Perdió las dos piernas en un accidente y hoy sube montañas: "Quedarse llorando garantiza el fracaso"

La vida de Pablo Giesenow cambió en un instante; desde entonces, aprovecha cada oportunidad para disfrutar y superarse a sí mismo, y le habla a quienes viven poniendo excusas.

Pablo Giesenow
Pablo Giesenow sube una montaña gracias a sus prótesis y su determinación.
Foto: Cortesía Pablo Giesenow.

¿Cuántas veces preferiste no intentar por miedo a fracasar? Para Pablo Giesenow, abogado y conferencista, los límites —esos que nos separan de nuestros sueños— están, más que nada, en la mente. La vida se lo recuerda a diario: con 37 años perdió sus dos piernas en un accidente de tránsito y hoy, más de 10 años después, no solo siguió trabajando y dedicándose a su familia y amigos, sino que también aprendió a esquiar, corrió maratones y alcanzó la cumbre del Aconcagua, entre otras hazañas.

Es vocal del Tribunal de Cuentas de la ciudad de Córdoba e inspira a deportistas, adolescentes y público en general con sus charlas sobre motivación, superación y liderazgo. A fines del 2025 publicó su primer libro: Corré tus límites: cómo superar las barreras y convertirnos en soñadores imparables. Habló con El País acerca de su historia y aprendizajes.

— ¿Qué recordás del accidente?
— Todo. Fue el 22 de enero del 2015 y tenía 37 años. Viajaba de la ciudad de Córdoba con destino a Las Heras, en la provincia de Santa Cruz —a unos dos mil kilómetros—, para sorprender a mi papá, que cumplía años dos días después, el 24 de enero. Pensaba recorrer esa distancia sin apuro, dormir a mitad de camino y continuar viaje. Pero a unos 700 kilómetros de haber salido de Córdoba, el clima empezó a cambiar. Pasó de estar soleado a llover con intensidad. La ruta se inundó. Perdí el control del vehículo, que empezó a hacer trompos durante lo que habrán sido pocos segundos, pero que para mí fue algo interminable. Esos trompos terminaron de manera violenta y ruidosa contra la chapa del guardarraíl —barrera de seguridad metálica colocada en los bordes de carreteras— de la mano contraria a la que venía circulando. Y uno de los extremos de ese guardarraíl se metió al auto por el lado del acompañante, atravesándolo y cortando todo lo que encontró a su paso como si fuera una guillotina filosa. Entre todo eso que cortó estaban mis dos piernas.

Quedé atrapado en el auto durante casi media hora, totalmente consciente de lo que pasaba, hasta que los bomberos y los médicos lograron sacarme y trasladarme a un hospital. Para que ellos llegaran, antes aparecieron dos personas: Gastón y Sergio, a quienes tuve la suerte de conocer tiempo después. Ellos fueron quienes llamaron a los bomberos por ayuda.

En el trayecto al hospital, veía que la pierna izquierda no estaba, pero la derecha me dolía y no entendía bien qué pasaba. Consulté a los médicos y no me dijeron nada; ellos seguían intentando frenar la hemorragia. Antes de entrar al quirófano, escuché que el médico que me recibió preguntó si habían traído los miembros. Y luego perdí el conocimiento. Me desperté al día siguiente, el 23 de enero, en una sala de terapia intensiva por primera vez en mi vida.

Pablo Giesenow
Pablo Giesenow en silla de ruedas.
Foto: Cortesía Pablo Giesenow.

— Justo antes de tener esta entrevista manejaste de Córdoba a Buenos Aires. ¿Tu mente vuelve al día del accidente cada vez que viajás? ¿Te da miedo?
— Un año y medio después del accidente pude volver a comprar un auto, porque el anterior había quedado totalmente destruido. Y lo vendí el año pasado con 130.000 kilómetros, así que miedo a manejar no me quedó. Esta mañana salí de Córdoba con una lluvia muy parecida a la de ese 22 de enero del 2015 y la verdad es que no guardo ninguna sensación negativa de miedo o angustia. Manejo sin ningún tipo de adaptación más allá de la caja automática. Y hasta me animé a hacer un curso de navegante de rally.

Soy propenso a decir siempre que sí a cada invitación; desde correr una carrera hasta intentar hacer cumbre en alguna montaña de las más altas, como el Aconcagua en Mendoza, el Nevado de Famatina en La Rioja o el Cerro Champaquí, que es el más alto de Córdoba. Son montañas que he encarado con decisión, pasión y muchas ganas. En algunas hice cumbre, en otras no, pero a cada invitación que me hacen digo que sí, lo intento y veo hasta dónde puedo empujar los límites. Y dejo un mensaje para esas personas que no les pasa nada y creen que no pueden hacer tal o cual cosa.

— ¿Siempre fue obvio para vos que saldrías adelante o hubo un momento en el que hiciste un clic?
— A la mañana siguiente del accidente, cuando intenté sentarme, vi que mis piernas se cortaban de golpe debajo de las rodillas, pero también vi que de la amputación hacia arriba estaba intacto. Tomé conciencia de que lo que me había pasado era irreversible, que no tenía sentido lamentarse y que lo importante era que estaba con mi familia, que ya estaban todos alrededor mío. Valoré estar con vida y supe que de ahí en adelante todo sería posible. No me imaginaba qué tiempo después estaría corriendo carreras de 10 kilómetros en Argentina y en Bolivia… Y ojalá algún día en Uruguay también. Pero en esos primeros momentos, valorar el hecho de haber quedado con vida, lúcido y sin ninguna otra consecuencia más grave que haber perdido las dos piernas me hizo fuerte. Y con el apoyo de mi familia, amigos, compañeros de trabajo y el equipo que en ese momento me rodeó y hoy me rodea, todo fue más fácil.

Imaginábamos que algún día podría volver a caminar con prótesis —algo sobre lo que ya estábamos investigando desde el primer instante—, pero lo que no estaba en nuestros planes era que aprendiera a esquiar, que jugara al tenis y al paddle, que corriera una vuelta ciclista y que participara en 10 o 15 carreras al año.

Pablo Giesenow anda en bicicleta
Pablo Giesenow anda en bicicleta.
Foto: Cortesía Pablo Giesenow.

— ¿Siempre te gustó hacer deporte?
— Siempre me gustó el fútbol. El deporte para mí era correr detrás de una pelota la mayor cantidad de horas por día que pudiera, y eso me acompañó hasta un mes antes del accidente, que había terminado de jugar un torneo. El sábado 6 de diciembre del 2014 fue mi último partido. Ese deporte y la vida sana que llevaba fue lo que me permitió sobrevivir a pesar de haber perdido casi cuatro litros de sangre en el accidente. Mi buen estado físico fue lo que me permitió sobrevivir a ese impacto tan grande.

Aprendí a caminar de nuevo a los 38 años. Me imaginaba que, si el deporte me había salvado una vez, seguramente mejoraría mi calidad de vida de ahí en adelante. Fue así que volví a abrazarlo y, aunque no pude jugar más al fútbol de manera competitiva, lo hago en partidos amistosos, doy charlas motivacionales a equipos de primera división y practico tenis, esquí, baloncesto, bicicleta, pádel…

Pablo Giesenow
Pablo Giesenow juega al tenis.
Foto: Cortesía Pablo Giesenow.

— ¿Cuál es tu deporte favorito?
— Aún lo es el fútbol. Juego con amigos y me invitan a partidos solidarios donde soy el arquero del equipo. Por fuera de eso, el running es el deporte que más me ha acompañado en los últimos años y que me ha permitido conocer muchas ciudades de Argentina. Encontré en los domingos a las ocho de la mañana la regularidad para practicarlo; a veces como entrenamiento y a veces en carreras. Mi primera carrera fue el 5 de noviembre del 2017, que hice tres kilómetros. Después pasé a correr cinco, siete y ahora habitualmente corro diez.

— ¿Qué aprendiste de vos y de la vida en todo este proceso?
— Aprendí a valorar un poco más las cuestiones cotidianas y a diferenciar los problemas reales de las dificultades por resolver. Aprendí que luchar no garantiza el éxito, pero que quedarse llorando garantiza el fracaso. Y aprendí a aprovechar cada instante con intensidad y con la certeza de que la vida puede cambiar, justamente, en un instante. El momento presente es único e irrepetible. Entender eso me permitió cambiar la mirada y disfrutar lo simple.

En mis conferencias —a empresas, equipos de fútbol, colegios, etcétera— no le hablo necesariamente a gente que pasó o está pasando alguna situación difícil, sino a esas personas que tienen su cuerpo al 100% y un montón de cosas para agradecer, y que sin embargo viven poniendo excusas para no perseguir sus sueños. El mensaje es para ellos. Es una satisfacción enorme ver a personas de distintos países leyendo mi libro y me impacta pensar que una experiencia personal pueda trascender tanto y servir a tantas personas para mejorar su día a día. Siempre pienso que ojalá se olviden de Pablo y se acuerden simplemente de una persona que aprendió a convertir los desafíos en oportunidades para crecer.

Pablo Giesenow
Pablo Giesenow entrena running.
Foto: Cortesía Pablo Giesenow.

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