Cómo influye la inseguridad social en las enfermedades crónicas y el riesgo de sufrir periodontitis

Más allá del sangrado de encías, los especialistas advierten cómo el miedo a salir de noche y el aislamiento agravan las afecciones cardiovasculares y bucales.

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Aislarse de la vida social por temor a la inseguridad lleva a una peor salud.
Foto: Commons.

Luis Bueno*
La periodontitis es una enfermedad infecciosa de las encías que puede manifestarse con sangrado al lavarse los dientes, mal aliento, movilidad dentaria y separación de los dientes, entre otros síntomas. No todos ellos están presentes en todos los pacientes, pero el sangrado durante el cepillado puede ser una de las primeras señales de que las encías están enfermas.

Es una enfermedad frecuente, prevenible y tratable que, si no recibe atención, puede llevar a la pérdida de piezas dentarias y asociarse con problemas de salud de mayor gravedad, entre ellos enfermedades cardiovasculares, diabetes y otras afecciones.

La periodontitis forma parte de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles, junto con la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Todas ellas comparten algunos factores de riesgo, como el tabaquismo, el consumo de alcohol, el sedentarismo y la obesidad. Pero existe otro factor de riesgo menos mencionado y que merece mayor atención: la inseguridad social.

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Salir a caminar de noche muchas veces es evitado por gente adulta mayor.
Foto: Commons.

La profesora Patricio Saavedra, académica del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins (Chile), abordó esta cuestión al analizar las repercusiones de los resultados de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana 2023 de ese país.

Más allá de las cifras habituales sobre victimización y percepción de inseguridad, Saavedra puso el foco en un aspecto menos visible: los cambios que la sensación de inseguridad provoca en la vida cotidiana de las personas.

Uno de los aspectos relevantes que muestra la encuesta es cómo las personas modifican sus hábitos frente a los altos niveles de inseguridad y victimización. Muchos optan por evitar salir de noche, caminar solos o participar en actividades recreativas con sus familias. Estos cambios no solo alteran las rutinas diarias, sino que también pueden tener consecuencias sobre el bienestar psicológico y la calidad de vida.

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Foto: Shutterstock.

Un concepto todavía poco divulgado en nuestro medio es el impacto que la inseguridad puede tener sobre la salud física y mental. Cuando las personas dejan de salir o de reunirse con otros, pueden aislarse y experimentar una mayor sensación de soledad. A largo plazo, esta situación puede contribuir a problemas de salud como las enfermedades cardiovasculares o la depresión y dificultar el manejo de enfermedades crónicas ya existentes.

Y entre ellas también puede aparecer la periodontitis, que es el tema central de esta columna.
El aislamiento y la pérdida de conexión con la comunidad afectan directamente el bienestar. Una parte importante de la calidad de vida proviene de sentirse parte de una comunidad, compartir con otras personas y sentirse útil. Cuando los niveles de delincuencia e inseguridad restringen esas posibilidades, también se deterioran las condiciones que favorecen una vida saludable.

En este contexto, el sedentarismo y el aislamiento social pueden contribuir a un peor perfil de salud y dificultar el manejo de enfermedades preexistentes. Por eso, resulta necesario no limitar el análisis de la inseguridad a las cifras de victimización y percepción del delito, sino considerar también sus posibles repercusiones sobre la salud y la cohesión social, aspectos que hasta ahora han tenido poca presencia en el debate público en Uruguay.

Un país seguro es, en ese sentido, un importante indicador de calidad de vida y bienestar de su población. Poder salir, caminar, socializar y compartir una merienda, un almuerzo o una cena con amigos a cualquier hora, en cualquier lugar y a cualquier edad forma parte de las condiciones que permiten una vida activa y saludable.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Uruguay, la percepción de inseguridad muestra que 4 de cada 10 personas se sienten inseguras al caminar solas de noche en su barrio. Esta percepción puede condicionar las actividades cotidianas y, especialmente entre las personas mayores, favorecer conductas de aislamiento.

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Foto: Commons.

Uruguay tiene aproximadamente un 20% de su población mayor de 60 años. En este grupo, el miedo a la inseguridad puede convertirse en una problemática que limita las rutinas diarias, reduce la movilidad y el contacto social y, de manera indirecta, puede repercutir sobre la salud general y sobre enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas la periodontitis.

La preocupación, además, no se limita a la vía pública. También existe temor a entraderas o delitos dentro de las propias viviendas, lo que puede generar un estado de alerta sostenido. El estrés crónico está relacionado con procesos inflamatorios y puede dificultar el control de distintas enfermedades crónicas.

Por eso, lograr mayores niveles de seguridad no es solamente una cuestión vinculada al delito. También implica generar condiciones para que las personas puedan moverse, encontrarse, mantenerse activas y participar de su comunidad. Y todo ello forma parte, sin lugar a dudas, de una mejor calidad de vida.
*Periodoncista y docente universitario

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