El magnesio, un mineral que interviene en más de 300 procesos fisiológicos del organismo, se ha consolidado como una herramienta terapéutica relevante en el abordaje de la migraña. La evidencia científica respalda su uso tanto para prevenir nuevos episodios como para aliviar las crisis una vez que se desencadenan.
Organizaciones médicas como la American Academy of Neurology y la American Headache Society incluyen al magnesio dentro de las opciones de primera línea para reducir la frecuencia de las migrañas y mitigar su intensidad. Estas recomendaciones se basan en ensayos clínicos controlados que evaluaron su efectividad en distintos perfiles de pacientes.
Los especialistas aclaran que la respuesta al suplemento puede variar según el tipo de migraña y las características individuales. Por ese motivo, subrayan que cualquier estrategia de suplementación debe realizarse con supervisión médica, ya que la dosis y la forma de administración dependen de la evolución clínica de cada persona.
La neuróloga Danielle Wilhour explicó que “el magnesio puede ayudar tanto en la prevención como durante un ataque de migraña; los estudios muestran que reduce la frecuencia, la intensidad y la duración de los episodios”.
Cómo actúa el magnesio en la migraña
El neurólogo Shivang Joshi detalló que el magnesio actúa regulando la entrada de calcio a las células y bloqueando los receptores NMDA, mecanismos que ayudan a disminuir la sobreexcitación del sistema nervioso vinculada a la migraña. Al moderar esta respuesta, se reduce la frecuencia y la severidad de las crisis.
En personas que padecen migraña con aura —caracterizada por síntomas neurológicos previos como destellos visuales u hormigueos— los especialistas observan una respuesta especialmente favorable. Aunque aún no se conoce con precisión la causa de esta mayor efectividad, la experiencia clínica respalda su uso en este grupo.
Para lograr un efecto terapéutico, las dosis empleadas suelen ser superiores a las recomendaciones diarias generales. Joshi sugiere iniciar con 400 mg diarios y, si la tolerancia es buena, aumentar hasta 600 mg. Este rango también es respaldado por otros especialistas y se asocia con una disminución en la recurrencia de las crisis.
Las formulaciones más utilizadas son el magnesio citrato y el magnesio óxido, ambas evaluadas en estudios clínicos y consideradas seguras. Wilhour advierte que algunas personas pueden experimentar molestias gastrointestinales, por lo que recomienda comenzar con dosis más bajas —alrededor de 200 mg— y aumentarlas de forma progresiva.
El citrato suele preferirse por su mayor biodisponibilidad, aunque ambas presentaciones resultan eficaces como parte de un tratamiento complementario.
Además de su rol preventivo, el magnesio puede administrarse por vía intravenosa durante crisis agudas, principalmente en ámbitos hospitalarios y bajo supervisión especializada. En estos casos, suele combinarse con antiinflamatorios y antieméticos para mejorar el control de los síntomas y acelerar la recuperación.
Los especialistas enfatizan que el magnesio no reemplaza otros tratamientos médicos indicados, sino que se integra dentro de un enfoque terapéutico integral. El seguimiento profesional es clave para evitar efectos adversos y asegurar que la estrategia se adapte a las necesidades clínicas de cada paciente.
Con base en El Tiempo/GDA