¿Es normal olvidarse las cosas? Cuándo los descuidos cotidianos pueden ser una señal de deterioro cognitivo

Cómo mejorar la memoria, cuatro hábitos clave para prevenir la demencia y por qué los adultos mayores de 65 años deberían evitar el alcohol, según la neurociencia.

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Mujer distraída en la oficina.
Foto: Freepik.

Olvidar para qué entramos a una habitación, no recordar el nombre de alguien conocido o dudar sobre dónde dejamos el auto en un shopping es más común de lo que parece. Según los especialistas, estos olvidos suelen ser normales y, en la mayoría de los casos, están vinculados a distracciones, preocupaciones o falta de atención más que a un problema de memoria en sí.

El neurocientífico Richard Restak, especialista en funcionamiento cerebral, sostiene que gran parte de los olvidos cotidianos son, en realidad, “pecados de falta de atención”. Para que un recuerdo exista, explica, deben cumplirse dos pasos clave: primero, la consolidación, que es el proceso mediante el cual la información se almacena; y luego, la recuperación, que permite acceder a ese dato cuando lo necesitamos.

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Hombre pensando.
Foto: Freepik.

El problema aparece cuando la mente está en otro lado. Si alguien nos presenta a una persona mientras pensamos en asuntos laborales o personales, esa información nunca llega a consolidarse. No es que se haya olvidado: simplemente nunca se guardó.

Aunque estos descuidos suelen ser benignos, Restak advierte que existen señales que van más allá del olvido habitual. Colocar objetos en lugares completamente ilógicos —como dejar las llaves o el diario dentro de la heladera— puede ser un primer indicio de un deterioro cognitivo más serio.

En este contexto, el especialista también alerta sobre el consumo de alcohol en edades avanzadas. El alcohol es una neurotoxina, aunque débil, y no es bueno para las células nerviosas, afirma. Por eso, recomienda que las personas mayores de 65 años se abstengan de beber de forma total y permanente.

Anciana alcohol
Persona mayor bebe una copa de vino.
Foto: Freepik.

Hábitos que ayudan a cuidar la memoria

Si bien no existen garantías absolutas contra la demencia, el estilo de vida cumple un papel fundamental en la reducción del riesgo. La memoria puede entrenarse y fortalecerse con prácticas simples, como la lectura regular y el aprendizaje continuo. Restak propone una estrategia integral que combine varios aspectos de la salud:

  • Actividad física y descanso: moverse con regularidad y dormir bien.
  • Cuidado sensorial: controlar la vista y la audición, ya que los déficits sensoriales afectan la memoria.
  • Alimentación: mantener una dieta equilibrada.
  • Evitar sustancias nocivas: especialmente el alcohol, al que define como perjudicial para el sistema nervioso.

Para explicarlo, el neurocientífico utiliza una comparación sencilla: prevenir la demencia es como la seguridad vial. No se puede evitar un accidente con certeza absoluta, pero mantener el “vehículo” en buen estado y usar medidas de protección reduce notablemente las probabilidades de un desenlace negativo.

Con base en El Tiempo/GDA

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