Las uñas de las manos están en contacto constante con productos que pueden resultar agresivos, como el esmalte, la acetona o los acrílicos que se usan para cambiar el largo o el diseño. Sin embargo, pocas veces se habla de la parte que cumple un rol clave en su protección y salud: la cutícula.
Aunque comúnmente se la llama así, los dermatólogos explican que su nombre correcto es pliegue ungueal, y se ubica en la base de la uña. Su función principal es proteger el nacimiento de la uña, actuar como barrera frente a bacterias y evitar el exceso de humedad. Por eso, cuidarla correctamente es fundamental para mantener uñas fuertes y sanas.
Cómo cuidar las cutículas de forma correcta
Tener la cutícula dañada implica dejar la uña expuesta a gérmenes y posibles infecciones. Como cumple una función protectora, los dermatólogos coinciden en que no debería cortarse. Si es un hábito frecuente durante la manicura, conviene empezar a cambiarlo.
Cortar la cutícula no solo facilita la entrada de microbios, sino que también puede afectar el crecimiento, la forma y la resistencia de la uña. En su lugar, estos cuidados ayudan a mantenerla saludable:
- Hidratarlas a diario. Una buena hidratación mejora visiblemente el aspecto de las uñas y las cutículas: se ven más sanas, flexibles y brillantes. Aplicar aceites naturales —como el de almendras u oliva— o una crema de manos directamente sobre el pliegue ungueal ayuda a devolver la hidratación perdida. También existen productos específicos formulados para esta zona.
- Evitar cortarlas. En muchas manicuras se empuja la cutícula, se levanta y luego se corta. Los expertos recomiendan evitar este paso, ya que puede favorecer la aparición de hongos, irritaciones o el debilitamiento de la uña. Si en algún caso es necesario intervenir, lo ideal es que lo haga un profesional capacitado.
- Protegerlas de productos agresivos. La falta de hidratación vuelve a las cutículas más secas y frágiles. Por eso, conviene limitar la exposición a productos que aumentan la resequedad. En el caso de uñas acrílicas o manicuras semipermanentes, algunos especialistas sugieren espaciar las aplicaciones, por ejemplo, cada tres semanas.
Actividades cotidianas como lavarse las manos con frecuencia o lavar los platos también pueden dañarlas si no se protegen después. Usar guantes para las tareas domésticas y aplicar crema al finalizar ayuda a prevenir el desgaste.
Pequeños gestos diarios pueden marcar una gran diferencia: cuidar las cutículas no solo mejora la apariencia de las uñas, sino que también es clave para su salud a largo plazo.
Con base en El Universal/GDA
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