Pasó 737 días cautivo en los túneles de Gaza y hoy afirma: “No se puede vivir en paz con Hamás del otro lado”

En Tel Aviv, Eitan Horn dio el testimonio de su calvario a medios latinoamericanos, entre ellos El País; "No paraban de decirnos que iba a haber otro 7 de octubre y que iba a ser peor".

Eitan Horn, nació en Argentina y pasó más de 700 días en manos del grupo terrorista Ham
Eitan Horn, nació en Argentina y pasó más de 700 días en manos del grupo terrorista Hamás.

El País en Tel Aviv
Eitan Horn tiene 39 años, nació en Argentina y a los 16 se radicó en Israel, “porque siempre creí que se podría vivir en paz con nuestros vecinos”. El 7 de octubre de 2023 Eitan fue uno de los 251 rehenes que la organización terrorista Hamás llevó a Gaza, luego de asesinar a sangre fría a más de 1.200 personas -entre ellas niños, mujeres y ancianos- en el sur de Israel. Recuperó la libertad dos años después, el 13 de octubre de 2025, hace apenas poco más de cuatro meses; pesaba 64 kilos menos que cuando fue secuestrado por Hamás.

“Vine a Israel porque siempre creí que se podía vivir en paz con nuestros vecinos. Después del 7 de octubre lamentablemente me di cuenta de que es imposible si del otro lado de la frontera hay un grupo terrorista que lo que quiere es la destrucción del Estado de Israel”, dice Eitan en un encuentro con un grupo de medios latinoamericanos en Tel Aviv, entre ellos El País. Eitan fue secuestrado en el kibutz Nir Oz junto a su hermano Iair. Habían ido al kibutz a pasar el fin de semana. Amos, el tercero de los hermanos Horn, se salvó porque no viajó al kibutz y fue un fuerte activista por la liberación de los rehenes.

El último cigarrillo

A las 6.30 de ese sábado 7 de octubre escucharon las alarmas y se refugian en el cuarto de seguridad que tienen todas las casas en los kibutz. “Para nosotros era una rutina”. Pero ese día nada iba a ser parte de la rutina. Poco después de ingresar al cuarto de seguridad comenzaron a escuchar los primeros tiros y, lo que le sorprendió, gritos de mujeres y niños y hombres civiles de Gaza que acompañaban a los terroristas de Hamás. Gritaban en árabe “Aláhu akbar” (“Alá es grande”).

Primero capturaron a su hermano Iair -lo liberaron en febrero de 2025-. Unos minutos después Eitan se dio cuenta de que no tenía escapatoria, así que salió del cuarto de seguridad “a fumar el último cigarrillo antes de que me mataran”. “Ahí vi todo lo que estaban haciendo”.

Del hospital a los túneles. Eitan recuerda que cuando lo secuestraron, un niño intentó acuchillarlo. Mientras era llevado a Gaza en una moto que los terroristas robaron en el kibutz, se preguntaba “qué había hecho mal” para que le estuviera sucediendo eso. Cuando llegó a Gaza, un tumulto de gente le golpeó, insultó y amenazó con matarle. Primero lo llevaron a un hospital, donde una enfermera le dijo que lo habían secuestrado para canjearlo por los “hermanos” presos en Israel. Además de revisar su estado de salud, en el hospital buscaron que no llevara algún chip que pudiera revelar su ubicación.

Una de las cosas que Eitan cuenta con más indignación, es ver que el hospital al que lo llevó Hamás había una plaqueta que decía que había recibido donaciones de la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, una oficina que Israel siempre sostuvo que estaba infiltrada por el grupo terrorista.

Eitan es muy crítico con los organismos de derechos humanos, en especial los que dependen de la ONU, “que no hicieron nada contra Hamás que torturó, violó y mató a niños”. “El mundo decidió callar”, lamenta.

Todo su cautiverio -737 días- lo pasó, junto a otros rehenes, en una celda en uno de los túneles que Hamás construyó debajo de la Franja de Gaza. “Ahí me di cuenta que toda la infraestructura de los túneles era para los terroristas. Tienen de todo”. “Todo lo que se dona para Gaza va a parar a manos de los terroristas, no para los civiles”, denuncia. A modo de ejemplo, cuenta que una vez les dieron leche para bebés que habían recibido de la ONU, lo que para él demuestra que a Hamás no le importa la población civil, sino destinarían esa leche para los niños.

Túnel de Hamás
Túnel de Hamás en Jan Yunis.

Utopía

Uno de los primeros diálogos que tuvo con los terroristas fue con un joven de 22 años, que le decía que volverían a entrar a Gaza y que esa vez no tomarían rehenes sino que “mataremos a todos”. “No paraban de decirnos que iba a haber otro 7 de octubre y que iba a ser peor. Esa frase la escuché muchas veces en los dos años”. También recuerda cómo los terroristas se reían cuando venían en televisión a madres de rehenes llorando y pidiendo la liberación de sus hijos. “Fueron los dos peores años de mi vida”, donde sufrió torturas físicas y psicológicas y abusos sexuales.

Para alimentarse, les daban por lo general un poco de agua y un pan con queso. “Pasé días donde solo comía 3 o 4 dátiles”. “Pero ellos comían mejor que en un hotel cinco estrellas”, afirma Eitan, que veía a los terroristas pasar con bandejas repletas de alimentos.

Un par de veces sintieron que el ejército de Israel estuvo cerca de rescatarlos, y ahí los terroristas amenazaron con matarlos o hacer explotar los túneles con ellos dentro. “No les importaban. Nos decían que apretaban un botón y volábamos todos”. En varias ocasiones le ofrecieron convertirse al islam, y les decían que Israel “había comprendido que había que sacrificar a los rehenes”. Para darles larga, Eitan usó la estrategia de decirles que les interesaba estudiar sobre la región islámica, “pero nunca les dije que sí”.

Eitan asegura que está a favor de un estado palestino libre, pero inmediatamente precisa: “libre de Hamás y que nos dejen vivir tranquilos”.

Sobre el plan de paz de Trump para Gaza, no cree que tenga resultado, principalmente por el adoctrinamiento que recibieron los pobladores de la Franja por parte de Hamás. En este sentido, estima que el niño que intentó acuchillarlo cuando lo secuestraron, “hoy posiblemente esté aprendiendo a usar un armas para un próximo ataque”. Antes del secuestro, Eitan se definía como una persona “alegre y que intentaba ayudar” trabajando con jóvenes en educación no formal. Ahora, considera una “utopía” que se pueda vivir en paz con Hamás de otro lado de la frontera con Gaza. “El 7 de octubre entendí que no”, dice.

De todos modos, asegura que hoy no hay un lugar más seguro para el pueblo judío que Israel.

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