Gonzalo Spinelli estudia medicina, pero no quiere ser médico. Su objetivo es reformar el sistema de salud desde adentro, corriendo el foco de la enfermedad a la prevención y la educación en hábitos saludables. No está solo: más de 400 mil personas lo siguen en redes sociales, donde muestra cómo logró sanar una enfermedad aparentemente incurable.
Aprendió que las emociones tienen un impacto directo en los síntomas físicos y está convencido de que las terapias complementarias pueden potenciar el tratamiento de pacientes y mejorar su calidad de vida. Habló con El País sobre su propuesta.
—Estudiás medicina y no querés ser médico, sino reformar el sistema de salud. ¿Por qué?
—A los 17 años empecé a tener síntomas que los médicos no sabían explicar: alergia a los lácteos y los frutos secos, hinchazón en los pies, dermatitis atópica, dolores abdominales muy fuertes, diarrea con sangre… Era tanta la sangre que perdía que me causaba anemia y tuve varias internaciones. Pasaron dos años y finalmente dieron con el diagnóstico: colitis ulcerosa y hepatitis autoinmune. Me dijeron que eran enfermedades incurables y que tendría que tomar fármacos durante toda mi vida. En ese momento, comencé a estudiar bioneuroemoción, un método que estudia el factor emocional del síntoma. Y encontré una oportunidad; otra forma de entender la salud y la enfermedad, no como algo que depende 100% de nuestros genes, sino sobre lo que podemos hacernos responsables. Se trata de ver al cuerpo como un mensajero y a los síntomas como mensajes. Hice una formación online de 10 meses de duración, tomé consciencia del conflicto emocional detrás de mis síntomas y logré que se fueran.
La experiencia me impactó muchísimo. Agradezco a los médicos que salvaron mi vida las veces que terminé internado sin saber qué me pasaba y con síntomas muy feos, y agradezco también que me dieron una medicación que me recontra ayudó. Pero también me hubiera encantado tener herramientas —como la bioneuroemoción— para acceder a la causa de la enfermedad y no solo al efecto. Por eso, me prometí a mí mismo que integraría este abordaje al sistema de salud.
Dejé de tener síntomas, los estudios de sangre me daban bien y curé mi colitis ulcerosa, que era incurable. Aún tengo hepatitis autoinmune y por eso sigo tomando un fármaco, pero continúo investigando, haciendo cambios en mi estilo de vida y buscando respuestas por fuera de la medicina tradicional. Entiendo que soy una anécdota y no un metaanálisis; por eso, justamente, uno de mis objetivos es crear un laboratorio de investigación para estudiar terapias como la bioneuroemoción, generar un protocolo y ayudar a la mayor cantidad posible de personas. Nunca había querido ser médico, pero ese fue el motivo que me hizo empezar a estudiar medicina: reformar el sistema de salud.
—¿Por qué decidiste que estudiar medicina era el camino para lograrlo?
—Siempre estuve vinculado al sistema de salud. Tengo diabetes tipo 1 desde los dos años, y me di cuenta de que si bien el fármaco —la insulina— es lo que me mantiene vivo, la educación es la que me mantiene sano. Lo mismo con la colitis ulcerosa y la hepatitis autoinmune; los fármacos me salvaron la vida, pero la educación me sana. El sistema de salud hace un gran trabajo con las enfermedades agudas, pero puede mejorar en lo que tiene que ver con las enfermedades crónicas, porque estas requieren educación.
Si lo que quiero, entonces, es reformar el sistema, debo hacerlo desde adentro. Tengo que aprender cómo funciona para mejorar lo que ya existe, no empezar de cero. Nunca iría en contra de la medicina; voy junto a ella, con la idea de integrar nuevas posibilidades. Hoy tomo un fármaco y en paralelo abordo la causa de mi enfermedad.
—¿Qué estás haciendo hoy para empezar el cambio?
—Algunos amigos que estudian conmigo se contagiaron de este propósito e incluso han vivido experiencias similares. Juntos, trabajamos en crear las clínicas del futuro, haciendo hincapié en la educación y la prevención. El paciente no debería llegar solo cuando está enfermo; el sistema debería ayudarlo a mantener su salud. Actualmente estamos generando una comunidad de profesionales de la salud que trabajen de forma integrativa y que no traten al paciente como una enfermedad, sino como una persona; que atiendan la parte emocional y que puedan prescribir no sólo fármacos, sino también cambios en el estilo de vida.
Mucha gente me contacta porque me ve en redes sociales, pero aún no me recibí como médico y tengo mucho para aprender. Por eso, aprovecho para conectar a las personas con estos profesionales que sí tienen las respuestas a sus preguntas.
—Y la idea es que, a largo plazo, el sistema de salud esté formado por este tipo de profesionales, ¿no?
—Sí. Hoy, los médicos son profesionales de la enfermedad. En la facultad, si bien tenemos una perspectiva más humana, el 99% del tiempo aprendemos a diagnosticar enfermedades y abordamos tratamientos desde una perspectiva tradicional, sin considerar las terapias complementarias. Hacen falta más profesionales de la salud y más foco en la educación y la prevención. Lo ideal sería crear una universidad o una certificación donde los profesionales puedan formarse en, por ejemplo, terapias complementarias. Y a largo plazo lo que se busca es una reforma en el sistema educativo; que no solo se aprenda sobre enfermedades, sino también sobre salud.
—¿Has hablado con médicos, docentes o instituciones de salud sobre esto? ¿Qué dicen?
—Sí. Los médicos hacen un trabajo increíble, pero forman parte de un sistema que les corta las alas. Es imposible que un médico mejore la salud de una persona en una consulta de 15 minutos y teniendo que atender a 50 pacientes por día. Si sabemos que la mayoría de las enfermedades crónicas no transmisibles son causadas por el estilo de vida, pero desde el sistema de salud ni siquiera se tiene tiempo para dedicarle a eso, tenemos un problema.
Transformar el sistema de salud solo es imposible, pero juntos es inevitable. Ese es uno de los motivos por los cuales comparto mi experiencia en redes sociales. Cada vez se suman más personas a este movimiento; ya hay gente trabajando en esta línea en otros países y mientras más seamos, será más fácil. Lo tenemos que hacer entre todos.
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