¿Cómo un hombre que estuvo toda su vida adulta preso, sin ingresos formales, podía sostener un estilo de vida tan caro? Esa pregunta atravesó la investigación de la Fiscalía de Drogas que tenía como objetivo a Luis Fernando Fernández Albín, a quien el Ministerio del Interior ha sindicado como una de las caras del narcotráfico más importante en Uruguay. El jueves pasado, Fernández Albín firmó un acuerdo abreviado por 10 años y tres meses de cárcel. La sentencia del juez Fernando Islas, a la que accedió El País, aborda dos ejes: por un lado, los chats que demostraban su participación en la organización y dirección del acopio de dos toneladas de cocaína y, por otro, los miles de dólares en gasto de él y de su familia, los que incluyeron viajes al exterior y una fastuosa fiesta.
El 3 de agosto de 2025 se realizaron cinco allanamientos que significaron la incautación de dos toneladas de cocaína. El principal punto de acopio era una chacra en Punta Espinillo. En ese operativo, varias personas resultaron detenidas y el análisis de sus celulares, tal y como informó El País, permitieron llegar a Fernández Albín. En uno de esos teléfonos, se hallaron videos y fotos de personas acondicionando la droga y se encontraron conversaciones con el condenado, quien no estaba agendado por su nombre real en el dispositivo. Sin embargo, en los chats se referían a él como "Flaco" —su apodo— e incluso había audios en los que quedó registrada su voz. En esa conversación, uno de los hombres encargados de las tareas operativas le reportó cómo venían con el embalaje de la sustancia.
Islas, en su sentencia, se refirió a varios chats en los que hablaban sobre la cantidad de paquetes que se confeccionarían, materiales que faltaban y sus costos. Una de esas conversaciones se dio el 27 de julio de 2025, cuando otro de los condenados por el caso le dijo a Fernández Albín: "Para los globos son 130 palos y las bolsas de envasados 48.750. Ñery, yo sé que la plata no es problema con vos, nunca dije nada de eso. Yo sé cómo es con vos y si yo tuviera para comprar, sabés que voy, pero no tengo ni idea". A lo que Fernández Albín le respondió: "Te hago llegar 200". El juez también se refirió a otras conversaciones en las que terceras personas (también condenadas por participar en la operativa) hablaban sobre el líder del grupo. Uno de los ejemplos citados fue un mensaje que decía: "Decile al Flaco que se toque el corazón con el globo (...) y el negro Marcelo. ¿Él no dice que es más seguro que el Banco República?".
En otros de los mensajes reproducidos por el juez, hay directivas de Fernández Albín —quien usaba cuentas con nombres diferentes al suyo— sobre la utilización de bolsos, cintas y otros instrumentos para acondicionar la droga.
Por haber sido condenado, a Fernández Albín le decomisaron los bienes e instrumentos adquiridos producto de las actividades ilícitas y los que se usaron para cometerlos. Estos fueron cuatro propiedades (la chacra de Punta Espinillo, una propiedad en Ciudad de la Costa y dos más en Las Piedras), cuatro autos, 11 celulares, 90 cartuchos, 38.500 dólares, tres fusiles, un DVD, un pos, una torre de computadora y documentación, entre otras cosas. En la compra de estos bienes hubo, en casos, irregularidades e intermediaron testaferros que también fueron condenados.
Entre los gastos enumerados por Islas, en los que se indica que el origen de los fondos fue ilícito, hay viajes a Argentina (Bariloche, Ushuaia y Buenos Aires), Europa (viajó su familia), la refacción de una casa, entre otros. Aquí, subrayó el juez, tuvo un rol clave la esposa de Fernández Albín —también condenada— por ser la "administradora del patrimonio familiar en ausencia de su pareja". Indicó que, por ejemplo, la mujer intentó adquirir derechos posesorios de un terreno en el que construyó una casa valuada en 300 mil dólares y compró en una conocida empresa de artículos sanitarios objetos por el valor de US$ 34 mil.
En 2024, por ejemplo, consultó a una agencia de viajes por pasajes para viajar a Madrid (España) al día siguiente para ella y dos parientes más. Abonó por eso más de US$ 9 mil. Ese mismo año, organizó una fastuosa fiesta de 15 años. Alquiló un yate (US$ 150 dólares la hora), un salón ($749.778 por su alquiler), una banda del género plena ($100 mil), fotógrafo ($40 mil) y mandó diseñar un vestido ($51.700), además de abonar gastos vinculados a decoración, etéctera.
A su vez, había gastos fijos que ascendían a montos considerados altos para el sueldo de la esposa de Fernández Albín (quien trabajó en una red de cobranzas donde se hacían muchos de estos pagos). Entre ellos, instituciones educativas y un club deportivo de renombre. En la época en la que Fernández Albín vivía en Buenos Aires, tanto ella como otros tres parientes viajaban a visitarlo "todos los fines de semana".
Él fue condenado por delitos de narcotráfico, contrabando, lavado de activos, tráfico interno, porte y tenencia de arma de fuego. Su esposa, por delitos de lavado de activos a dos años de cárcel. Una de las mujeres que ofició como testaferro —"niñera" de la familia— por el mismo delito a dos años y ocho meses. Su hijo también fue condenado a una pena de 22 meses de libertad vigilada.
La investigación la llevó adelante la Fiscalía de Estupefacientes de 1er Turno, cuya titular es la fiscal de Corte suplente Mónica Ferrero, pero se encuentra siendo subrogada por la fiscal Angelita Romano.
Mi caso "lo politizaron", dijo Fernández Albín
Al final de la audiencia en la que resultó condenado, Fernández Albín se dirigió directamente al juez Islas y le habló sobre sus condiciones de reclusión. Él está preso en el Centro de Derivación y Diagnóstico de Punta de Rieles. Los presos suelen ser llevados allí cuando recién son atrapados. En ese lugar son evaluados y se determina a qué cárcel deben ir, pero Fernández Albín está allí desde hace meses e Interior indicó que es el lugar donde se pueden asegurar las condiciones para su correcta custodia.
Sus abogados han presentado varios recursos de Habeas Corpus (instrumento para hacer valer sus derechos en condiciones de reclusión ilegales), pero no han logrado que cambie el lugar donde está preso. En su alocución, él habló sobre su trato con la policía y la posibilidad de hacer denuncias al respecto. "Yo no soy un santo, pero no tengo garantía ninguna", le dijo al juez y agregó que para ese momento llevaba 133 días preso en un lugar donde "la gente va cinco días y queda loco". Aseguró que su cama, mesa y banco son de "chapa".
"No sabe el frío que hace. Hace una semana que estoy tratando de entrar una campera. Yo quiero estudiar , quiero trabajar, quiero hacer deporte. Me duele el cuerpo, me duelen los brazos, ya no tengo músculo Lo mío es público, que ya lo hicieron... Lo politizaron, doctor. Me agarraron para el chicote ya. El único que puede hacer algo por una persona es usted o un juez. Yo lo único que le pido es garantías, doctor, ¿me entiende? Porque hay muchas cosas que se dicen que yo no tengo nada que ver. Yo ahora me hice responsable de mis hechos y por eso tengo que pagar 10 años y tres meses. Y lo voy a pagar hasta el último día, doctor. Pero no es justo que se me torture de esta manera. Soy el único preso del Uruguay que está en las condiciones que estoy yo", expresó.
Luego, se preguntó por qué él no está recluido en la Unidad 25 (máxima seguridad). "La Unidad 25 tiene patio, llamada todos los días, tienen visita, una televisión, una radio. Yo no tengo nada doctor. ¿Sabe cómo estoy? Al borde del abismo", cerró.