El dolor lumbar es una de esas molestias que atraviesan la vida de muchísimas personas. Se vuelve especialmente frecuente después de los 40 años y puede responder a causas muy diversas, aunque una de las más habituales tiene que ver con el desgaste de los discos que separan las vértebras. Cuando ese deterioro deriva en una hernia de disco lumbar, el dolor no siempre se queda en la espalda: a veces baja por la pierna, irradia como ciática e incluso puede acompañarse de debilidad muscular.
Según la organización Barcelona Clinic, la hernia discal lumbar consiste en el desplazamiento o la rotura de un disco intervertebral en la parte baja de la espalda y constituye una de las causas más comunes de dolor lumbar y de dolor irradiado hacia la pierna. No se trata de un problema raro ni aislado: entre el 60% y el 80% de las personas tendrán dolor lumbar en algún momento de la vida.
Frente a ese panorama, la cirujana de columna Berta Escudero pone el foco en una idea que va a contramano del temor que suele generar este diagnóstico: la mayoría de los casos no termina en quirófano. En su participación en el podcast La píndola de salut, la especialista —integrante de Àptima Centre Clinic— señaló que entre el 80% y el 90% de los pacientes mejora con tratamientos conservadores, es decir, sin cirugía y sin necesidad de recurrir a abordajes invasivos.
La clave, en ese enfoque, no está en el reposo absoluto ni en una solución rápida, sino en incorporar movimiento y sostener hábitos cotidianos que protejan la columna. Escudero insiste en combatir el sedentarismo, cuidar el peso, vigilar la alimentación y sumar actividad física regular. También recomienda prestar atención a la postura y caminar con frecuencia, con el objetivo de fortalecer no solo la zona lumbar, sino también la musculatura abdominal y el llamado core, que cumple un papel central en la estabilidad del cuerpo.
Ese punto no es menor porque, en la lógica que plantea la especialista, prevenir el deterioro de los discos lumbares no depende de una única medida, sino de una combinación de factores: menos sedentarismo, más movimiento, mejor condición física general y un trabajo específico sobre la musculatura que sostiene la espalda. El cuerpo, en ese sentido, aparece menos como un territorio a inmovilizar y más como una estructura que necesita estar activa para protegerse.
Escudero también advierte sobre una señal que merece atención: cuando el dolor deja de ser exclusivamente lumbar y se extiende a las piernas, acompañado de debilidad muscular. Ese tipo de irradiación puede ser una pista clara de que hay una hernia discal en juego y de que conviene consultar.
Aun así, su mensaje principal no gira alrededor de la alarma, sino de la prudencia. Las cirugías de columna, recuerda, no son intervenciones menores y pueden implicar un proceso difícil para el paciente. Por eso su postura es reservarlas para los casos en que realmente sean necesarias y apostar, siempre que se pueda, a estrategias conservadoras. En ese marco, mantener un peso adecuado, moverse con regularidad y fortalecer la zona lumbar y central del cuerpo no aparecen como consejos genéricos, sino como parte del tratamiento mismo.
Con base en La Nación/GDA
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