¿Por qué nos cuesta disfrutar de la intimidad? Consejos para dejar de lado las inseguridades

Imagen corporal y sexualidad: lo que vemos en redes impacta en la intimidad; conocé cuál es el impacto de compararnos y tres ejercicios para volver al presente.

Mujer triste
Mujer con expresión triste en el sofá.
Foto: Freepik.

Hay muchas personas que, incluso siendo deseadas, no logran sentirse cómodas en su propio cuerpo: una historia que se repite una y otra vez sin importar la edad. Entre la celulitis, la panza, los pliegues, marcas, un detalle mínimo… Siempre aparece algo que incomoda. En un contexto donde todo el tiempo vemos imágenes editadas, filtradas y cada vez más cercanas a una idea de perfección, es fácil empezar a sentir que el propio cuerpo nunca es suficiente.

Hoy los filtros no solo cambian una foto: transforman la percepción. Suavizan la piel, afinan rasgos, borran marcas, acercan los cuerpos a un ideal que muchas veces no existe en la realidad. Entonces, lo natural y “humano” —los rollitos, los granitos, las diferencias—, comienzan a sentirse como algo que hay que corregir.

En consulta aparecen historias de personas que, al momento de un encuentro íntimo, no pueden “soltarse” porque se la pasan pensando en cómo se ven y en si hay algo que deberían tapar. El momento de intimidad deja de ser un espacio de conexión para convertirse en un momento de autoobservación. Cuando eso pasa, uno deja de estar presente. Y, sin presencia, es muy difícil disfrutar o conectar con el otro.

Persona se mira en un pedazo de espejo
El rostro de una persona se refleja en el pedazo de un espejo.
Foto: Freepik.

La autoexigencia en niveles elevados no solo genera incomodidad sino que a veces también provoca ansiedad, la cual se puede manifestar de distintas formas en la sexualidad: dificultad para excitarse, menor lubricación, problemas para sostener la erección, desconexión emocional, necesidad de controlar la situación o incluso evitación de la intimidad. También es común que, aun estando en el encuentro, uno sienta que “no está del todo ahí”, como si estuviera más en su cabeza que en su cuerpo.

En muchos casos, esta búsqueda de “perfección” se traslada a decisiones más profundas. Hoy circulan constantemente contenidos sobre intervenciones estéticas, incluso en zonas íntimas, que en muchos casos se origina por la mera comparación con imágenes idealizadas como las que se ven en la pornografía. En espacios como el Museo de la Vulva de Buenos Aires nos focalizamos en transmitir que no existe una vulva ideal, que cada cuerpo es distinto y que la diversidad no es la excepción, sino la regla.

A fin de cuentas, lo más importante es recordar que la persona que elige un momento íntimo no está enfocada es esa “imperfección” que tanto le preocupa a uno. Está cerca porque hay deseo y conexión, aunque a uno le cueste percibirlo y lo haya dejado en un segundo plano.

Pareja en la cama.
Pareja feliz.
Foto: Pixabay.

En caso de sentir que algo de esto pasa en la intimidad, es importante recordar que uno no tiene “un problema”. Probablemente responda a que está demasiado en su cabeza y muy poco en conexión con su cuerpo. La buena noticia es que eso se puede trabajar. Algunas formas simples de empezar a cambiarlo pueden ser:

  1. Volver a la respiración: Cuando notes que te estás evaluando, llevar la atención a cómo estás respirando ayuda a salir del pensamiento y volver al presente.
  2. Enfocarte en la sensación y no en la imagen: Preguntarte “¿qué estoy sintiendo ahora?” en lugar de “¿cómo me veo?” cambia completamente la experiencia.
  3. Permitirte no “cumplir”: La intimidad no es un examen. No hay nada que demostrar ni un estándar que alcanzar. Y es fundamental hablar al respecto con tu pareja. Poner en palabras una inseguridad no aleja, sino que acerca.

No se trata de dejar de tener inseguridades de un día para el otro, pero sí de poner un freno para que, de a poco, esas inseguridades dejen de definir las experiencias. Porque ese cuerpo que uno mira con crítica, es el mismo que le permite sentir, vincularse y disfrutar. El primer paso para lograr una intimidad más plena puede que no tenga que ver con cambiar el cuerpo, sino con empezar a habitarlo desde un lugar más amable.

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