Cómo hacer manteca de kéfir casera: beneficios para la microbiota intestinal de usar crema de leche fermentada

Por qué el proceso de fermentación de la manteca de kéfir reduce la lactosa y mejora la tolerancia digestiva, y qué impacto tiene en los microorganismos del intestino.

Granos de kéfir
Granos de kéfir.
Foto: Freepik.

La manteca de kéfir es una versión casera de un alimento clásico, pero con una vuelta fermentada. Se obtiene a partir de crema de leche fermentada con búlgaros de kéfir y, después, batida hasta que la grasa se separa del suero. El resultado es una manteca de textura cremosa, sabor apenas ácido y usos similares a los de cualquier manteca tradicional: puede untarse en pan, incorporarse a preparaciones saladas o utilizarse en repostería.

El interés por este tipo de elaboración no pasa solo por lo artesanal. Un estudio publicado en 2024 en la revista científica Fermentation señaló que los productos lácteos elaborados con granos de kéfir pueden presentar una mayor presencia de bacterias ácido lácticas, un menor contenido de lactosa y cambios favorables en algunos perfiles de ácidos grasos como consecuencia del proceso de fermentación.

kéfir
kéfir
Foto: Freepik

La preparación parte de una base simple: crema de leche fresca con un mínimo de 35% de grasa y búlgaros de kéfir activos. Esa mezcla se deja fermentar entre 12 y 24 horas en un recipiente de vidrio limpio, hasta que adquiere una consistencia más espesa y un sabor ligeramente ácido. Luego se retiran los granos de kéfir y se bate la crema fermentada hasta que la materia grasa se separa del suero. En ese punto, se cuela, se escurre bien y se guarda en un recipiente hermético, preferentemente de vidrio, dentro de la heladera.

Más allá de su sabor y de la posibilidad de hacerla en casa con ingredientes controlados, la manteca de kéfir concentra algunas de las características de los lácteos fermentados. Entre ellas, la presencia de microorganismos que podrían contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal, el aporte de vitaminas liposolubles como A, D, E y K, y una fuente concentrada de energía a partir de su contenido graso. Además, la fermentación puede reducir parte de la lactosa presente en la leche, lo que en algunos casos favorecería la tolerancia digestiva. También genera compuestos derivados de la actividad microbiana que hoy son objeto de estudio por su potencial funcional.

Como cualquier preparación casera con fermentación, requiere ciertos cuidados. La manteca debe conservarse refrigerada y consumirse dentro de los siete días, idealmente guardada en un frasco limpio y bien cerrado. También conviene mantener una buena higiene durante la manipulación y cuidar adecuadamente los cultivos de kéfir para asegurar que se mantengan en buen estado.

Con base en El Tiempo/GDA

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