Clarisse Bermúdez no es una atleta cualquiera. Nacida en Trinidad, Flores, estudió Abogacía a la par que entrenaba para representar a Uruguay en Campeonatos Sudamericanos de Atletismo. Se recibió y también alcanzó la marca Élite: 10 kilómetros en 40 minutos. Llegó a hacerlo en 36 minutos, superando su propia marca. Tiene 28 años y es la tercera mujer más rápida de Uruguay en media maratón.
Pero hay algo más que la convierte en una atleta especial. Su adolescencia estuvo marcada por la anorexia y acabó internada en el hospital al borde del paro cardíaco. Correr la salvó; le dio un espacio de catarsis y una razón para cuidarse. Ya no compite, pero vive el atletismo como entrenadora y comunicadora, con más de 23 mil seguidores en Instagram. No es una atleta cualquiera: es una que inspira.
— ¿Qué sentís cuando corrés?
— Siento una gran conexión conmigo misma y es el único momento en el que me olvido de las cuestiones laborales y personales. Me gusta mucho correr al aire libre; me permite procesar lo que vivo, kilómetro a kilómetro. Es mi terapia en movimiento e incluso algunas salidas a correr tienen como objetivo canalizar emociones.
— ¿Siempre fue así?
— De chica no hacía mucho deporte. Vengo de una familia bastante sedentaria y me acuerdo que Educación Física era una de las materias que más me costaba. Pero, de grande, el deporte me salvó. Cuando tenía 10 años perdí a mi hermana por una autoeliminación y, como nunca hice ese duelo, de adolescente comencé con conductas alimentarias que me llevaron a tener anorexia. Ingresé a la mutualista y me internaron porque —en palabras de la médica— estaba al borde del paro cardíaco. Cuando me dieron de alta la segunda vez —porque tuve un reingreso—, empecé a hacer actividad física muy supervisada y Sebastián Allende, uno de los entrenadores más conocidos de Uruguay, que entrena a una atleta olímpica de Trinidad, me invitó a correr. Encontré en el atletismo algo que nunca antes había conocido. Y el deporte me llevó a no recaer porque la comida es mi combustible. Si no como bien, no rindo.
— ¿Cuándo tocaste fondo?
— Cuando empecé con la anorexia era invierno, entonces me ponía ropa grande y no se me notaba tanto que estaba flaquita. Pero luego aparecieron cuestiones como la amenorrea, que es la falta de menstruación, el sentirme aislada de mi grupo de pares, que en los cumpleaños de 15 me preguntaran si estaba bien… Me sentía incómoda y me di cuenta de que lo que estaba atravesando era muy mental, así que le conté a mi mamá. Le dije que me sentía sin fuerzas; ahí fuimos a la mutualista y me internaron. Empecé un tratamiento psiquiátrico y psicológico, algo de lo que me gusta hablar porque a veces está ese tabú, que muchos dicen: ‘Uy, tenés que ir al psiquiatra’. Pero sí, hay momentos en los que lo necesitamos. Y se puede salir. Yo toqué fondo y resurgí.
— ¿Sabías que lo que tenías era anorexia?
— No. Nací en Trinidad, en el departamento de Flores, y en ese momento ni siquiera había profesionales especializados. Cuando me internaron, trataron de que subiera de peso dándome platos súper cargados, pero no estaban resolviendo la raíz del asunto, que era procesar ese duelo tan cercano que había quedado dentro de mí. Lo que pasó fue duro y nunca fue charlado en mi familia; después sí pude abordarlo con terapeutas y con biodecodificación, que me hizo muy bien. Y apareció el deporte.
— Que se volvió central en tu vida, ¿no?
— Sí. Una vez que empecé a correr, me entusiasmé tanto que empecé a bajar mis marcas y terminé representando a Uruguay en Campeonatos Sudamericanos de Atletismo. Competí en Ecuador y Argentina en media maratón y también participé en campeonatos en pista. Se acercaron marcas que quisieron trabajar conmigo y hoy tengo una comunidad de personas que me siguen. Todo gracias a correr después de haber pasado por un momento tan oscuro… Pienso en cuando estaba internada en esa cama de hospital y en cómo jamás me hubiera imaginado dónde estoy hoy. Estudié Abogacía, me recibí y decidí no ejercer para seguir adelante con el deporte; no compitiendo, sino inspirando a otras personas a disfrutarlo y conectar consigo mismas.
— ¿Qué le dirías a esa chica que estuvo internada?
— Que la comunicación es la herramienta más importante que tenemos y es gratuita. Pude comunicarme muy bien con mi familia y tener esas charlas incómodas que no había podido tener antes acerca de mi hermana, y hoy soy comunicadora de un montón de empresas y marcas y estoy dispuesta a charlar de todo. Entonces, le diría que exprese lo que siente, que se anime a conversar y que todo saldrá bien.
— ¿Y qué le dirías a alguien que atraviesa una situación similar a la que pasaste vos?
— Que busque a alguien que también lo haya vivido para charlar sin miedo a ser juzgado. Recuerdo que, cuando toqué fondo, se acercó una médica que había tenido anorexia de joven, y hablar con ella me hizo muy bien. También es importante apoyarse en la familia y amigos para salir adelante.
— ¿Cómo es hoy tu relación con la comida y con tu cuerpo?
— Tengo altibajos. Cuando estoy nerviosa, estresada o preocupada tengo una relación más culposa con la comida, y cuando estoy relajada y tranquila, en un ambiente distendido, lo vivo de otra forma. Es un vínculo muy emocional. Lo trabajo mucho en terapia, con una psicóloga especializada en conductas alimentarias. Siempre busqué tener cerca a profesionales que me ayudaran a identificar estos patrones mentales para luego poder ayudarme a mí misma.
Si bien quedaron secuelas, hoy no me salteó ninguna comida porque tengo mi rutina de entrenamiento bien estructurada. Me levanto y desayuno porque sé que voy a entrenar y, cuando vuelvo, almuerzo porque sé que tengo que recuperar lo que gasté. Mi visión cambió gracias al deporte y por eso para mí el movimiento es clave; basta con salir a caminar a la rambla para tener ganas de comer algo saludable.
— Tu estado de WhatsApp dice: “Es la acción lo que crea la motivación”. ¿Qué significa eso para vos?
— Sí uno elige quedarse en el sillón, sin hacer ejercicio y con pensamientos negativos, nunca llegará la motivación de buscar su mejor versión. Por eso, trato de mostrar que si uno se levanta por la mañana y se propone caminar un poquito, eso lo ayudará a sentirse mejor y a su vez lo motivará a otra buena intención. No se trata de correr 10 kilómetros a la primera. Hay que ponerse objetivos reales y a corto plazo. Cuando uno actúa, llega la motivación para seguir.
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