Cuando bajan las temperaturas, muchos jardines pierden parte de su atractivo. Algunas especies dejan de florecer, otras reducen su crecimiento y no pocas sufren los efectos de las heladas. Sin embargo, existen plantas que parecen llevarle la contraria a la estación más fría del año y que, lejos de apagarse, encuentran en el invierno una oportunidad para destacar.
Para quienes buscan conservar espacios verdes vistosos durante los meses de frío, ciertas especies combinan resistencia, bajo mantenimiento y un importante valor ornamental. Algunas mantienen su follaje en perfectas condiciones y otras aportan flores o frutos que rompen con los tonos apagados característicos de la temporada.
Lavanda: perfume y resistencia durante todo el año
La lavanda suele asociarse con sus flores violetas y su aroma inconfundible, pero una de sus mayores virtudes es su capacidad para tolerar condiciones climáticas adversas.
Gracias a su resistencia a las bajas temperaturas, puede mantenerse en buen estado durante el invierno sin requerir cuidados excesivos. Esta característica la convierte en una opción ideal para quienes desean un jardín atractivo durante todo el año sin invertir demasiado tiempo en su mantenimiento.
Además de aportar color, su fragancia contribuye a crear espacios agradables incluso en los meses más fríos.
Pensamientos: una explosión de color en plena temporada fría
Pocas flores están tan asociadas al invierno como los pensamientos. Su capacidad para soportar temperaturas bajas y continuar floreciendo cuando otras especies entran en reposo los ha convertido en protagonistas habituales de jardines, macetas y balcones.
Uno de sus principales atractivos es la enorme variedad de colores disponibles, que permite crear composiciones muy vistosas en una época en la que predominan los paisajes más apagados. Por esa razón, suelen ser una de las alternativas preferidas para quienes buscan sumar alegría y vitalidad a los espacios exteriores durante el invierno.
Acebo: el clásico que nunca falla
Entre las plantas ornamentales más representativas de la estación fría, el acebo ocupa un lugar especial.
Sus hojas verdes, brillantes y persistentes ofrecen una presencia destacada durante todo el invierno, pero son sus característicos frutos rojos los que le aportan un valor decorativo adicional. El contraste entre ambos colores permite generar puntos de atención visual incluso en los días más grises.
A esto se suma otra ventaja importante: se trata de una especie resistente a las heladas y relativamente sencilla de mantener, por lo que resulta adecuada tanto para jardines amplios como para espacios más reducidos.
Aunque el invierno suele representar un desafío para muchas plantas, elegir especies adaptadas a las bajas temperaturas permite conservar espacios verdes llenos de vida durante toda la temporada. La lavanda, los pensamientos y el acebo comparten una característica fundamental: mantienen su atractivo cuando gran parte del jardín pierde color.
Con base en La Nación/GDA