Mantener la casa limpia puede convertirse en una fuente de estrés cuando, pocas horas después de terminar el aseo, vuelven a aparecer objetos fuera de lugar, superficies desordenadas o zonas que necesitan atención. En esos casos, es frecuente pensar que el problema está en los productos utilizados o en que no se limpia con suficiente frecuencia. Sin embargo, para la experta en limpieza María Fernández, la explicación puede estar en otro lugar: la manera en que está organizado el hogar.
“Cuando una casa se ensucia demasiado rápido, no es porque no limpies, es por falta de sistemas”, señaló Fernández en sus redes sociales, donde comparte consejos relacionados con el orden y la limpieza. Según la especialista, uno de los errores más frecuentes consiste en pensar únicamente en cómo limpiar, sin preguntarse antes cómo está organizado el espacio y qué tan fácil resulta mantenerlo en orden.
No tener un lugar definido para cada objeto, postergar constantemente la tarea de recoger o acumular más cosas de las que realmente se necesitan puede hacer que una vivienda parezca desordenada incluso después de haber sido limpiada.
“Por no saber dónde guardar las cosas, no recoger los objetos sucios mientras haces el aseo o tener más de lo que realmente necesitas”, explicó Fernández al enumerar algunos de los motivos que pueden contribuir a que el orden se pierda rápidamente. Por eso, antes de volver a pasar la aspiradora, quitar el polvo o limpiar las superficies, una estrategia puede ser despejar los espacios y devolver cada objeto a su lugar.
Cuando las superficies están ocupadas por objetos, limpiar requiere más pasos: hay que moverlos, limpiar alrededor de ellos y volver a colocarlos. En cambio, un espacio despejado permite realizar las tareas de mantenimiento con mayor rapidez. “Una casa bien pensada se ensucia menos si recoges antes, por lo que requiere menos esfuerzo para mantenerla en orden”, sostuvo la especialista.
Esto no significa que una vivienda ordenada no vaya a ensuciarse. El polvo, las huellas, los residuos y el uso cotidiano son inevitables. La diferencia está en que un sistema de organización puede hacer que las tareas necesarias sean más sencillas y frecuentes, en lugar de acumularlas hasta convertirlas en una limpieza agotadora.
A partir de las recomendaciones de Fernández, algunas modificaciones pueden ayudar a reducir el esfuerzo cotidiano:
- Asignar un lugar a cada cosa. Si cada objeto tiene un sitio definido, resulta más sencillo guardarlo después de utilizarlo y evitar que termine acumulado sobre mesas, sillas o encimeras.
- Recoger mientras se limpia. No dejar para después los objetos que están fuera de lugar permite que las superficies queden despejadas y facilita las siguientes tareas de limpieza.
- Revisar lo que realmente se necesita. Acumular objetos puede dificultar tanto el orden como la limpieza. Reducir aquello que no se utiliza permite disponer de espacios más despejados y fáciles de mantener.
La idea central de esta propuesta es cambiar el enfoque: en lugar de intentar aumentar constantemente la frecuencia o la intensidad de la limpieza, conviene observar qué aspectos de la organización del hogar están generando trabajo innecesario. “Al final, no se trata de limpiar más, sino de hacer pequeños cambios y así lograr que tu casa te lo ponga más fácil todos los días”, concluyó Fernández.
Con base en El Tiempo/GDA