Redacción El País
Ese bajón de energía que aparece cuando el día todavía no terminó no siempre tiene que ver con dormir mal o trabajar de más. Muchas veces, el cansancio se instala de manera silenciosa después de horas frente a una pantalla, casi sin que se note. El cuerpo, quieto durante demasiado tiempo, empieza a pasar factura: cuesta concentrarse, el ánimo decae y la vitalidad parece escaparse.
El sedentarismo prolongado es una de las marcas del trabajo actual, tanto en oficinas como en hogares. Estar sentado durante gran parte de la jornada no solo afecta la postura, sino también el funcionamiento general del organismo. Frente a ese escenario, el movimiento —aunque sea breve— aparece como una herramienta clave para recuperar energía.
La entrenadora estadounidense Denise Austin, referente del fitness desde hace décadas, sostiene que gran parte del agotamiento cotidiano está vinculado a la falta de oxigenación. A sus 68 años, promueve rutinas simples, pensadas para integrarse a la vida diaria sin necesidad de gimnasio, ropa deportiva ni grandes espacios.
Según explica, el problema no suele ser la ausencia total de ejercicio, sino la acumulación de horas de inactividad. “Cuando estás sentado por largos períodos de tiempo, necesitás hacer pausas para moverte”, insiste, al remarcar la importancia de interrumpir el sedentarismo a lo largo del día.
Austin sostiene que moverse cumple una función básica: permitir que el oxígeno circule de forma eficiente por el cuerpo. “El oxígeno es energía”, afirma, y asegura que activarlo impacta tanto en el rendimiento físico como en la claridad mental.
Al levantarse y movilizar distintos grupos musculares, la circulación se reactiva y el oxígeno llega con mayor facilidad al cerebro. Esto favorece la concentración, agiliza el pensamiento y ayuda a mantenerse alerta durante la jornada laboral.
El beneficio no es solo mental. Los movimientos breves también activan el metabolismo: al trabajar varios músculos al mismo tiempo, aumenta el gasto calórico y se estimulan funciones corporales esenciales. El cuerpo está diseñado para bombear sangre, señala la entrenadora, quien destaca que esa activación genera una sensación inmediata de bienestar.
Pausas activas: un minuto que hace la diferencia
La propuesta de Austin parte de una regla sencilla: realizar una pausa activa de un minuto por cada hora de trabajo. No se necesita equipamiento ni preparación previa, solo levantarse de la silla y moverse. Dentro de estas pausas, los estiramientos cumplen un rol clave, ya que ayudan a alargar los músculos, mejorar la flexibilidad y ampliar el rango de movimiento de las articulaciones.
Uno de los ejercicios recomendados es la elevación de rodillas de pie, similar a marchar en el lugar. La entrenadora aconseja mantener el torso erguido y acompañar el movimiento con los brazos para activar todo el cuerpo durante 60 segundos.
Otro movimiento útil son los giros de cintura, que mejoran la movilidad de la columna, fortalecen la espalda, abren el pecho y contribuyen a una mejor postura, especialmente en quienes pasan muchas horas encorvados frente a la computadora.
La secuencia se completa con medias sentadillas acompañadas de brazos hacia arriba. Este movimiento vertical activa piernas, glúteos y brazos, y tiene como objetivo “bombear los músculos” para facilitar la entrada de aire al cuerpo.
Ejercicios pensados para la movilidad y el paso del tiempo
Además de las pausas breves durante el día, Austin propone una serie de movimientos orientados a la fuerza y la estabilidad a largo plazo, especialmente importantes con el paso de los años. Para realizarlos, sugiere usar muebles firmes, como un sillón resistente.
Uno de ellos es el toque de glúteos en sentadilla: bajar hasta tocar el asiento y levantarse de inmediato. Este ejercicio fortalece piernas y glúteos, y aporta mayor estabilidad para las actividades cotidianas.
El segundo movimiento son las flexiones asistidas, apoyando las manos en el reposabrazos del sillón o en una mesa firme. El tercero apunta al fortalecimiento del torso: abdominales sentados en postura tipo V, realizados desde el borde del sillón. Un torso fuerte, explica Austin, mejora el equilibrio, la postura y protege la espalda. Sugiere hacerlos durante un minuto o en repeticiones cortas.
Más allá de la intensidad o la cantidad de ejercicios, el mensaje central es claro: no hace falta una rutina compleja para sentirse mejor. Incorporar pequeños momentos de movimiento a lo largo del día puede tener un impacto real en la energía, la concentración y la calidad de vida.
En base a El Tiempo/GDA
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