Lavar las frutas antes de consumirlas es un hábito básico de higiene en la mayoría de los hogares. Sin embargo, hacerlo de forma incorrecta puede aumentar el riesgo de contaminación y favorecer la aparición de enfermedades transmitidas por los alimentos.
En una entrevista con el medio colombiano La FM, la ingeniera en alimentos Luz Estela Ortega explicó cuáles son los errores más frecuentes al momento de higienizar frutas y qué medidas ayudan a reducir los riesgos.
La especialista señaló que algunas prácticas caseras ampliamente difundidas no son tan efectivas como muchas personas creen. Incluso, advirtió que ciertos hábitos pueden resultar contraproducentes cuando se aplican de manera inadecuada.
Lavar no es lo mismo que desinfectar
Uno de los conceptos que suele generar confusión es la diferencia entre lavar y desinfectar. Según explicó Ortega, el lavado tiene como objetivo remover suciedad visible, mientras que la desinfección busca disminuir la presencia de bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que no pueden verse a simple vista.
Entre las prácticas cuya eficacia suele sobreestimarse se encuentra el uso de vinagre. La especialista indicó que, aunque puede aportar alguna ayuda en determinadas situaciones, su capacidad para eliminar microorganismos es más limitada de lo que muchas personas creen.
Otro error frecuente es no lavar frutas que luego serán peladas, como naranjas, melones o sandías. La experta explicó que, al cortarlas, el cuchillo puede trasladar microorganismos presentes en la cáscara hacia la parte interna del alimento, que es la que finalmente se consume.
Jabón, detergente y otros hábitos desaconsejados
La ingeniera también desaconsejó el uso de jabón o detergentes domésticos para limpiar frutas frescas. Según señaló, algunas frutas, especialmente las que tienen piel fina o porosa, pueden absorber restos de estas sustancias químicas, que luego podrían ser ingeridas.
En cuanto al uso de cloro, aclaró que puede emplearse para desinfectar frutas únicamente cuando se trata de productos aptos para alimentos y se utilizan en las concentraciones adecuadas.
Además, advirtió que aumentar la cantidad de cloro no mejora la desinfección. Por el contrario, puede dejar residuos indeseables y alterar el sabor de los alimentos. También recordó que nunca debe mezclarse con vinagre, amoníaco u otros productos de limpieza debido al riesgo de liberar gases tóxicos.
La especialista explicó que las frutas pueden entrar en contacto con bacterias y otros contaminantes durante distintas etapas, desde el cultivo hasta el transporte y el almacenamiento. Por ese motivo, insistió en la importancia de lavarlas correctamente antes de consumirlas.
Para reducir los riesgos, recomendó lavarse las manos antes y después de manipular alimentos, retirar las partes dañadas de las frutas, lavarlas antes de pelarlas, secarlas adecuadamente y conservarlas refrigeradas cuando corresponda. Aunque estas medidas no eliminan por completo la posibilidad de contaminación, contribuyen a disminuirla de forma significativa.
En base a El Tiempo/GDA
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