El informe nacional más reciente sobre “prevalencia de inseguridad alimentaria en hogares”, publicado en 2024, da cuenta que Uruguay tiene los siguientes indicadores: aproximadamente 15% de los hogares tiene una prevalencia de inseguridad alimentaria “moderada”, mientras que en algo más del 2% de los hogares uruguayos hay una inseguridad alimentaria “grave”. El concepto “inseguridad alimentaria” abarca varias aristas, como explica el doctor en antropología de la alimentación Gustavo Laborde. El aspecto más obvio es, claro, no tener los suficientes medios económicos para acceder a la alimentación, pero no es el único.
Laborde explica que hay otras cuestiones a tener en cuenta, como por ejemplo la geográfica. “Si uno vive en un barrio muy periférico, donde no hay almacenes, los establecimiento comerciales quedan muy lejos o carecen de un stock suficiente o variado, eso se considera a la hora de evaluar la inseguridad alimentaria.
“Lo mismo sucede cuando ocurrió una catástrofe natural (una inundación, por poner un caso) y uno queda aislado porque las rutas o calles se cortaron”, señala el experto. Hay otras facetas que deben tenerse en cuenta, como la alimentación en sí. “Lo que se come tiene que ser nutritivo, y tiene que ser ‘culturalmente adecuado’. Por ejemplo, la carne de serpiente no es una alimentación que entre en esa categoría”, remarca.
El informe nacional citado anteriomente —en cuya elaboración intervinieron dos ministerios, el Instituto Nacional de Estadística y el de Alimentación— define a la seguridad alimentaria y nutricional como “aquella situación en la que todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias”.
Ante este estado de situación, una de las organizaciones de la sociedad civil que se ha propuso hacer algo al respecto es la Fundación Banco de Alimentos, dirigida actualmente por Isabel Álvarez, quien empezó en la fundación como voluntaria hace cuatro años.
El Banco de Alimentos tiene varios cometidos, y sobre ellos habló su directora ejecutiva, Isabel Álvarez, con El País.
—¿Cuándo empezó a trabajar el Banco de Alimentos En Uruguay?
—hace 14 años. Empezó como algo muy chiquito, por la iniciativa de Santiago Abdala, un argentino que se radicó aquí y trajo la idea de Italia, cuando vio cómo funcionaban allá.
—¿Cómo describirías las tareas del banco?
—Somos un nexo entre las empresas donantes y las organizaciones sociales que distribuyen esas donaciones.
Aunque el nombre de la fundación puede inducir a pensar en que se trata solo de comida, el banco también canaliza donaciones de artículos de limpieza del hogar, y de higiene personal. La organización también se involucra en campañas solidarias de diversa índole, como por ejemplo la que se llevó a cabo en febrero en Ciudad de la Costa, en donde se recaudaron artículos escolares para donar ante el inicio del año lectivo.
—¿Qué hacen con las donaciones? -Una vez que las recibimos, las redistribuimos en distintas organizaciones sociales con las cuales tenemos acuerdos. La modalidad de distribución implica por un lado una gestión institucionalizada, que registra cada acción para darle trazabilidad a la donación. No le donamos a personas físicas, sino a organizaciones sociales constituidas con una personería jurídica establecida. En la actualidad, el Banco de Alimentos trabaja con más de 250 organizaciones sociales a las que visita regularmente para cerciorarse sobre qué servicios brindan, y la cantidad de gente que atienden. Sería algo parecido a una auditoría, pero en rigor es una visita para poder corroborar que todo funcione y también identificar qué tipo de productos son los más adecuados para entregar en esas organizaciones.
—¿En qué se fijan cuando evalúan el trabajo de esas organizaciones?
—Por ejemplo, en si tienen cadena de frío, si tienen cocina o no, para saber si le podemos mandar un paquete de harina o no. Además, el tipo de servicio que ofrecen y cuán a menudo. Si por ejemplo se trata de un merendero que da un servicio por semana, o si es un hogar que da las cuatro comidas. Dependiendo un poco de eso y de la cantidad de gente que atiende, identificamos qué tipo de productos son los más adecuados para cada uno de ellas.
—¿Qué tipo de alimentos son los que entregan?
—De todo tipo: arroz, harina, pasta, lácteos...
—¿Carne?
—No, carne no. Al menos hasta ahora, pero poder hacerlo es el objetivo que tenemos este año. Hemos visitado a todos los frigoríficos que hay en el país, pero hasta ahora no logramos que nos donen carne. A veces estas cosas llevan tiempo. Hace unos años, muchos productores rurales tampoco hacían donaciones, pero en los últimos tiempos sí han sido receptivos. Arroceros, molinos, productores de frutas y verduras, tambos, todos ellos sí han donado. Por otra parte, logramos acuerdos con supermercados y con Pedidos Ya para la entrega de comida. Otro logro es que acordamos con una importante empresa de productos panificados y casi 140 distintas organizaciones sociales pasan todos los días por locales en casi todo el país a recoger pan y bizcochos del día anterior. Así además se evita que todo eso se tire.
—En tus años de trabajo, ¿cómo evaluás la situación de la seguridad, o inseguridad alimentaria en Uruguay?
—Ese concepto es muy importante para el trabajo que hacemos, más allá de que no soy una especialista justo en esa área. Lo que sí puedo decir es que la demanda por las tareas que hacemos viene creciendo.
—¿Cómo has notado que esa demanda ha crecido?
—Entre otras cosas porque hay muchas organizaciones sociales que están en una lista de espera para trabajar con nosotros. Actualmente, como ya comenté, trabajamos con aproximadamente unas 250 organizaciones, pero hay unas 180 que quieren hacerlo y están en lista de espera. Vale decir, también, que esas 250 organizaciones con las que trabajamos atienden las necesidades de unas 50.000 personas. Nosotros no trabajamos en todo el país, pero estamos presentes en 15 de los 19 departamentos de Uruguay. En comparación con países de la región, no estamos tan mal, pero que la demanda por alimentos ha crecido, eso es indudable.
-
Todo tiene una segunda vida: acciones para reducir el desperdicio de alimentos en casa y la industria
Por qué nos duele la panza cuando estamos nerviosos y cuándo debemos preocuparnos, según la psicología
Desperdicio de alimentos, huella hídrica y alimentación sostenible: así afecta lo que comemos a nuestro planeta