Redacción El País
Con la llegada del período de descanso y las vacaciones, muchas personas modifican sus rutinas diarias y adoptan hábitos asociados a la relajación, entre ellos el consumo de alcohol por la noche. En ese contexto, la neuróloga Stella Maris Valiensi analizó qué ocurre en el organismo al beber una copa de vino antes de dormir, cómo impacta en la calidad del sueño y qué recomendaciones médicas conviene seguir para cuidar la salud.
Alcohol y sueño: una combinación engañosa
Durante el verano, las ocasiones para brindar se multiplican y la copa nocturna suele incorporarse como parte del ritual previo al descanso. Sin embargo, la especialista advirtió que, si bien el alcohol puede facilitar el inicio del sueño, también altera su continuidad. “Tomar una copa de vino induce al sueño, pero puede fragmentarlo. La mejor sugerencia es no tomar todas las noches”, afirmó.
Valiensi explicó que el consumo de alcohol produce una relajación de la vía aérea, lo que incrementa el riesgo de apnea del sueño y provoca interrupciones en las distintas fases del descanso. “Esa copa de vino relaja la vía aérea, favorece la apnea y fragmenta el sueño”, detalló.
Vacaciones y descanso: lo que no se puede recuperar
La neuróloga también se refirió a una creencia frecuente durante el receso laboral: la posibilidad de recuperar el sueño perdido a lo largo del año. Según indicó, esa expectativa rara vez se cumple. “Es importante no creer que uno va a poder recuperar todo el sueño durante las vacaciones”, sostuvo.
En ese sentido, precisó que quienes duermen menos horas de las recomendadas de manera sostenida no logran revertir ese déficit de sueño en pocos días. “Si venimos durmiendo seis horas todos los días, no vamos a recuperar esas horas perdidas en una semana”, señaló. Solo en casos de privación leve puede observarse una mejora parcial, algo más frecuente en personas jóvenes.
Los “tres mandamientos” para dormir mejor
En su análisis, Valiensi compartió pautas clave para mejorar la calidad del descanso, independientemente de la época del año. Estas recomendaciones apuntan a regular el reloj biológico y favorecer un sueño continuo:
- Horario regular: mantener horarios estables para acostarse y levantarse es fundamental, especialmente en casos de insomnio.
- Exposición solar: recibir luz natural todos los días, preferentemente a la misma hora, ayuda a sincronizar el ritmo circadiano.
- Actividad física: hacer ejercicio durante el día es lo más recomendable, ya que la actividad nocturna puede retrasar el inicio del sueño.
Edad y sueño: cómo cambian los patrones de descanso
Otro aspecto abordado fue la relación entre la edad y el sueño. Con el paso del tiempo, el ritmo circadiano se modifica de manera progresiva. “A medida que envejecemos, el ritmo circadiano va cambiando. Las personas mayores tienden a dormirse después del almuerzo o a acostarse y despertarse más temprano”, ejemplificó, en referencia a adultos sin trastornos del sueño.
Además, destacó que ciertas condiciones de salud influyen directamente en la continuidad del descanso. “Cuando se agregan patologías, como el dolor, el sueño de corrido se fragmenta. No solo depende de la edad, sino también de las condiciones en las que se duerme”, indicó.
En relación con el entorno, Valiensi subrayó la importancia de preparar adecuadamente el espacio para dormir. “Lo ideal es una habitación oscura, silenciosa y, en lo posible, sin pantallas”, concluyó.