsejan ofrecer refugios tranquilos y elevados donde el animal pueda aislarse si lo necesita. En paralelo, las interacciones positivas entre ambos gatos deben reforzarse con juegos, premios o caricias, para construir asociaciones agradables de manera gradual.

En situaciones de mucho estrés, algunos veterinarios sugieren además el uso de feromonas sintéticas ambientales, utilizadas para generar un clima más estable y reducir la tensión entre los animales. La clave, según los expertos, es comprender que los gatos no procesan estos cambios como las personas. Más que “celos”, lo que experimentan es una alteración profunda de su sensación de control y seguridad.

Con base en El Tiempo/GDA

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