Limpiar el horno suele quedar al final de la lista de tareas domésticas. Entre restos de comida quemada, grasa acumulada y olores persistentes, muchas personas postergan esta tarea o recurren a productos específicos que pueden resultar costosos. Sin embargo, existen alternativas simples que utilizan ingredientes comunes y que pueden facilitar el proceso.
Una de las opciones más populares combina bicarbonato de sodio y vinagre blanco, dos productos habituales en cualquier cocina. Utilizados de forma adecuada, ayudan a aflojar la suciedad adherida, reducir olores desagradables y simplificar la limpieza sin necesidad de emplear limpiadores especializados.
El bicarbonato de sodio actúa como un abrasivo suave que contribuye a desprender grasa y residuos incrustados sin dañar las superficies. El vinagre blanco, por su parte, ayuda a aflojar la suciedad restante y favorece la eliminación de olores acumulados en el interior del horno.
Además de ser una alternativa accesible, este método suele resultar menos agresivo que algunos productos comerciales y evita la generación de vapores intensos durante la limpieza.
Uno de los desafíos al limpiar el horno es que la grasa suele endurecerse por efecto del calor y formar capas difíciles de remover. Por eso, los especialistas recomiendan dejar actuar el bicarbonato durante varias horas para que pueda ablandar los residuos antes de retirarlos.
Ingredientes:
- ½ taza de bicarbonato de sodio.
- Agua suficiente para formar una pasta.
- Vinagre blanco en un atomizador.
- Un paño húmedo o una esponja suave.
Procedimiento:
- Mezclar el bicarbonato con agua hasta obtener una pasta espesa.
- Aplicarla sobre las paredes internas del horno, evitando las resistencias o elementos calefactores.
- Dejar actuar entre ocho y doce horas, o durante toda la noche.
- Retirar la mayor parte de la preparación con un paño húmedo.
- Rociar vinagre blanco sobre las zonas donde queden restos de bicarbonato.
- Limpiar nuevamente hasta eliminar los residuos y la suciedad desprendida.
Además de ayudar a remover grasa acumulada, esta técnica puede contribuir a neutralizar malos olores y reducir la necesidad de utilizar productos químicos más fuertes. También tiene la ventaja de no dejar perfumes artificiales que luego puedan transferirse a los alimentos.
Los expertos señalan que puede emplearse en la mayoría de los hornos domésticos, aunque recomiendan consultar las indicaciones del fabricante cuando se trata de equipos con revestimientos especiales o sistemas de autolimpieza. Realizar limpiezas periódicas suele ser más efectivo que esperar a que la grasa se acumule durante meses.
Con base en La Nación/GDA