En el juicio contra Moisés (28 años), los testigos defienden a quien se sienta en el banquillo de los acusados y sobre quien pesa un pedido de condena por el homicidio de su padre. Al fallecido, la mayoría lo tildó de “hijo de puta”. Acusan que él instauró en la familia un “régimen de violencia y terror sistemático”. Bajo una “intensa conmoción”, Moisés lo mató. “Tenía 11 hermanos y nadie fue a reclamar por él”, declaró uno de los hermanos del acusado.
Para la Fiscalía, el centro del juicio deben de ser los actos de Moisés y no los de la víctima que, es claro, “no era un buen padre”. Insistió en que los testigos se contradicen y que el acusado lo ejecutó a disparos de los que el fallecido ni siquiera atinó a defenderse.
El homicidio
Los hechos no están en tela de juicio en el proceso. Todos están de acuerdo en que el domingo 25 de mayo del año pasado, Moisés fue a la casa de su padre en el barrio El Monarca y, tras abrirle la puerta, disparó cerca de 15 veces.
Tres días después, una de las hermanas de Moisés le pidió a su pareja que pasara por la puerta de la casa de su padre porque estaba preocupada. Moisés dormía, pero los escuchó. Se levantó y le contó lo que había pasado. Rápidamente llamaron a la policía.
—Hice lo que tenía que hacer, por fin Justicia —dijo Moisés, que permitió el ingreso de los oficiales.
Les mostró que en un galpón en el fondo con piso de tierra estaba el cuerpo. Al lado, un pozo en el que iba a ser enterrado. Los policías que estuvieron en la escena describieron que en la casa había un gran desorden y un fuerte olor a kerosene.
Los develamientos
“Hermana, me duele el pecho, no aguanto más el dolor”, dijo entre lágrimas Moisés antes de ir a ver a su padre, según contó su hermana menor en el juicio. Los testigos —sus familiares— defienden que hubo un motivo de peso para que haya ido a buscarlo.
Durante su infancia, explican, habían vivido un calvario que cada uno experimentó en silencio y que brotó con fuerza después de décadas.
El jueves 22 de mayo Moisés estaba en Paysandú visitando a su madre. La mujer se había enterado que su exmarido estaba barajando mudarse allí y la invadió la angustia. “Él me conoce y se dio cuenta. Le tuve que contar toda la tortura que viví”, explicó. Le narró, por ejemplo, que cuando estaba embarazada él le hizo perder todos los dientes a los golpes.
Angustiado —según su madre, sin comer ni dormir— al otro día viajó a Montevideo y fue a ver a una de sus hermanas. Ella le contó, de primera mano, cómo su padre la abusaba y le prometía que si no contaba nada, no le haría lo mismo a su hermana menor.
“Él sabía por su propia vida que mi papá lo mataba a palos y lo hacía trabajar todo el día, abusaba de él, pero no sabía de lo nuestro”, declaró la mujer.
Después fue a ver a su hermana menor. “Me encantaría viajar en el tiempo y mostrarles cómo fue el momento” en que llegó a la casa, dijo ella. Ahí se contaron “cosas muy fuertes”, como las secuelas que sufre de los abusos sexuales a los que su padre la sometió en la infancia.
“Él me dijo que iba a ir a ver a papá a pedirle una explicación y a decirle que no se apareciera por Paysandú”, relató. Esa fue la última vez que fue visto previo al homicidio.
Los abusos
El cuñado de Moisés hizo a la jueza notar que el acusado tenía una cicatriz en la cara. “El padre le dio un martillazo”, dijo a raíz de la historia que él había contado.
Los golpes en la espalda, “cintazos” si veía que se distraía de su tarea de lijar, latigazos, eran cosas diarias para él, indicaron los parientes. “Un día llegué de la escuela, Moisés se levantó la remera y tenía la espalda como el actor de la película Jesucristo. Papá le había dado con una varilla, estaba todo lastimado”, ilustró la hermana.
El psicólogo que lo perició afirmó que a él lo encerraban en un baño, desnudo, durante toda la noche. Lo obligaba a bañarse con agua fría y le metía los pies en mezcla de construcción.
Su madre indicó que ella era víctima de torturas similares. Palizas con cable de radio, baños de agua fría y pastillas que la obligaba a tomar a diario. La hermana mayor agregó: “Yo veía cuando mi papá la apuntaba con un cuchillo y mi mamá me decía: llevate a tus hermanos”.
A eso, dijeron, se sumaron los abusos sexuales. En el año 2010, en la escuela de la menor de las hijas notaron lo que estaba pasando. El padre fue condenado a tres años de prisión y estuvo preso uno y medio. Llorando, le contó a la jueza María Noel Odriozola cómo los médicos, entre risas le preguntaron detalles sexuales de su padre para “corroborar” su historia.
En ese momento, jueces y fiscales interrogaron a la familia. La madre aseguró que el relacionamiento del hombre con el resto de los hijos era “bárbaro, normal” y que no le encontraba lógica a lo que había pasado. Le preguntaron, también, por el carácter del entonces acusado. “Tiene un carácter fuerte cuando se enoja en situaciones que ameritan enojarse”, respondió.
La madre de Moisés declaró en este juicio que estaba amenazada y que no se animó a “alzar la voz”.
Fiscalía expresó que hay contradicciones
Este juicio es contra Moisés, el hijo, no contra su padre. Y el hecho de que no haya sido un buen padre, no habilita a matar, insistió la Fiscalía de Homicidios de 1 Turno, compuesta por Sabrina Flores, Victoria Ghiorsi y Natalia Pereira. Por ese motivo, pidieron que sea condenado a 18 años de cárcel por haber cometido un homicidio agravado (por haber sido contra su padre) y por haberse utilizado un arma de fuego.
En sus alegatos de cierre, por ejemplo, aseguraron que pese a la condena por abuso que había tenido su padre, varios de los hermanos igual siguieron teniendo un contacto esporádico con él.
También destacaron que la hermana mayor de Moisés y su pareja cambiaron la versión sobre lo ocurrido el día del hallazgo del cuerpo. Ante la policía dijeron que fueron a la casa buscando a la víctima. En juicio dijeron que buscaban a Moisés. Los oficiales ratificaron la primera versión
Además, resaltaron que los parientes manifestaron no haber declarado en el juicio por abuso y consta en el expediente que sí lo hicieron. “Fue una etapa de mi vida que bloqueé, estaba amenazada”, respondió la madre cuando le preguntaron sobre el tema.
Por otra parte, se refirieron al perito de parte presentado por la defensa. Señalaron que su informe se basa en entrevistas a familiares y “suposiciones”, además de que carece de una cronología clara y el psicólogo incurrió en una contradicción: dijo que la entrevista a Moisés había sido de cuatro horas y los registros muestran que fue de dos horas y cuarto.
De todas maneras, el centro jurídico del juicio es si puede aplicarse el “perdón” legal establecido en el artículo 36 del Código Penal. Marcos Prieto, el abogado de Moisés, indicó que ese día su cliente tenía un “estado disociativo” producto de “un trauma complejo y severo”.
El artículo 36 habilita a los jueces a eximir de pena a quienes en un “estado de intensa conmoción provocada por el sufrimiento crónico” maten a un familiar, pero además deben darse otras dos condiciones. La primera, es que hayan sido sometidos a “intensa y prolongada violencia” por parte de la víctima. La segunda es que el autor u otras personas “pudiendo solicitar protección, lo hubieran hecho sin que las respuestas hubieran sido eficaces”.
Ghiorsi, en su alegato de cierre, analizó una por una las causales. Sobre la primera, resaltó que los testigos “en sus declaraciones se refieren a hechos ocurridos hace más de 15 años” y recordó que la madre declaró en el 2010 que el vínculo era “casi perfecto”. A su vez, citó la declaración de un testigo que sostuvo que Moisés hacía dos semanas que estaba angustiado, más allá de lo que se enteró cuatro días antes del crimen.
Luego, abordó la última causal. Enfatizó en que la legislación exige que se hubiera realizado más de una denuncia y en este caso solo hubo una denuncia de la hermana menor. Incluso años después, viviendo en otros departamentos, nadie denunció. Tampoco se reportaron hechos de abuso que dicen que ocurrieron posterior a la condena.
Así, citó una sentencia de un tribunal de apelaciones que aseguraba que “el signo de la solicitud de protección debe ser ostensible, manifiesto” y este no es el caso. “Ante el único hecho denunciado, la familia obtuvo una respuesta eficaz por parte del Estado”, valoró.
La familia
En las declaraciones del juicio, había una frase que se repetía: "Lo hubiera matado yo". Moisés, insisten, no es un asesino. "Mi hermano hizo justicia", resumió uno sus familiares. Levantando esa bandera, se manifestaron con carteles durante toda la semana en la puerta del juzgado. Al terminar el juicio, recibieron entre aplausos y gritos al abogado y fiscales que salieron al mismo tiempo hacia la calle.
Un rato después, se manifestaron frente a Torre Ejecutiva y compararon el caso de Moisés con el de Jonathan Correa, el adolescente de 15 años asesinado por su padre en el marco de un caso de violencia doméstica.
"Si encierran a Moisés en una cárcel, el Estado va a terminar el trabajo que arrancó nuestro abusador. Destruirnos la vida", dijo una de sus hermanas y lamentó —en diálogo con Telenoche— que el Código Penal se base en una lógica "sumamente tradicional" en la que el padre "es el protector de todo".
"Si hubiera pensado que lo iba a matar, yo misma lo detenía, porque no iba a dejar que él destruya su vida por una persona que no vale nada", cerró.